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Soraya Sáenz de Santamaría: "Un partido como el nuestro no puede, ni quiere, ni debe prescindir de nadie"

15:43:53 - 06/04/2008VMT -Sáenz está dispuesta a los pactos, pero advierte que bajo ningún concepto se apeará de los principios

Mariano Rajoy la "fichó" en 2000, cuando era vicepresidente del Gobierno. Ella ejercía en León. Abogada del Estado (número dos de su promoción), dio el paso y se embarcó en política. Ocho años después, con 36, es la nueva portavoz del PP en el Congreso de los Diputados. Tras una semana de aparecer en todos los informativos, son pocos los ciudadanos que no la reconocen como alguien importante en política. Cruzar la calle para ir de su nuevo despacho, frente a la entrada principal del Congreso, al hemiciclo, le da pie a comprobar los efectos de la popularidad. Recibe palabras de ánimo y muchas miradas. Mantiene la calma, como ante las críticas, algunas despiadadas. Mujer amable, de trato sencillo, parece confiada. Pretende exprimir todas las oportunidades para hacer oposición. Y está dispuesta a los pactos, pero advierte que bajo ningún concepto se apeará de los principios.

—Su elección como portavoz ha armado un revuelo sordo en su partido y provocado, también, elogios públicos. ¿Está ocurriendo algo por lo que Rajoy deba preocuparse?

—Esto es como un puzzle y tienen que encajar todas las piezas. Además, este puzzle hay que encajarlo en otro que es el del Congreso del PP. Yo viví la reorganización de 2004, que fue similar, con el problema añadido de que un montón de personas muy valiosas se quedaron fuera de la Administración. Los cambios son complicados. Queda por constituir lo que yo llamo la primera línea del Congreso, que son los portavoces de cada una de las comisiones.

—Sí, pero se habla también de la forma en que se han hecho los cambios, de los plazos de Rajoy, de un parón…

—Para algunos, cualquier cosa que se hace está mal. Es como lo del Congreso del PP: si es candidatura única resulta que es a la búlgara, y si se presentan varias, es que el partido está dividido. Hay que tener la cabeza fría. Hay muchos diputados que ya saben lo que tienen que hacer y también muchas ganas de empezar a trabajar. En el plano territorial, los presidentes regionales están tranquilos; los alcaldes (muchos de los cuales son presidente provinciales) están igual... Los cambios suscitan, a veces, inquietudes en cuanto a la situación personal de algunos, como pasa en cualquier empresa cuando acomete una modificación. Cuando hay cambios, se genera preocupación, porque la oposición es dura: hay pocos puestos para mucha gente muy cualificada.

—¿Ocupará Pizarro un lugar destacado? Ser el dos de Rajoy en la lista electoral presagiaba un puesto de mayor responsabilidad, incluso estando en la oposición.

—Mariano Rajoy está constituyendo y abordando la configuración del partido. Para nosotros, Manuel Pizarro es uno de los grandes activos que tenemos, una persona de una valía intelectual y política excepcional y desde luego en el PP tendrá siempre el espacio que quiera tener.

—¿Qué virtudes ha visto en el equipo que ha nombrado?

—Está dispuesto a trabajar mucho de puertas para adentro, es gente de perfiles muy distintos, muy capaz, que conoce la vida parlamentaria, las entrañas del partido, y algunos, como Alfonso Alonso (ex alcalde de Vitoria), con experiencia de gobierno...

—¿Y qué estrategia se ha marcado usted como portavoz?

—Insisto en que tenemos que trabajar de puertas para adentro, con una estrategia política que marque el partido, porque somos un instrumento del partido. Y tenemos que hacer un control exhaustivo al Gobierno, a cada Ministerio, desde todos los frentes que podamos y de forma coordinada y disciplinada, porque hay que incrementar nuestra capacidad para obtener información del Gobierno. Y desde el Congreso hay que ejecutar también una estrategia territorial. Hay que llegar a todo y a todos los medios y especializar a diputados en temas concretos, para que sean la voz del partido ante cualquier asunto de interés que esté bajo su responsabilidad. Todo ese puzzle es el que hay que resolver y, claro, no puede hacerse deprisa y corriendo, pero hay que valorar muchas situaciones y los perfiles de cada uno.

—Se ha querido trasladar a la opinión pública que se ha dado un rango muy elevado a la portavocía, de una importancia casi inédita en la estrategia política de la oposición. ¿No corren el riesgo de descapitalizar al partido para centralizar toda la labor de oposición en el Congreso?

—No. El Grupo Parlamentario es un instrumento del partido, y el partido es el que fija la estrategia, y seremos un instrumento de ejecución de esas estrategias.

—¿Habrá candidaturas alternativas en el congreso del PP?

—Pues un congreso de partido se hace para que cualquiera que piense que tiene un buen proyecto y puede presentar un buen equipo se constituya en alternativa. Las únicas condiciones son ser afiliado y disponer de los avales. Nosotros no podemos predecir si las habrá o no, pero es una posibilidad. Sin ningún problema.

—Rajoy ha recibido ya muchos apoyos. Da la impresión de que la lista oficial está sobradamente respaldada, de que el aparato del partido está controlado.

—Es normal que haya dirigentes que muestren su apoyo al presidente y a su proyecto. Ya lo habían hecho con anterioridad.

—Al hablar de las decepciones que ha podido provocar la configuración del Grupo Parlamentario, ha dicho que aún quedan responsabilidades por atribuir. ¿Podría concretar algo más en torno a esos puestos?

—La clave del éxito de los partidos está en el equilibrio, en aprovechar la experiencia y la trayectoria de muchos dirigentes y combinarla con la aportación de gente que, por ejemplo, se reincorpora, que tiene muchas ganas de trabajar, ilusión y empuje. Ese es el Grupo Parlamentario que yo tengo el encargo de organizar por mandato de Rajoy. Lo que pueda ocurrir en el partido... No me corresponde responder a mí. Un partido como el nuestro no puede, ni quiere, ni debe prescindir de nadie

—¿Cuáles serán los asuntos que marcarán la legislatura?

—Va a pivotar mucho sobre la economía. Y los temas económicos, por desgracia, se van convirtiendo en problemas de corte social muy importantes. Cuanto peor va la economía, más importante es tener un sistema de bienestar social que funcione. Cuanto peor va la economía, la inmigración ha de gestionarse mucho mejor, porque tienes que calcular mucho mejor tu capacidad de acogida y hay que dar salida a población que se va a quedar sin empleo. De hecho, las cifras de desempleo entre inmigrantes van en aumento y hay que reordenar el sistema. La inmigración es un asunto central. O la gestionamos bien o puede haber muchos problemas de integración. Hemos sido los últimos países de la Unión Europea en tener un reto así y tendríamos que tomar nota de lo que han hecho los demás.

—¿Y la Justicia?

—La Justicia es la verdadera revolución pendiente si se aspira a un Estado moderno. La pasada legislatura, el Gobierno estuvo obsesionado por los cargos públicos, por los órganos de gobierno de los jueces y por someterlos a su control. Pero los ciudadanos no están en eso, no les interesan esas cuestiones. Quieren independencia judicial, por supuesto, pero sobre todo lo que quieren es eficacia y agilidad; y que se dé adecuada respuesta penal a determinados delitos. En esto último insistimos especialmente en la primera reunión con José Antonio Alonso, el portavoz socialista. Y lo necesitamos a nivel social, por problemas personales muy graves, y a nivel económico, porque son los Estados que tienen una Justicia que funciona mejor, más previsible y más rápida, aquellos que se llevan las inversiones, los que atraen a empresas, los elegidos para poder ser sede de muchas cosas. La Justicia asociada a la economía es un asunto a tener muy en cuenta. Eso implica dar prioridad a resolver los problemas estructurales de la Administración de Justicia y a realizar inversiones.

—Ustedes afirman que el ministro en funciones, Mariano Fernández Bermejo, es un escollo insalvable para llegar a acuerdos en Justicia. ¿Y si sigue?

—Es un generador de problemas y no de soluciones. Su balance es un intento de control de la Justicia y una huelga de funcionarios que no es capaz de solventar y que encima está incrementando el gran problema subyacente, los retrasos y la sensación en el ciudadano de desconfianza en el sistema.

—Otros asuntos cruciales de la Legislatura serán el terrorismo, los objetivos nacionalistas, el modelo territorial…

—Nuestra posición es la de llegar a acuerdos con el Gobierno en materia territorial, en terrorismo, en política exterior y en temas económicos, en los grandes asuntos de Estado.

—Zapatero quiere impulsar un nuevo pacto antiterrorista que incluya al PNV, ¿cree que eso será posible?

—Mariano Rajoy lo dejó claro: lo importante para llegar a acuerdos son los principios, el respeto a los principios. Lo sustancial de ese pacto es que deje claro que no se va a negociar con la banda terrorista ETA, como decía el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Nos importa más el fondo que cualquier otra cosa. La idea del Pacto Antiterrorista lanzaba un mensaje a ETA: que sea el partido que sea el que esté en el Gobierno, no negociará con terroristas. Esa es la esencia. Y nuestro mensaje.

—Parece imposible que el PNV firme un pacto en esos términos, dado que siempre está preparado para hablar con ETA. Y no lo oculta.

—No voy a anticipar nada, pero nosotros nos hemos presentado a las elecciones con un principio claro y pensamos que el Pacto Antiterrorista ha funcionado frente a ETA, y la llevó al momento de mayor debilidad de su historia. Hay que marcar una línea clara en la política antiterrorista, y la unidad se construye sobre la base de unos principios. En caso contrario, la unidad no es real, sino ficticia e inoperativa.

—En asuntos como el del reparto y abastecimiento de agua no parece que el PSOE prevea un pacto de Estado…

—Este es un problema generado por la demagogia y el electoralismo del PSOE ante uno de los bienes escasos más esencial para los españoles en un país con los problemas estructurales de todos conocidos. Cuando un partido prima sus intereses por encima del interés general siembra vientos y recoge tempestades. Ahí hay un problema real de la gente. También hay un problema de enfrentamiento entre Comunidades Autónomas que nunca debería haber existido porque la primera obligación de un Gobierno es ejercer sus competencias y la del agua es una competencia estatal y en segundo lugar, aunar voluntades y criterios, buscar el consenso. En tercer lugar, antes de enterrar proyectos, como en el caso del Plan Hidrológico que proponía el PP, calibrar las consecuencias y tener una alternativa. No ha tenido ni tiene ninguna alternativa, no ha hecho prácticamente nada. Las desaladoras no son ninguna solución: su construcción y funcionamiento plantea problemas medioambientales y ese agua es además muy cara. Y ni siquiera está resuelto qué se hace con la salmuera que generan esas desaladoras. En España, frivolidades con el agua, las justas.

—¿Cómo cree que será la Legislatura?

—La agenda de cada legislatura la marca el Gobierno y muchas veces el clima de una mayor confrontación política se debe a que los temas que plantea ese Gobierno generan un debate intenso. Zapatero abrió debates durante los pasados cuatro años que llegan a la sensibilidad de los ciudadanos. Me refiero, por ejemplo, al debate en torno al modelo territorial, en torno a lo que es España. Y este es un asunto en el que los españoles estaban acostumbrados a que legislatura tras legislatura, Gobierno tras Gobierno, siempre había acuerdo. A mí me gustaría que la agenda del Ejecutivo tratara los grandes asuntos de Estado como se merecen, bajo el precepto de que su primera obligación es entenderse con la oposición. Por otro lado, esta va a ser una legislatura en la que va a haber dificultades importantes en materia de economía, dificultades que ya empiezan a sentir los españoles en sus bolsillos. Eso nos debe obligar a todos a arrimar el hombro.

—¿Va a cambiar la forma de hacer oposición?

—La dirección de este grupo parlamentario es muy variada. Se aúna a gente de muy diferente procedencia y experiencia. Lo que buscamos es gente dispuesta a hacer mucho trabajo interno, a coordinarse y trabajar para ayudar a los portavoces de las comisiones. Se trata de nombrar presidentes y portavoces de comisión entre gente que ya estaba y lo hizo muy bien y gente nueva.

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