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"Mujeres, no debéis salir de vuestra residencia"
Así empezaba el decreto de la policía religiosa fechado en 1996. Se les prohibió ir a la escuela, trabajar, incluso hacer ruido al andar. Sólo les quedaba la mendicidad para poder sobrevivir a aquellas que eran viudad o no tenían un hombre pariente que les acompañara a hacer la compra. Incluso no podían ir al médico al ser despedidas todas las doctoras o enfermeras. Y, por supuesto, se les obligó a usar el hijab, que pesa más de siete kilos.
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