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Sevilla puede perder la mejor colección de cerámica de Triana
15:39:14 - 27/07/2008VMT -Carranza se reafirmó en su idea de donar este patrimonio a Sevilla
Mientras Triana se pregunta por el incumplimiento del rescate de los fondos de la Cerámica Santa Ana, Sevilla parece haber olvidado que desde hace doce años lleva Vicente Carranza Escudero intentando donar su extraordinaria colección de cerámica trianera a la ciudad. Una colección considerada como la más importante de España. Más de mil piezas únicas de incalculable valor que es la historia de Sevilla misma plasmada en viñetas de colores sobre barro cocido y vidriado: azulejos, retablos cerámicos, platos, vasijas... Joyas salvadas de una ciudad destruida. Las piezas van desde el siglo XII al XX. Por eso cuesta creer que este prestigioso coleccionista lleve tantos años intentando que Sevilla acepte un tesoro artístico tan significativo, rescatado de la dispersión, que él ha ido reuniendo y clasificando durante más de 50 años en visitas continuas a esta ciudad, para el disfrute de todos.
Carranza es hombre generoso que nunca ha pedido nada a cambio. Sólo necesita el espacio, adecuado y digno, que le prometieron en el Alcázar. Aún confía en que se cumpla el compromiso que el Ayuntamiento cerró en 2004, tras ocho años de duras gestiones. Pero Vicente Carranza recuerda con agrado la gran acogida que tuvo la exposición Cerámicas de Triana, montada en el convento de San Clemente en 1996. Aquello fue un acontecimiento multitudinario. que agrupó lo mejor de su colección, bajo el comisariado del profesor Alfonso Pleguezuelo. El libro de firmas es el mejor homenaje que ha recibido Carranza en Sevilla, pues muestra el interés unánime de sus visitantes por estas piezas que por unas semanas se exhibieron en la ciudad de origen.
A partir de ahí, Carranza se reafirmó en su idea de donar este patrimonio a Sevilla. Nunca olvidará el recibimiento que posteriormente les dio a él y a su mujer, la entonces alcaldesa de Sevilla, Soledad Becerril. Ella prometió cederle un lugar para su museo en el Alcázar y bautizarlo con el nombre de su hijo, Miguel Ángel Carranza García -ya fallecido-, persona clave en la catalogación y revalorización de estas piezas trianeras a las que dedicó mucho tiempo de estudio. Las elecciones cambiaron el color político del Ayuntamiento sevillano y la promesa de Soledad Becerril no se pudo cumplir.
Dada la importancia cultural del ofrecimiento, hubo luego diversos contactos (visitas, mensajes...) de otros políticos con el famoso coleccionista, quien, por otra parte, envió cartas a representantes de instituciones y organismos culturales para que su donación se tuviera en cuenta. La carta que mandó a Carmen Calvo, cuando era consejera de Cultura, quedó sin respuesta.
Todo parecía estar solucionado: el Alcázar sería la sede estable de su colección de cerámica sevillana. Pero había que buscar allí el sitio apropiado, y para ello se consultó a José María Cabeza, entonces director y conservador del Palacio, quién recomendó, como idóneas para el museo, cinco estancias muy espaciosas situadas encima del Cuarto del Almirante del Patio de la Montería, muy cerca de la residencia de la Familia Real Española. Estas salas hacía tiempo que permanecían cerradas, inutilizadas y llenas de enseres pertenecientes a Patrimonio Nacional. Más que salas parecían nobles trasteros, pero para el uso cultural acordado había que pedir permiso al presidente de esta institución, el duque de San Carlos, cosa que realizó el alcalde mediante una carta. La respuesta fue positiva: Patrimonio Nacional cedió el uso de estas salas para que se destinaran al Museo de Cerámica que la ciudad necesita.
Unos meses después, en la primavera de 2004, invitaron a Vicente Carranza para que conociera la sede del futuro museo que ya estaba en marcha. Se quedó maravillado y la emoción se reflejó en sus ojos. Fue recibido en el Patio de la Montería por José María Cabeza y Antonio Rodríguez Galindo, entonces consejero delegado del Patronato del Alcázar, quien nada más verlo le dijo: "Esto ya está, ahí están las salas, ya puedes empezar a preparar el museo".
Las salas fueron restauradas hasta el mínimo detalle bajo la dirección de José María Cabeza. En el desarrollo de esta iniciativa hay que destacar las gestiones del propio Carranza y las de Juan Marset, anterior delegado municipal de Cultura.
Llegó el momento esperado. Después del verano las cinco dependencias de la galería alta del Patio de la Montería estaban ultimadas. Una maravilla. Sólo quedaba que el Patronato del Alcázar diera luz verde al estudio museográfico que había realizado Alfonso Pleguezuelo, reconocido especialista en cerámica y buen conocedor de la colección.
Vicente Carranza confió en la buena voluntad del Ayuntamiento e invirtió una considerable suma de dinero en restaurar las piezas que había donado. Sólo poner a punto su conocido Vía Cruz de azulejos le costó más de un millón y medio de las antiguas pesetas.
Pasó el verano y no hubo nada. Ni se aprobó el montaje de Pleguezuelo ni hubo el más mínimo interés por parte de Antonio Rodríguez Galindo en que se cumpliera el compromiso del alcalde y el contrato que establecía un primer plazo de cesión de las piezas de 20 años, ampliables.
Pasaron los meses, demasiados. Y nadie se comunicaba con Vicente Carranza: ni una llamada, ni una carta con remite de Sevilla. Lo estaban aburriendo poco a poco mediante el silencio. Las salas que le habían prometido en el Alcázar no eran ya las del museo, se estaban utilizando para las exposiciones temporales, sin que Carranza haya recibido ningún tipo de explicación oficial hasta hoy. Vicente Carranza se sintió vetado. Su nombre, su prestigio, se han utilizado para recuperar unas salas que no cumplen la misión para las que fueron cedidas y restauradas: la de de Museo de Cerámica.
"El sueño de mi vida ha sido Triana. El pincel de Triana es suelto, y eso no lo hay en ninguna parte. El colorido trianero es impresionante. Con cuatro pinceladas los ceramistas describen a través de los ángeles la grandeza de la escuela sevillana. Yo voy a Sevilla como investigador de la cerámica, no como turista". Son palabras de Carranza. Durante más de medio siglo ha venido a Sevilla en compañía de su esposa para visitar las tiendas de antigüedades, los mercadillos y los alfares.
Vicente Carranza se pregunta con tristeza por qué es tan difícil donar en Sevilla, y sobre todo, de algo tan ligado al arte y a la cultura de esta ciudad como es la cerámica de Triana. Hace mucho tiempo que podría haber tirado la toalla -razones tiene para ello-, pero su sueño sigue siendo, todavía ahora, cumplidos los ochenta, que esta colección "vaya a Sevilla, donde nació".
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