El arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, está ilusionado con las expectativas que ha despertado entre los creyentes la posibilidad de celebrar el primer sínodo del siglo XXI tras una larguísima etapa sin convocarse. El prelado considera que este cónclave de sacerdotes, religiosos y fieles puede identificar, mejor que cualquier investigación o encuesta, las necesidades de la diócesis y la respuesta pastoral más apta para satisfacerlas.
¿Por qué un sínodo en Asturias después de 83 años?
Todo ha partido del Consejo Pastoral Diocesano, que me lo pidió por dos veces y vi que no había inconveniente en iniciar una consulta entre religiosos y fieles. A estos les he escrito una carta pastoral en la que invito a reflexionar a través de la oración, durante la Cuaresma, en los aspectos esenciales para la vida de la Iglesia y el anuncio del Evangelio. De momento, estamos en esa fase y no hay nada aún decidido.
¿Cuáles son sus objetivos?
La naturaleza y finalidad de los sínodos está recogida en una instrucción de la Sagrada Congregación de los Obispos. Su fin primordial es prestar ayuda al obispo en el ejercicio de su función, ayudando a configurar de forma participativa la fisonomía pastoral y eclesiológica de la diócesis. Se trata, en suma, de ver las líneas y ejes que deben estructurar la vida de la Iglesia asturiana en los próximos lustros. Sería como recrear el Concilio Vaticano II en la diócesis 40 años después de su celebración.
Usted ya participó en el sínodo de Santander. ¿Cree que se puede trasladar aquella experiencia a la archidiócesis?
No son situaciones comparables. El de Santander fue uno de los primeros que se celebraron tras el Concilio Vaticano II. No había entonces la actual normativa de la Santa Sede que regula la celebración de estas asambleas. Además fue excesivamente largo. Cinco años de preparación y dos de asambleas. Para el caso de Asturias, si finalmente los fieles coinciden en su oportunidad, no quisiera que el sínodo superase los dos años. Uno para prepararlo y fijar los temas de debate, y otro para las asambleas de los sinodales, entre los que hay miembros de derecho, electivos y de libre designación por el arzobispo que destaquen por su compromiso apostólico en el mundo.
Concede tanta importancia a la preparación como a las propias reuniones, ¿por qué?
Porque el secreto del sínodo está precisamente en la preparación espiritual, catequética e informativa. Muchos de los que pueden estar llamados a ser sus protagonistas desconocen lo que es.
¿Cuáles son los temas relacionados con la acción pastoral que considera prioritario abordar en Asturias?
Tenemos que discernirlos entre todos, pero si se toma en serio el sínodo, creo que hay temas de fondo que merece la pena tratar. Está la transmisión de la fe a los niños, la vida, la familia, la presencia pública de la Iglesia, los nuevos instrumentos de comunicación social... Son temas de conversión, de cambio de corazón y de implicación social.
¿Está dispuesto a asumir el 100% del sentir de los sinodales? Algunos sectores de la Iglesia han pedido que se aborden temas como el sacerdocio femenino o el celibato de los curas.
En un sínodo el obispo pregunta a todos, pero luego los decretos sinodales los hace él.Yo quiero vivir en comunión con la Iglesia y no voy a abordar temas que estén en contra de su doctrina. El sínodo de la diócesis no es para inventarse nuevas formas de vida cristiana, sino para vivir con profundidad la que viene definida y marcada por la Iglesia.
¿Quiere eso decir que el sínodo no estará abierto a todos los sectores que quieran participar en él? Me refiero a cristianos de base, gais, divorciados...
Los cristianos saben cómo tienen que vivir para tener una pertenencia a la Iglesia real. La Iglesia es siempre una verdadera madre que tiene las puertas abiertas de su vida y de su casa, pero que no se guarda nada y dice las cosas que tiene que decir a sus hijos.
¿Tienen carácter vinculante las conclusiones de un sínodo?
Así es. Los decretos sinodales deben llevar la firma del obispo diocesano y entran a formar parte del cuerpo legislativo de la Iglesia. De hecho, todavía nos regimos por aspectos acordados en el sínodo de 1923.
Cambiando de tema, algunos curas de Gijón han propuesto que los seglares colaboren en las labores de las parroquias ante el progresivo envejecimiento del clero y la falta de vocaciones. ¿Qué le parece esta iniciativa?
Me parece poco certero vincular el problema de la participación de los seglares en la Iglesia a la escasez del clero. Ese planteamiento es falso porque lo natural es que el seglar participe activamente en la vida de la diócesis. De hecho, tiene una identidad propia y una misión fundamental de presencia pública en el mundo. Digo esto porque no quiero que a los seglares se les vea como una especie de clérigos de segunda clase.
¿Le satisface el acuerdo entre el Principado y los centros concertados para la gratuidad de Infantil?
Ese acuerdo es un paso importante para Asturias y los colegios concertados, entre los que se encuentra una gran mayoría de los de la Iglesia. Engendra libertad y eso es bueno para la sociedad asturiana. Siento que se hayan quedado fuera algunas guarderías diocesanas muy presentes en grandes barrios.
¿Percibe un cambio en la actitud del Gobierno regional hacia la educación concertada?
He visto siempre en el Gobierno del Principado un intento de hacer las cosas en una dirección positiva. Lo que sucede es que no siempre se tienen todas las posibilidades para hacerlo.
¿Cómo ha visto desde su particular atalaya la controversia suscitada por la ubicación del Centro Cultural Niemeyer en Avilés?
La Fundación Príncipe de Asturias es una institución que admiro, valoro y defiendo por la gran tarea que está realizando en Asturias y hacia el mundo. Esa admiración la hago extensiva a las personas que están a su frente. Mi misión como arzobispo, ante lo que ha sucedido, es tender puentes de unión para que todos nos podamos entender y, si es posible, mirar más hacia los horizontes universales a los que siempre ha tendido la Fundación con sus premios.
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Comentarios
- UNA HERMANA QUE PIDE POR LA HUMANIDAD
28/09/2007 - 17:48:55
me pare bien todo lo que pueda hacerse para abogar por una Fé mas profunda en el AMOR DE JESUCRISTO (EL AMOR AGAPE) Y PIDO AL ESPIRITU SANTO QUE VENGA A ORAR EN LAS MENTES Y CORAZONES DE TODA LA HUMANIDAD ¡VEN ESPIRITU SANTO,VEN!.
eL MUNDO ESTÁ FALTO DE FE ESPERANZA Y CARIDAD EN LOS CORAZONES HUMANOS Y TENEMOS QUE PENSAR EN LAS CADENAS QUE NOS ATAN Y NO NOS DEJAN EN LA LIBERTAD DE SER HIJOS DEL PADRE