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- NOTICIA FINAL
La celebración en Puerta Real del título del Barca termina en una batalla campal

12:33:37 - 18/05/2006Vocento VMT -Una veintena de policías locales cargó contra los aficionados con material antidisturbios en medio de una lluvia de botellas al filo de la medianoche
Todas las pelotas que repartió en la mágica noche de ayer en París Ronaldinho para que el Barcelona F.C. consiguiera su segundo título de la Champions League fueron pocas si se comparan con las que tanto la Policía Local de Granada como la Policía Nacional dispararon a partir de la medianoche para tratar de contener a una masa enfervorizada que quería celebrar en lo más alto de la Fuente de las Batallas la gesta deportiva.
La pacífica y deseable convivencia ciudadana -gane o no el Barcelona un gran título-, se rompió al filo de la medianoche de ayer en Granada. A partir de las once de la noche un reguero que lucía sus mejores galas deportivas con todas las camisetas que el Barcelona puede vender en un par de temporadas -las clásicas blaugranas, las doradas, las anaranjadas y las amarillo fosforito-, poblaron Gran Vía y Recogidas formando la predecible marea multicolor que quería conseguir su peculiar trofeo en lo más alto de la Fuente de las Batallas.
La Policía, como tantas otras veces que algún que otro gran equipo ha ganado algún que otro gran título, se encontraba dispuesta a preservar la fiesta dentro de los límites razonables del cachondeo y la alegría futbolera. La Fuente de las Batallas estaba acordonada, la pequeña fuente que hay detrás, frente al clásico restaurante Chikito, también. Al mismo tiempo, la marea blaugrana subía hacia su particular celebración, que acabó en una fuente de desdichas para todos y de batallas para muchos.
El baño de multitudes que los jugadores y la directiva del Barcelona se dieron ayer en el Estadio Saint Denis de París era el leit motiv que los aficionados granadinos del Barcelona querían imitar. Y según describen los hechos de la madrugada de hoy, un desmedido impulso colectivo les llevó a dejar Puerta Real para subir calle Recogidas arriba y llegar hasta la Plaza de Isabel la Católica, con su fuente y todo.
Allí, no eran más de las once y media de la noche, gallardos bravucones ebrios de gloria y de agua de fuente esquivaron a una escueta patrulla de la Policía Local que apenas había podido cercar a la Reina Isabel con su Cristóbal Colón con una cinta en las que se podía leer "Policía Local. No pasar", y se zambulleron con vehemencia en las aguas del triunfo. Por cierto, pese al calor de los últimos tres días, que bien fría debía de estar, porque apenas duraban escasos segundos dentro de la susodicha para salir pitando y abrazar al compañero de tamaña gesta... deportiva, si de natación habláramos, que no es el caso.
La patrulla de la Policía Local sita ante tal secuencia de hechos recibió al momento un aviso de urgencia. Mutaron la cara de parsimonia en la clásica de póker, caláronse sus cascos en plan antidisturbios, subiéronse al coche patrulla y -con la sirena atronando-, salieron pitando... los problemas acababan de empezar en la Fuente de las Batallas.
En efecto, en esos momentos, y según testimonios recogidos anoche, no más de diez agentes locales eran superados por un grupo numeroso de aficionados que los increpaban porque no les dejaban disfrutar de la victoria. En cuanto las patrullas de la Policía Local de refuerzo llegaron a la Fuente de las Batallas y teniendo en cuenta que la tensión era algo más problemático que cuando la victoria o la derrota dependen de un penalti la Policía Local cargó.
Parecía aquello entonces la Transición. Una muchedumbre que corre hacia ninguna parte. Unos valientes que se hacen fuerte en el Chikito y tratan de construir una barricada. Unos gamberros -por decir algo-, que se lían a tirar litronas por las cabezas de los agentes. Muchos nervios. Muchos gritos. Muchas carreritas.
Mucho pelotazo
Los testimonios de los aficionados que a la una y media de la madrugada de hoy todavía contemplaban los restos de la celebración eran cuando menos elocuentes: "No nos han dejado celebrar nuestra victoria", decía uno recién llegado de Maracena para la ocasión. Una adolescente que bebía de un vaso de coca cola sentada junto a una amiga bajo uno de los enormes tilos de Puerta Real resumía sardónicamente: "No sé cómo les gusta esto si el espectáculo que están dando entre todos es apasionante".
Risas aparte, un joven llamaba a su madre llorando: "Es que los polis parecen todos del Real Madrid", otro se bajaba un pantalón pirata vaquero y le decía a quien quisiera escucharle: "A mí me han dado de porrazos en toda la pierna. Pienso denunciarles mañana mismo". Una pandilla que miraba los restos de la batalla comentaba que "yo no he visto que haya pasado nada para que la Policía cargue como lo ha hecho". Una chavala rubia con trenzas, acaramelada, le daba la razón y comentaba: "Yo no he visto a nadie quemar nada, aunque sí he visto que volaban las botellas".
Calle arriba, ya en el Realejo, la escena era inconmensurable. Gente corriendo, banderas del Barcelona al viento, pechos al descubierto y camisetas mojadas, tras el paso de dos camiones de la basura, tres vehículos de la Policía Nacional pululaban sus sirenas mientras que desde sus ventanillas los agentes mostraban sus fusiles para disparar pelotas de goma. Y claro, las disparaban. La gente que estaba tan campante de cañas a lo largo de la calle Pavaneras se queda de piedra. Los aficionados que toman la primera calle de bajada hacia la plaza de Santo Domingo y las tres patrullas de la Policía Nacional que van detrás. Cada veinte o treinta segundos ¿puum! El ruido seco de un disparo, que en el barrio greñúo resuena con un eco ciertamente impertinente. Al final, los chavales desaparecen culebreando por el dédalo de calles angostas. Los agentes de la Nacional toman Santo Domingo. La imagen tiene su aquél. La estampa de un policía nacional, con el fusil pelotero en jarras y el casco con la visera calada tapando la estatua del fraile que preside la plaza puede y debe ser irrepetible.
Vuelta a Puerta Real y restos de una batalla campal que debería haber sido futbolística y terminar cuando lo decidió el árbitro en París. Vallas por el suelo por doquier, plantas desmochadas, papeleras rotas, restos de botellas también rotas y mucha suciedad de papeles y de bolsas de comida. Más de veinte agentes de la Policía Local controlan el entorno de la Fuente de las Batallas.
La ambulancia de la Cruz Roja es el único lugar de toda Puerta Real desde el que emana cierta serenidad. Uno delos voluntarios, quizá acostumbrado a urgencias más importantes, cuenta con un atisbo de pena que "hemos tenido que trasladar al hospital al tres personas que estaban heridas con contusiones". Añade que las dos unidades de Cruz Roja desplazadas a este campo han atendido a unas quince personas.
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