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Un cementerio muy vivo

16:35:34 - 02/11/2007Vocento VMT -Sevilla, fiel a la tradición, cumplió ayer con la ceremonia en el cementerio de San Fernando, un verdadero museo al aire libre
Desde que el papa Urbano IV instituyó la solemnidad de ayer en honor de Todos los Santos, conocidos y desconocidos, para compensar cualquier falta a la fiestas de los fieles durante el año, en los países de tradición católica -no tiene nada que ver con Halloween "All hallow"s Eve" o "Vispera de Todos los Santos" entre los anglosajones- y más concretamente en España se realiza una visita a donde yacen los seres queridos.
Y Sevilla, fiel a la tradición, cumplió ayer con la ceremonia en el cementerio de San Fernando, un verdadero museo al aire libre y uno de los lugares más bonitos y limpios de la ciudad, después de las visitas que se han ido sucediendo a lo largo de la semana para limpiar nichos, blanquear paredes y adornar sepulturas. Desde primeras horas de la mañana comenzaron familias enteras a llegar al camposanto por una entrada principal que este año estrena la primera fase de lo que se ha llamado "proyecto de sombreado", a base de pérgolas y un gran estanque central que, aunque no está terminado aún, ha recogido críticas de todos los colores. Así, de todos los colores y gamas cromáticas eran las flores ramos y motivos floreados que adornaban el perímetro del recinto por esa zona ordenados en los puestos para la venta, para dejar un recuerdo en las tumbas.
A los tradicionales, centros y ramos de claveles, rosas y margaritas, que vienen de Chipiona, Holanda, Ecuador y Colombia, y que cuestan entre los 14 y los 69 euros, se suman las figuras del gato galáctico Doraemon, burritos, cochecitos de carreras, guitarras, escudos del Betis y del Sevilla, corazones, avionetas... con estructura de corcho blanco y flores de tela pinchadas que cuestan, según tamaños y figuras, entre 25 y 150 euros.
Todo ellos unido al trajín de vendedores -las castañas empezaban a pegar ayer-, curiosos, y coches daban al recinto un aire de feria que dentro se prolongaba con las colas formadas delante de los mausoleos de Joselito (ayer tenía un brillo o pátina inusual), Antonio el Bailarín, Paquirri o Juanita Reina. Especial atención originó el de la señora de la copla a cuyos pies estaban enmarcados los poemas de Isabel Pérez, una de cuyas estrofas reza: "En esos teatros grandes/ los que tú siempre llenabas/ porque eres tú la grande/ sin tanto postín pa nada".
Alternando las visitas a las tumbas más célebres, la riada humana atascaba la calle principal, cuando no giraba por algunas laterales en las que también, como en el resto de la ciudad, el pavimento deja mucho que desear (por ejemplo, a la altura de San Arcadio). Llamaba la atención la presencia de familias enteras sentadas delante de suntuosos panteones con fotos a tamaño natural del difunto que estaban honrando, interesantes leyendas en las lápidas y objetos alusivos a su vida y profesión que ponían el contrapunto al estado de abandono de otras sepulturas, algunas con apellidos ilustres, más propias de una película de terror que del cementerio de Sevilla. Y fuera, el tráfico, más tráfico y ruido, del silbato de los policías, los frenazos y los llantos.
Hasta del tranvía se oyó comentarios que no pasa ahora por allí, pero pasaba, cuando le daba la vuelta a Sevilla: "Mira los raíles del tranvía..igualito que el de ahora". Porque en la puerta del cementerio quedan muchas cosas de otros tiempos. Como el puesto de flores de Tenorio en donde ayer no se paraba. Lo tenía el abuelo de Ángeles, que se tomaba un respiro sentada en una silla con un refresco en la mano mientras nos contaba las preferencias de los usuarios -ramos y centros ya hechos para no perder tiempo- y los días que llevan con tantas ventas. De lo único que no quiso hablar es de la inseguridad, de los robos y altercados que se originan por las inmediaciones. "¡Ahí me callo!", sentenció.
Se refería al normal discurrir de la vida por las afueras del cementerio no al día de ayer que, según los efectivos de Protección Civil, discurrió con normalidad -"aquí nunca pasa nada"- como también aseveró el director del camposanto, José Antonio Infiesta, que ayer estaba en su despacho de las dependencias administrativas.
Comentó que era difícil precisar la cifra de personas que habían acudido al recinto si bien, de unos años hasta hoy se nota que la asistencia se reparte más a lo largo de la semana previa al día 1. En cuanto a la pérgola de la entrada, él ve cómo la gente la acoge con naturalidad "como algo que es necesario, que llevara allí toda la vida" y recordó que aún no está todo el proyecto terminado, que faltan bancos, más elementos del mobiliario y otras estructuras.
Otro asunto del que habló es del nuevo edificio que se está construyendo con cuatro nuevos hornos crematorios y que estará terminado dentro de año y medio para dar los servicios que requieren los familiares y allegados como consecuencia del aumento de incineraciones (está en un 64 por ciento) y del ritual que conlleva el acompañamiento durante la cremación, más duradera que un enterramiento.
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