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José Luis Pécker falleció ayer en Madrid a los ochenta años

19:55:43 - 21/12/2007Vocento VMT -Se apaga el volcán de la radio

Ayer en la tarde llovía con fuerza sobre Madrid, y en los silencios de José Luis Pécker también. Era como si el cielo rabiara de lágrimas por la muerte de un hombre bueno, en el mejor sentido de la palabra, que a sus íntimo les confiaba: «Ya no tengo memoria para la radio». Imposible. La radio era él. De galena, cretona... Un día Bobby Deglané escuchó su voz volcánica, y quedó absorbido por esa poderosa lava. La incorporó a «Cabalgata fin de semana», y comprobó que era un registro distinto a los engolados, cursis, redichos y mediopensionistas que se estilaban en aquella España del estraperlo y pillerío, de pícaros y mentecatos, de castañas calientes en Gran Vía y hambre sin cartel ni cuartel... Pécker compaginó Derecho y Periodismo, carreras que estudió y terminó al alimón, antes de convertirse en la voz de la radio. «Era un hombre sencillo, nada complicado, culto, gran entrevistador, mejor persona...», cuenta, y no puede parar, Miguel Ángel Nieto, uno de los hombres de radio que mejor conocían al clásico, y para quien Pécker escribió su último artículo: el prologó al libro «Bobby Deglané. El arquitecto de la radio española».

Hombre forjado en un bachillerato obediente, Pécker culminó su «tournée» aprobatoria de Derecho en Salamanca. Relataba que por la unamuniana urbe se extendió la especie de cierto estudiante -futuro abogado- que hubo de enfrentarse a un catedrático tan exigente en las respuestas como aficionado a los toros. Y consiguió el único sobresaliente de su vida escribiendo estas nueve palabras en el folio de examen: «El padre Vitoria es el «Manolete» del Derecho Internacional». No era fácil presentarse en cualquier emisora diciendo simplemente: «Sé hablar». Para optar a tan empeñada ilusión, José Luis Pécker tuvo que aprobar tres cursos en la Escuela de Periodismo. De allí, a la Estación-Escuela de Radio SEU, donde dobló películas que dirigía Hugo Donarelli.

Para «cumplir con la patria» se alistó en las Milicias Universitarias, en el campamento de la Granja de San Ildefonso. Allí, un compañero del bachillerato, a través del subdirector de Radio Madrid, le permitió superar la prueba de narrador en un programa que propuso el norteamericano Robert S. Kieve, y que dirigía Guillermo Sautier Casaseca: «Tu carrera es la radio» (allí se oía a Vicente Marco, Juana Ginzo, Matilde Conesa...) Inmediatamente quedó atrapado por un contrato elemental que le dio sus primeras andanzas en la cadena SER, junto a Deglané.

Franco, Tip y Top

La radio tenía una enorme capacidad de improvisación frente a la exigente censura, y sus periodistas estaban sujetos al guión, o la charla previamente aprobadas por los celosos y vigilantes funcionarios. En su enciclopédica y cultísima memoria guardaba Pécker una increíble casualidad, en torno a la cual se impuso un riguroso silencio. Acababan de conectar con el «Informativo de mediodía», de Radio Nacional de España, «exigencia ineludible» -escribía Pécker en el prólogo al libro de Miguel Ángel Nieto sobre Bobby Deglané-. En el control del estudio central, que nunca podía rebajar el sonido a cero, se escuchaba un discurso del Jefe del Estado, «mientras mi querido compañero Juanjo Menéndez probaba la sintonía grabada del programa que debía comenzar a continuación de las noticias oficiales, un espacio enloquecedor y divertido que realizaban Luis Sánchez Polack y Joaquin Portillo, «Tip y Top» -recordaba-. Nunca supimos qué palanca tocó o dejó olvidada, pero por la cadena de emisoras de la SER se escuchó la voz de Franco, y el principio de su arenga con la célebre llamada: «Españoles...». E inesperadamente entró la famosa sintonía de «Tip y Top», con su alegre música, y el nombre de ambas figuras de la radio en primer plano hacían ininteligible el discurso: «Aunque nos dimos cuenta inmediatamente, no se pudo remediar lo emitido. Juanjo Menéndez tuvo que abandonar la Radio para triunfar como gran actor».

Pécker vivió inolvidables programas de Julita Calleja, Antonio Calderón, Ángel de Echenique, «Ferman», «Pototo», «Boliche», o el genuino «Carrusel deportivo», dirigido por el maestro Vicente Marco. Decía José Luis que nadie podía compararse a Bobby en conocimientos radiofónicos, pero él sí... Él era una enciclopedia, «gran entrevistador, espléndido cronista y preocupado por la cultura», lo dibuja Miguel Ángel Nieto, «y su casa, un museo repleto de obras de arte y de colecciones de todo tipo». Pécker cabalgó junto a Bobby Deglané, y luego en solitario, cada fin de semana, sufría cuando desde «el invento del maligno» no entregaba «un millón para el mejor» -en la memoria sentimental queda «la mamá millonaria», Rosa Zumárraga Zunzunegui-... Galáctico de las ondas, se fue muy triste, de su casa, la SER, cuando el imperio contraatacó. Y volcó su generosidad, y humanidad, en RNE, Antena 3... Junto a Luisa Fernanda Martín formó la gran pareja de locución de la radio española. Pécker era la banda sonora que acompañaría a los españoles con «cartilla de racionamiento». Como Deglané, pasó, pero queda. Y con él una sublime voz que precisaría un ejército de devoción: al hombre más enamorado de la radio, Bobby Deglané mediante.

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