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El polémico escote de Ángela Merkel

15:22:47 - 15/04/2008VMT -La campechana canciller federal, doctora en física, parece otra cosa pero lleva tiempo trabajándose el busto, que a buen seguro un día adornará el panteón insigne de padres y madres de la patria.
En su momento dijo la sacerdotisa del feminismo alemán, Alice Schwarzer, que era una ferviente partidaria de Merkel pese a la distancia ideológica, pues habría de colmar un día el horizonte de muchas futuras niñas. Vista desde arriba, en este caso desde Oslo que es donde está la canciller, no es improbable que también colme el de algún niño.
Esto se decanta asumidamente hacia lo incorrecto y, aunque ni el nuevo ni el antiguo ABC lo han sido nunca demasiado, váyase a los hechos por huir de los dichos: Angela Merkel (53) estuvo en Oslo y vio que no hacía frío. Fue a la inauguración de la nueva ópera, y no pasó inadvertida. Advertido de ello, su acompañante, el Rey Harald, tampoco notó el frío.
Del fresco se hacían eco en cambio, ayer, los medios y algunos sondeaban a sus lectores: Merkel «no sólo es una mujer honorable sino también atractiva», decía el «Berliner Kurier» viendo aparente contradicción. Pero tampoco sería cosa de darse golpes de pecho, más si han de rebotar, y el giro puede serle incluso favorable a la canciller pues, hasta ahora, de no verse cómo alargar el párrafo, apenas había otro modo que remitirse a su tésis doctoral ante la universidad Karl Marx de Leipzig, que versó sobre la «física estática y química de los sistemas de isótopos»: especies del mismo elemento con igual número atómico que se diferencian por la masa.
Ahora la masa de los elementos se evidencia en un doble número atómico con motivo aparentemente operístico y, como concluye sorprendida la presentadora Margarethe Schreinemakers, «vemos que la canciller tiene más que cara». A tal enfoque ha contribuido el vertiginoso corte de la diseñadora Anna von Griesheim sobre seda negra y azul petróleo. Pero el clamor ha sido tal que, en histórica primicia, la propia cancillería se ha visto obligada a terciar sobre el guardarropa oficial aclarando que sólo se trataría de «un mero rearreglo de lo que ya tenía» la canciller.
Merkel iba de Castafiore, como de un tiempo que derramaba escotes antes que mostrar tobillo: cuando a aquél se le decía aún «descote», así que éste sería un descote de «cocotte» para una ópera alemana, pues la física no está reñida con la música, ni la velocidad con el tocino de Westfalia, ni aún la política con el busto, ni con el fresco disfrute democrático del nuevo orgullo alemán.
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