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Cuando la tendencia es el buen gusto

08:52:49 - 19/09/2007VMT -Tempranito estaban en Cibeles César Antonio Molina, ministro de Cultura, y Elena Salgado, ministra de Administraciones Públicas (no de Sanidad, no de Sanidad).
Para apoyar a la moda y a la Pasarela a través de Devota & Lomba, cuyo diseñador es el presidente de la Asociación de Creadores de Moda de España. Modesto Lomba optó por trabajar mucho el patrón, casi por la papiroflexia, por armar y jugar con la geometría hasta conseguir formas ergonómicas pero femeninas. Con volúmenes simulando cajas en la parte posterior de las cinturas (si te sientas, no te apoyes). Mezcla de lo ecológico (ha vuelto el color vino) y lo tecnológico (sedas plastificadas). A la Ministra Salgado le encantaron los minivestidos. En las modelos, claro. Se fue más tranquila al aclararle Lomba que se podían alargar. Al acabar el desfile, en el «Kissing Room» los ministros se dejaron fotografiar con minibotellas de Moet & Chandon, pero no se las empinaron.
Acompañado de la «Tocata y fuga» de Bach salió Elio Berhanyer con un ramo de flores para Esperanza Aguirre. En el desfile de las condesas, ella que lo es. El primer modelo fue Andrés Velencoso. Mucho sport masculino y femenino. Mucho casual y camisas bicolores. Las maniquíes, descuidadamente desgreñadas. Impecables. Con conjuntos en gasa malva y faldas plisadas, con encajes bordados, con trajes sastre. La del maestro Berhanyer (alguien con clientas como Cyd Charisse) es ese tipo de ropa para ir bien vestida sin marcar más tendencia que la del buen gusto. En la segunda parte, túnicas con cuadros serigrafiados, pinturas japonesas a lo Utamaro, Marina Pérez de geisha... En la transición de una a otra parte se hizo la oscuridad. Fundido en negro. Cuando volvió la luz, Esperanza Aguirre ya no estaba allí, que parece un cuento de Monterroso. O una película de Hitchcock. «The Lady Vanishes» («Alarma en el expreso»). The president vanishes. La presidenta se esfuma. Como un truco de magia.
Isabel Sartorius, alta, lustrosa, guapísima, fue al desfile de Javier Larrainzar. A ver la colección (vestidos vaporosos, siluetas holgadas, pantalones rectos) y los bolsos. Los que ella diseña y vende con su nombre. Cuando le preguntaron por el de la Princesa de Asturias, contestó: «Le he regalado uno a todas mis amigas». ¿Doña Letizia es amiga suya?
La película «Blow Up» era la referencia y la inspiración de Ailanto. Iñaki y Aitor Muñoz se trajeron a Verushka, a Vera von Lehndorff, a la de la película de Antonioni, a la que hacía «performances» con Salvador Dalí, a la primera modelo mundialmente conocida (bueno, un respeto a Suzy Parker). La puesta en escena simulaba una sesión de fotos. Con paraguas, con una cámara y su trípode en medio de la pasarela. Y, atención, viene una guardia de seguridad (siguiendo órdenes) y se la lleva. Tuvo que salir corriendo el encargado de su custodia para recuperar el atrezzo. «Blow Up» sería la referencia y estaría Verushka pero el universo Ailanto es el universo Ailanto (como un hombre en la cama es un hombre en la cama, que diría Luis Ciges en «Amanece que no es poco»). Las formas geométricas en los estampados, la mezcla cromática, los acabados satinados. Estimulante. Vestidos de rayas horizontales (diga Victoria Beckham lo que diga), pliegues, tablas, pantalones de cintura muy alta y doble botonadura. Un mundo aparte. Desde luego, a Verushka, con esas mallas de leopardo que llevaba, han conseguido traerla pero no vestirla.
Roberto Torretta convoca en sus desfiles a la flor y nata, a la nata con fresas y al banana split. De Eugenia Martínez de Irujo (menudo lío se armó) a Carolina Thieu, de Nieves Álvarez a Natalia Figueroa con hija y nuera. Sacó Torretta muchas minifaldas combinadas con «stilettos». Su colección tenía muchos tejidos pero mostrados pocas veces. Y moiré, una apuesta entre clásica y rancia, que en manos de Torretta (en una cazadora bomber o un esmoquin negro) parece otra cosa. Muchos detalles de confección, la espalda de protagonista, muy pocos pantalones y contraste masculino-femenino (blazer con minishorts). Una colección muy femenina, muy elegante, muy Torretta.
Cerró el día Miguel Palacio, que fue desde lo muy simple a los plisados, al encaje, al lamé. Los lazos eran el hilo conductor en una colección muy elaborada en la que trabajó pantalones, algo inhabitual en el diseñador. Una colección de largo recorrido, desde el minishort al vestido de fiesta.
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