Pocas veces se ha visto a esta mujer cantar con el coraje —por no decir rabia sin contención alguna—. Un vestido rojo vino y el pelo despejando la cara dejaba ver su cuello largo, nada altanero para el chorreo de voz que le salió de su garganta a las diez en punto de la noche. Algunas personas aseguraban estar allí, recostadas cerca del escenario, desde la seis de la mañana. A las nueve de la noche no cabía un alfiler. entre los que iban a escuchar a Pantoja y los que daban buena cuenta a las roquillas del Santo, el vino, las gallinejas y los entresijos. Parecía el zoco de Marraquech. El olor a fritanga subía en la medida que lo hacía el fervor de los seguidores de la tonadillera, dispuestos revalidar la noche vallisoletana poniedo a la prensa del corazón a caer de un burro. Al resto nos subieron a una plataforma que bien podía haberse convertido en la perfecta piñata a la que todos tiran a dar. El ambiente no estaba para remilgos, si alguien tiraba algo, sólo el Santo podía salvarnos.
Y dieron las diez. Pantoja salió al escenario tras un medley musical algo confuso. Traje de cola rojo vino. Arremetió tras un «bueeenaaas nocheees Maaadriiid» con el pasodoble «Francisco alegre», que ni pintado. Al primer compás, el poderío y el aquí me teneis, qué pasa, estaba claro. Nivel agudo excesivamente alto. Lo necesitaba, tenía que sacar lo que lleva dentro. Con «Pena, penita pena» y «La Zarzamora», en iguales agudos desgarrados logra rebajar el coraje que invade su alma. Y lo demuestra con un «Adoro», el bolero de Manzanero que sirve lo mismo para un roto que para un descosido. El publico que ya tenía el rostro sin expresión creyendo que el concierto iba a continuar por el mismo camino dejó que se relajaran los nervios. Unas cincuenta mil personas, según los organizadores, aplaudieron, corearon y siguieron cada frase intencionada de esta comunicadora excepcional. en la que no faltaron «Caballo de rejoneo», un buen flamenco, un chotis y una «Salve rociera» escalofriante. Y fuegos artificiales.
Atrás quedaban las sirenas de los equipos de emergencia que habían asistido a cerca de una docena de personas con contusiones varias. A una embarazada le llegaron las contracciones a mitad del espectáculo. La policía municipal comentó a este periódio que era «el año que más gente de servicio ha habido. Se ha detenido a una una persona por tirar piedrecitas al escenario durante bastante rato». Los chicos de seguridad hiceron millas hasta agarrar al gamberro de turno.
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Comentarios
16/05/2007 - 15:42:58
A TIPAS DE ESTAS YO PREFIERO NO VER NI ESCUCHAR , Y A LOS QUE LA APOYAN , COMO ROSARIO FLORES , DECIRLES QUE ES EL PUEBLO DE MARBELLA QUIEN NESECITA AYUDA Y APOYO , A LOS MARBELLIES QUE NO HAN HECHO DAÑO , NO LOS APOYA NADIE, QUE ELLA NO TENGA VERGUENZA LO ENTIENDO , PERO ¿ QUE PASA CON LA GENTE HONRADA DE ESTE PAIS ? ES QUE NI ME CREO QUE SE HAYA ENAMORADO NUNCA JAMAS DE UN HOMBRE. NUNCA, Y MENOS DE JULIAN MUÑOZ , HAY QUE TENER POCO ESTOMAGO , Y ELLA DE UN TIPO ASI MENOS SE HUBIERA FIJADO.
17/05/2007 - 09:51:03
La gente apoya a estas, pero a una madre de familia la hunden entre lo que pagamos y lo que nos cobran , en fin de verguenza total, y con dinero publico, la sra. Aguirre es asi..