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La flota ha perdido en viente años más de la mitad de barcos y tripulantes
13:37:51 - 25/05/2008VMT -Gracias a la fuerte inversión en modernización, renovación, seguridad y eficiencia su rendimiento en capturas y desembarcos es mayor que entonces
Cada vez son menos los barcos y tripulantes que forman y dan cuerpo al sector primario en Cantabria. Lo que hoy es la flota pesquera regional representa menos de la mitad de lo que era hace algo más de veinte años. Tanto es así que de 1984 a esta parte ha perdido nada menos que 209 embarcaciones y 1.435 pescadores. No obstante, la actual eficiencia extractiva de la flota pesquera supera a la que se lograba en 1984, y su peso en la economía regional, junto al sector transformador y de comercialización pesquera, resulta incluso superior.
Del ajetreo de antaño en las machinas queda muy poco rastro; los muelles soportan cada vez menor actividad pesquera y la flota se muestra año tras año más escuálida. En algunos puertos, la merma del número de embarcaciones llega hasta las dos terceras partes de lo que representaba su flotilla veintitantos años atrás. Otro tanto cabe decir de la población y de la mano de obra empleada en barcos y actividades anejas.
Durante los últimos años, no obstante, las inversiones en este sector pesquero han sido cuantiosas porque "la pesca es un sector básico para la economía regional", indica Fernando Torrontegui, director general de Pesca de la Consejería de Desarrollo Rural. Desde 1994 a esta parte se han destinado desde varios frentes unos 235 millones de euros (alrededor de 39.100 millones de pesetas) en el sector, teniendo en cuenta que comprende no sólo el extractivo, sino también ámbitos como el equipamiento de infraestructuras (puertos) y la transformación (conserveras, acuicultura, etc.).
Paulatino decrecimiento
De hecho, la mayor parte aquellas las subvenciones procedentes de los Fondos Europeos (IFOP), del Ministerio de Pesca y de la Consejería de Desarrollo Rural se han destinado al tejido productivo, pues al desguace de barcos, modernización de los existentes o a la construcción de nuevos buques de pesca se destinaron 75,2 millones de euros (unos 12.500 millones de pesetas).
"La situación del sector extractivo era preocupante por aquellos años", refiere Torrontegui. "Con un sector obsoleto y muchas carencias, teníamos que renovar la flota para modernizarla y hacerla competitiva". Y de aquel impulso, en varios años, noventa barcos de la flota cántabra pasaron por el desguace o sirven de arrecife para los peces al calor de las subvenciones destinadas al abandono de la actividad.
Pero junto a los desmantelados (cuyos derechos de pesca se podían destinar a la construcción de nuevos pesqueros), otros tantos barcos han ido plegando velas paulatinamente, la mayoría de pequeño porte, del grupo de menos de 20 toneladas de registro bruto.
Hace poco más de dos décadas, el de Santander era el puerto con mayor número de embarcaciones censadas, nada menos que 115. Y Laredo, con 68 naves, era el segundo más numeroso de la región. Aquel poderío se ha reducido en ambos casos a la mínima expresión: en la dársena pesquera de la capital sólo quedan 32 barcos, y en Laredo -hoy en obras, repartidos por otros puertos- 23 embarcaciones. Dos ejemplos que tienen similar parangón en Castro Urdiales, Santoña y San Vicente de la Barquera. En todos esos puertos, por no hablar de Requejada, donde desapareció por completo la actividad, el sector pesquero pierde protagonismo.
Efectos de la crisis
Todo ese declive tiene su origen en la crisis que se registró entre los años 1975-77. "Esa crisis respondía fundamentalmente a la sobreexplotación realizada en los años anteriores", apunta Torrontegui, "a lo que se unió el primer gran alza en los precios del combustible".
A mediados de los años sesenta la producción pesquera había crecido en Cantabria hasta el cincuenta por ciento y se consideraba la mar poco menos que una fuente inagotable de recursos. Pero diez años más tarde afrontó su primera gran crisis por el estancamiento de las capturas, primero, y de la sobreexplotación, después. Por entonces, la flota de Cantabria alcanzaba casi los 400 barcos, que daban empleo directo a bastantes más de 2.500 tripulantes.
Desde Europa se comenzó a tomar medidas para proteger los "stocks" de determinadas especies, que luego dieron lugar a las limitaciones de capturas, los famosos "TACs", y las cuotas por especies. Todo ello pilló a la flota cántabra muy envejecida (la edad media de los buques era de 35 años), ineficiente y poco preparada tecnológicamente hablando. Por entonces eran mayoría los barcos de madera, que consumían mucho, andaban poco y apenas eran competitivos.
Modernos y eficientes
"Debíamos hacer un esfuerzo para renovar la flota. Y la oportunidad nos llegó en 1994 con los Fondos Estructurales", dice Torrontegui, en referencia a que Cantabria, como región de Objetivo 1 (y, tras salir de de él, en el periodo transitorio de 200-2006), recibía numerosos caudales europeos para su modernización. "Era el momento ideal", dice. Y así fue como se fue dotando a la flota de barcos más eficientes, más seguros y rápidos. Por el camino, y a cuenta de la profunda transformación del sector, se fueron quedando más de doscientas embarcaciones. Hoy, son 168 barcos los que componen la flota cántabra. Pero rejuvenecida (con una media de 12 años) y muy moderna.
De su eficiencia habla Torrontegui en términos de "mayor capacidad extractiva", pues aunque es claramente inferior en número que antes de la reconversión, la actual eficiencia de la flota pesquera supera a la que se lograba en 1984, y su peso en la economía regional, junto al sector transformador y de comercialización pesquera, resulta incluso superior. Su aportación a la economía regional supone el 1% del valor añadido bruto (VAB), y se estima que por cada cien euros gastados o invertidos en la flota la economía cántabra aumenta su producción interior en 134 euros.
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