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Benicasim. Caprichos de estrella

19:15:52 - 19/07/2008VMT -Algunos lo hacen por necesidad, otros para demostrar que son los más especialitos, y sin duda, muchos artistas piden cosas estrafalarias en sus camerinos para medir la paciencia de los organizadores de festivales.
Agua embotellada de las Islas Fidji, los champanes más caros del mercado, barritas energéticas de importación, cremas fabricadas con áloe vera del Pacífico sur… Lo normal es que la organización trague y asuma la excentricidad de sus contratados, pues un artista insatisfecho puede no salir a actuar, y eso cuesta muy caro.
En la presente edición del Festival Internacional de Benicasim, sin embargo, los músicos han sido bastante considerados, según los propios encargados de cumplir todos sus deseos. La tradicional imagen post-botellón que durante décadas ha decorado las estancias de los rockeros ha sido cortada por lo sano por varios de los cabezas de cartel de este FIB, que al parecer han decidido cuidar un poquito su salud. My Bloody Valentine, Róisín Murphy y Tricky han pedido comida vegetariana en abundancia para salir al escenario con el estómago bien equilibrado, igual que la estrella principal del evento, el cantautor y poeta canadiense Leonard Cohen, que ha marcado la diferencia —tenía que hacerlo— solicitando unas onzas de chocolate negro, cardamomos, almendras y zumos, todos ellos obligatoriamente biológicos, para deleitar su paladar de forma sostenible. El otro ecologista en Benicasim es Morrisey, que ya advirtió de que si se encontraba con algo realizado en piel en su camerino, no actuaría.
En el reciente Rock in Rio de Madrid algunos artistas también demostraron ser gente preocupada por su alimentación, como Sting, que pidió un menú carcelario a base de arroz integral, pescado blanco, y sopa fría. Los más frikis fueron los británicos Franz Ferdinand, que pidieron media docena de calzoncillos y ocho medias, supuestamente para lucirlos sobre las tablas, pero nadie los vio de tal guisa.
Ya se sabe que los niños son muy caprichosos, y la más clara representación del sector infantil en estos macroconciertos veraniegos la protagonizan los alemanes Tokio Hotel, que en Madrid quisieron rodearse de pasteles, tartas de chocolate y peluches —muchos de ellos regalo de sus fans adolescentes—. Ni una gota de alcohol.
En eso último no estuvo de acuerdo Amy Winehouse, quien, después de sorprender a propios y extraños con su carta de exigencias —compuesta por jengibre (otra con el estómago delicado, pero por otros motivos), lima, limón, miel, frutas, ensaladas, yogur de soja natural, pan de pita, humus y pan de cebolla—, volvió a ser la de siempre justo antes de coger el micrófono al requerir un poco de sangría para entonarse. Roberto Medina, promotor de Rock in Rio, debió respirar tranquilo cuando vio que con uno vaso le daba para su cortísimo concierto, después de la que armó la británica en la edición lisboeta del festival, reclamando una nueva pintura de uñas a minutos del comienzo de su show. También en Lisboa, los heavies de Iron Maiden dejaron claro que son unos sibaritas, pues circuló la noticia de que se mosquearon porque no se cumplió su deseo de contar con cerveza de Costa Rica en su nevera.
Alejandro Sanz, que también actuó en la Ciudad del Rock, pasó de las viviendas —temporales— habilitadas para todos los artistas, y mandó construir su propia caseta, con su terraza y su césped artificial en la puerta.
Las divas, un mundo aparte
Las divas son un mundo aparte. El trío británico Sugababes, por ejemplo, siempre pide botellas de vino tintoWolf Blass u Oxford y 50 toallas. También se cuida Mariah Carey, que no duda en reclamar diez botellas de Champagne Cristal, agua exclusivamente Evian —obtenida a 2.200 metros de altitud en los Alpes franceses— y una compañía de mascotas —perros, gatos y hasta conejos se han visto en su camerino— antes de cada concierto. Además, si no dispone de veinte decoradores de sus lavabos, que varíen la disposición de los muebles y repongan el papel higiénico con el papel del tono rosa que a ella le gusta, no se siente como en casa.
A Jennifer López le va el blanco, y todo tiene que ser de tal color en su camerino: paredes, flores, cortinas, mobiliario… hasta los reproductores de DVD tienen que ser blancos. Cuenta la leyenda, además, que no soporta que le traigan café si ha sido removido en el sentido de las agujas del reloj. A Madonna nadie le tose, y menos en sus aposentos pre-actuación, en los que siempre debe haber un inodoro completamente nuevo —que luego destruye para evitar subastas escatológicas—, velas usadas en rituales judaicos, cremas para los pies fabricadas con minerales provenientes del Mar Muerto y una botana japonesa hecha de guisantes.
La casi recuperada Britney Spears no sale a cantar si su garganta no ha sido previamente inspeccionada por un otorrinolaringólogo profesional que compruebe que no han quedado restos de los canapés mexicanos que siempre disfruta antes de subir a las tablas, pero el récord de pedidos grotescos lo ostenta, sin ninguna duda, Christina Aguilera, que en más de una ocasión ha sentido la llamada del mar y ha exigido que se convierta su camerino en una escena de playa, con arena real, sombrillas, tablas de surf y pelotas hinchables.
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