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Morir de pena...
Nadie sintió tanto la muerte de Tamara Monti (instructora del delfinario italiano Oltremare de Riccione) como Mary G. No, no se trata de su hija, hermana o madre, Mary G es una delfín a la que Tamara cuidaba y alimentaba con mimo, cariño y dedicación.
Desde que la mujer de 37 falleció a manos de su vecino hace quince días, la delfín se niega a comer y lo poco que come lo vomita. Según los expertos, de seguir así la vida de Mary G., que ya ha perdido más de 50 kilos de peso, corre un grave peligro.
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