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La Unidad de Investigación del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido estudia el efecto del cambio climático en los ecosistemas alpinos
20:55:26 - 04/05/2008VMT -El estudio de las paseriformes ha mostrado cambios aparentes en la distribución de algunas especies, provocadas por el aumento de las temperaturas en el medio alpino
Esta Unidad, puesta en macha por el Departamento de Medio Ambiente, también ha estudiado las consecuencias del cambio global en la población de rana pirenaica.
El Departamento de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón asumió en 2006 las competencias en la gestión del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y con ello, puso en marcha la Unidad de Investigación, con el fin de impulsar proyectos de investigación que permitan mantener la integridad de los ecosistemas y los procesos ecológicos básicos de este espacio. Durante 2007 ha desarrollado entre otras líneas de trabajo el estudio del efecto del cambio climático en los ecosistemas alpinos, con especial atención en los paseriformes alpinos (aves).
Los cambios ambientales producidos por el cambio climático tienen afecciones directas en los recursos biológicos del parque. Así, por ejemplo, las plantas y animales que ocupan los ecosistemas alpinos se ven amenazados ante la reducción y fragmentación que están sufriendo los hábitats que ocupan. Con el fin de conocer el impacto sobre la fauna de alta montaña, durante 2007 se iniciaron censos de las comunidades de paseriformes alpinos, trabajos que continúan este año.
Desde su creación, el programa de investigación tiene diferentes líneas de trabajo entre las que destaca el inventariado de los recursos naturales biológicos, la monitorización a largo plazo del estado y dinámica de los ecosistemas y la cooperación y coordinación con otras instituciones (Universidad, CSIC, ONG) que permita el necesario intercambio de información y generar sinergias que mejoren los resultados de la investigación.
Los censos de paseriformes alpinos realizados permiten conocer la composición actual de especies, la abundancia de las mismas y su evolución durante las dos últimas décadas mediante la comparación con los resultados que se obtuvieron a finales de los años ochenta del pasado siglo. Estas comunidades son excelentes indicadores de las variaciones experimentadas en las condiciones ambientales por su enorme sensibilidad ante cambios en la abundancia de los recursos y por la posibilidad de obtener datos de tamaño poblacional relativamente precisos.
Los censos se desarrollaron el pasado año en un área cercana a la Brecha de Rolando, situada entre 2.650 y 3.000 metros de altitud, y de 200 ha de extensión. El método utilizado es el mapeo de los territorios de paseriformes reproductores, lo que permite conocer con precisión la densidad (aves por cada 10 ha) de especies propiamente alpinas (gorrión alpino, acentor alpino y treparriscos) y de medios abiertos de menor altitud capaces de ascender al piso alpino (colirrojo tizón, collalba gris y bisbita alpino).
Los resultados preliminares muestran cómo todas las especies de paseriformes alpinos observadas en los censos realizados hace dos décadas siguen presentes en el área de estudio. Esto significa que aparentemente no se han producido todavía cambios drásticos en su medio. Sin embargo, ya se han observado cambios aparentes en la distribución de algunas especies que probablemente están respondiendo a los cambios en el hábitat alpino provocados por el aumento de las temperaturas. Destacan los cambios detectados en la distribución del colirrojo tizón, una especie rupícola típica de los niveles inferiores del piso alpino, que actualmente ha colonizado varios cientos de metros de altitud por encima de su límite histórico.
El efecto del cambio global sobre las plantas de alta montaña lo estudia el Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC) en algunas de las cumbres del Parque: Punta Acuta, la Sierra Custodia, el Pico Tobacor y la Punta de las Olas, donde, además de censos periódicos de las comunidades vegetales, se estudia la evolución de la temperatura mediante la colocación de varios sensores térmicos a 10 cm de profundidad en cada una de las cimas. Este seguimiento se integra en el proyecto internacional GLORIA (Global Observation Research Initiative in Alpine Environments), iniciativa mundial para el seguimiento a largo plazo de los efectos climáticos sobre el hábitat alpino.
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