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Una tumultuosa fiesta "rave" profana la Gran Muralla

07:52:27 - 19/08/2005VMT -Indignación en China ante la pasividad de las autoridades, que llevan permitiendo desde hace ocho años la celebración del festival de música electrónica "Wild Dancing Party".
La Gran Muralla ha resistido durante más de 2.000 años los ataques de las tribus más bárbaras de Asia, pero es en pleno siglo XXI cuando está encontrando sus rivales más dañinos. A las legiones de saqueadores que cada año expolian el monumento en busca de sus ricos materiales de construcción, se han sumado ahora los miles de jóvenes, tanto chinos como extranjeros, que acaban de participar en una fiesta "rave" en plena muralla.
Dicho evento, denominado "Wild Dancing Party", convirtió al "Muro de los 10.000 Li", como también se conoce en China a esta emblemática edificación, en una enorme discoteca al aire libre donde la música, el alcohol y las drogas corrieron hasta el amanecer. A la mañana siguiente, y según relataron algunos testigos presenciales a varios medios chinos, el panorama era desolador.
Montones de basura, botellas y vasos se acumulaban sobre el monumento, declarado en 1987 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Al mismo tiempo, un fétido hedor a orines, vómitos y excrementos recorría toda la sección del muro donde tuvo lugar este concierto de música electrónica. "Esto es una provocación. La fiesta ha dañado seriamente la imagen del monumento", se lamentó indignado el secretario general de la Asociación de la Gran Muralla, Dong Yahoui, quien explicó que no era la primera vez que se producían tales ataques contra el patrimonio.
De hecho, este año se cumplía la octava edición de la "Wild Dancing Party", que se viene desarrollando habitualmente en el tramo de la muralla de Jilingshan, cercano a Pekín, pero perteneciente a la vecina provincia de Hebei. En esta zona fronteriza, las autoridades locales cedieron en 1997 la gestión de la Gran Muralla a una empresa por un precio de seis millones de yuanes (597.551 euros) al año hasta el 2050.
Desde entonces, han proliferado en torno al muro actividades comerciales impropias de un monumento, como esta fiesta "rave" que ha escandalizado a toda China, y numerosos chiringuitos y terrazas donde se ofrecen barbacoas y refrescos a los turistas. Para impedir tan serios atentados contra uno de los símbolos del coloso oriental, Dong Yahoui reclamó "una regulación de protección de la Gran Muralla que evite este tipo de problemas legalmente".
De los más de 6.000 kilómetros de longitud que tiene esta impresionante construcción, sólo los que recorren el municipio de Pekín se encuentran a salvo de tan desaprensivos negocios, ya que el Ayuntamiento promulgó en 2003 una norma que prohíbe cualquier tipo de explotación comercial de la Gran Muralla de carácter privado.
En este sentido, el secretario general de la asociación encargada de velar por la supervivencia del monumento reveló que el Gobierno ya está preparando una ley que protegerá la Gran Muralla y regulará el uso empresarial de los bienes culturales del país.
Mientras llega dicha normativa, China asistió asombrada a la difusión de las imágenes del controvertido festival de música electrónica. Aunque el concierto se celebró el pasado 30 de julio, hasta unos días después no se publicaron las primeras fotos del mismo, que han sido consideradas como una auténtica profanación de la Gran Muralla (fotos que la agencia oficial china no ha querido distribuir fuera del país).
En dichas instantáneas, se puede ver a miles de jóvenes bailando en una pista que se instaló a escasos metros del monumento, cuyas milenarias piedras pudieron verse afectadas por la atronadora música que retumbó toda la noche en el paraje de Jinlingshan. Además, el muro fue utilizado como baño público, como se aprecia en otra imagen tomada al amanecer en la que un occidental aprovecha una esquina de la pared para aliviar aguas. La campaña mediática ha sido dirigida, en especial, contra los extranjeros y las muchachas de Hong Kong, más liberales que las continentales; pero también contra los jóvenes chinos que siguen las modas del Occidente capitalista.
Frente a estas fotos tan críticas, una joven que acudió al evento se defendió argumentando que "sólo queríamos pasar un buen rato" y que "nuestra intención nunca fue dañar la Gran Muralla".
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