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La Infanta Cristina trae su apoyo a los niños con Síndrome de Down

17:23:06 - 30/01/2008Vocento VMT -En su primera visita oficial a Almería fue a Asalsido para conocer su trabajo
¡Guapa, guapa! Los gritos y aplausos de medio centenar de personas rodearon la llegada de la Infanta Cristina a las instalaciones de la Asociación Almeriense de Síndrome de Down (Asalsido) en la capital. La representante de la Casa Real, en su primera visita oficial a Almería, bajó puntual de su coche.
Eran las doce de la mañana y el colegio situado frente al nuevo centro de Asalsido, el Mediterráneo, estaba revolucionado. Niños y profesores se agolpaban a la valla para no perderse un detalle. Doña Cristina, vestida con un traje de chaqueta y falta entallada gris con zapatos y camisa color bronce y un pequeño bolso de Chanel, sorprendió al natural por su altura y porque, según comentaron los presentes, gana más en la realidad que en las imágenes que de ella ofrece la televisión. El saludo por su parte a aquellos que hicieron una pausa en su mañana para recibirla fue obligado y después, apartando la melena bien peinada de su cara, recibió de manos de dos adolescentes con Síndrome de Down la insignia en forma de alfiler de la asociación, que no dudó en colocarse en la chaqueta.
Los cuadros realizados por algunos de los que reciben atención individualizada y formación en las dependencias de Asalsido presidían el vestíbulo por el que la mediana de las hijas del rey Juan Carlos comenzó a conocer el trabajo de la entidad, que quiso apoyar expresamente con su aceptación a la invitación que Josefina Soria, presidenta de Asalsido, cursó a la Familia Real. "Cuando vimos que la obra de este nuevo espacio terminaba pensamos en invitar a la Casa Real y le mandamos unos dibujos preciosos de los niños ante los que no se han podido negar", comentó la responsable. No obstante, la respuesta tardó en llegar y la inauguración se celebró el pasado mes de diciembre aunque ayer, incidió, se volvieron a abrir las puertas para tan ilustre representante cuya presencia hizo, a juicio de Soria, "que se conozca más lo que hacemos, nuestras necesidades y esperanzas".
Una vez dentro, la Infanta dejaba atrás un amplío, impresionante y previsible despliegue de seguridad con la calle en la que se encuentra el centro, José Morales Abad, cortada y decenas de policías nacionales y locales en las inmediaciones. Hasta un helicóptero sobrevolaba el lugar mientras una ambulancia se apostaba en una esquina por si se producía algún incidente. La primera estancia en la que la prensa pudo ver a Doña Cristina con los protagonistas del día, los usuarios de los servicios de Asalsido, fue el gimnasio. Los más pequeños estaban ataviados con sus mejores galas -a diferencia de los monitores, que guardaron la apariencia de normalidad vestidos con chándal- y la duquesa de Palma les ayudó con sus ejercicios para desarrollar su capacidad psicomotriz.
"Buenos días, ¿cómo estáis?", se podía escuchar a lo lejos de labios de la Borbón mientras que tomaba la mano de algunos de los "mini-atletas". Mientras que esto sucedía, José Carlos, Marta, Javier y Rafa, entre otros, hacían como que se enfrentaban a sus deberes en otra clase junto a dos profesoras, una de ellas llamada Lola. Allí estuvieron antes los periodistas que su alteza, que se quedó rezagada conociendo más en profundidad los entresijos de la casa.
José Carlos perdió la paciencia ante la espera, dejó de escribir y se puso a charlar con cámaras, fotógrafos y redactores. "Ahora viene la Infanta y hay que decir "Viva la Infanta Cristina" y aplaudir", anunciaba mientras que pedía silencio y que sus maestras no se enteraran de lo que planeaba. Y aunque, al principio, se quedó impresionado con la entrada de quien sabía que venía pero quizás no imaginaba así y anonadado con los dos besos que le plantó, en cuanto cogió confianza y vio que ella se le alejaba no se pudo contener: ¡Viva la Infanta Cristina! -con los brazos extendidos-, dijo seguido de un ¡Viva doña Lola! "Cállate, coño", le regañaba su compañero Rafael entre las risas de los presentes, incluida la Infanta. Los dos chicos, de diez años, valorarían más tarde que Doña Cristina es "guapa" y la docente querida detalló que le habían informado de que se dedicaban a formar las habilidades de los niños. "Les enseñamos cosas básicas como el euro, la fruta, cómo comprar", comentó.
La Infanta estaba ya, según acaban las explicaciones de Lola, prácticamente en el taller de manualidades desde donde se dirigió al poner punto y final a su visita: El salón de actos. Una buena representación de los socios de Asalsido le esperaba ahí. Lejos del detalle de descubrir una placa conmemorativa, las sensaciones de los asistentes. Candelaria Becerra, por ejemplo, contenía el llanto. "Tengo una hija con Síndrome de Down y a mí esto me da sentimiento". Quizás esa sensación de respaldo descrita se la trasladó personalmente a la Infanta durante el aperitivo que el grupo compartió si cámaras ni "flash" alguno. En las puertas de nuevo, nueva espera de ciudadanos. "Yo me he enterado de esto en la panadería y me he venido con el pan y todo", relató una mujer. La historia acabó como comenzó. Con gente expectante por acercarse a la institución real pero preguntando por lo realmente trascendente: ¿Por qué ha venido aquí? Para conocer Asalsido.
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