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Reliquia a 100.000 dólares

11:47:17 - 01/12/2005Vocento VMT -Australia conservará y subastará el punto de penalti desde el que el alavesista Aloisi clasificó a su país para un Mundial después de 32 años.
"Se necesitaba un gran coraje para lanzar ante 83.000 aficionados y más de tres millones de personas que seguían el partido por televisión, pero fue un superpenalti; ningún portero lo hubiera parado. John (Aloisi) hizo un gran trabajo". Palabra de Johny Watkiss, leyenda del fútbol australiano, que participó ayer en una ceremonia muy peculiar. La extracción en el Telstra Stadium de Sidney de los 400 centímetros cuadrados de césped bañados de cal donde el delantero alavesista posó el balón que devolvió a su país a un Mundial después de 32 años. Una auténtica reliquia futbolística que, según los organizadores, alcanzará al menos el precio de 100.000 dólares -alrededor de 90.000 euros- en una subasta pública con fines benéficos.
El momento histórico se produjo el pasado 16 de noviembre. Aloisi batía al guardameta uruguayo Carini en el último penalti de la tanda reglamentaria -los dos partidos de la eliminatoria habían acabado con victoria local por 1-0- y culminaba el exorcismo australiano. Su única participación en la Copa del Mundo databa de 1974 después de acumular innumerables fracasos en las repescas, casi siempre ante conjuntos sudamericanos. Además, la de 2001 había sido también ante Uruguay, lo que dotó a la clasificación del dulce sabor de la venganza deportiva.
Ayer, Watkiss y Jim Fraser -capitán y portero del conjunto "sooceroo" de la década de los setenta- procedieron a la protocolaria y solemne reconstrucción de los hechos antes de extirpar el punto de penalti. Tres lanzamientos del primero con el resultado de dos tirones musculares, uno en cada pierna, según recogía la prensa australiana en sus ediciones digitales. "El último lo tuvo que tirar suavemente y el guardameta dejó pasar el balón con amabilidad", relata el cronista. "Estoy acabado", asumía el lanzador.
Con fines benéficos
Ya entre bromas se procedió a la extracción del cuadrado mágico de césped, que durante varias semanas será congelado en seco para eliminar cualquier rastro de humedad y trasladarlo después a una urna de cristal, donde quedará expuesto antes de la subasta cuya recaudación ira a parar a la fundación del ex futbolista australiano Jonh Warren.
El fetichismo futbolístico, en realidad, es casi una tradición en otros países, con mención especial para Inglaterra, cuna de este deporte. En la sala de prensa del mítico estadio de Wembley, sin ir más lejos, reposó durante décadas el larguero más famoso del fútbol británico. Aquel donde en la final del Mundial de 1966 rebotó la pelota lanzada por Geoff Hurst en la prórroga ante Alemania antes de botar sobre la raya de gol. El linier ruso Tofik concedió el inexistente 3-2 y a partir de ahí germinó la leyenda. La ruta turística por el estadio inglés invitaba a tocar la madera en cuestión para garantizarse la buena suerte.
De ese mismo campo el Barcelona adquirió, entre otras piezas, los 21 asientos del banquillo que asistió a su única Copa de Europa para luego mostrarlos en su museo. Aunque para exposiciones, una itinerante con recuerdos del Maradona jugador valorados en diez millones de euros.
Ahora, la fiebre de los recuerdos futbolísticos se ha extendido a Oceanía, aunque la idea de disecar objetos tiene ya amplia tradición en Australia. Y es que el punto de penalti y Aloisi forman ya parte de la historia de su deporte junto al corazón del caballo de carreras Phar Lap y el bate de Sir Donald Bradman. Igual que los pedazos de hierba que sirvieron a Wilkinson y Toutai Kefu para entrar en la historia del rugby.
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