Noticias Ya.com
- NOTICIA FINAL
El monumento grande
15:29:58 - 13/03/2008VMT -Los años que se instaló, en 1956 la última vez, fue la admiración de los miles de visitantes que vinieron a la Ciudad Imperial para contemplarlo.
El cardenal primado Luis María de Borbón encargó su construcción a Ignacio Haan, maestro mayor de la catedral primada y académico de mérito de la Real Academia de San Fernando de Madrid, que cobró quinientos ducados, pagados en tres plazos, firmando el proyecto en la capital de España el 30 de septiembre de 1805, con el visto bueno de Bosarte, director de la Real Academia de San Fernando.
Se comenzó a construir el 10 de marzo de 1806, se terminó a principio de marzo de 1807 y se inauguró el 26 de marzo de ese año, festividad del Jueves Santo. Realizada en madera imitando a jaspes con gran perfección, se armaba con multitud de tornillos, argollas y barretas de hierro, perfectamente ajustadas, no teniendo que clavarse ningún clavo. Por su solidez parecía más una obra perpetua que un monumento para sólo dos días.
Su imponente fachada ocupaba toda la nave central de la catedral, junto a la puerta del Perdón, dando frente al trascoro, llenando un espacio de 38 metros de largo, 16 de ancho y 26 de alto, llegando a tocar en al bóveda su majestuoso pabellón.
Desde el suelo arrancaba una escalinata con treinta amplios escalones. En el noveno peldaño se formaba una primera meseta que terminaba en dos plintos, sobre los cuales se colocaban cuatro estatuas, de mayor tamaño que el natural, que representaban los soldados romanos que custodiaron el sepulcro del Redentor del mundo, obra del escultor Joaquín Arali, vecino de Madrid. Subía el segundo tramo, estrechándose piramidalmente, hasta la plataforma se sustentaba el tabernáculo. En la mitad de esta gradería se contemplaban dos ángeles mancebos, en actitud de adoración, esculpidos por José Antonio Tolch.
El gran templete o tabernáculo, pintado imitando a mármoles y bronces, estaba compuesto de cuatro grupos de a cuatro columnas cada uno, de unos cuatro metros de altura de orden corintio, en las que se apoyaba un gran cornisado con ocho estatuas de ángeles, que tenían en sus manos repartidos los atributos de la Pasión, hechos por Mariano Salvatierra, escultor de la catedral primada. Coronando toda la mole, una esbelta cúpula, rematado en un cúmulo de nubes sobre las que se alzaba una gigantesca estatua de la Fe, de diez pies de altura, tallada por Joaquín Aralí. En el interior del tabernáculo, sobre un zócalo se elevaba una urna sepulcral, disminuida en el interior, adornada por guirnaldas y festones dorados dentro de la cual se guardaba la Sagrada Hostia. Coronaban esta urna dos ángeles niños llorando y un grupo de gloria, en la parte superior de ráfagas y querubines, obra de José Tolch, esculpidas con gran delicadeza. Toda la demás obra de este bien acabado tabernáculo corrió bajo la dirección de los escultores Narcioso Aldebo y José Ripoll, que cobraron 171.600 reales, 200.000 reales costaron todas las estatuas que hemos hecho mención.
Para iluminarlo, en las gradas y en el tabernáculo se colocaban cuatrocientas velas en candelabros dorados, ubicados simétrica y convenientemente. En los primeros escalones de la gradería se instalaban un buen número de candelabros de bronce traídos de Italia por el cardenal Lorenzana, doce blandones, con sus cirios, obra de Gabriel Bermúdez, que fue guarda-almacén, más de seis blandocillos y otros tantos de bronce dorado a fuego, junto a ellos se instalaban las esferas que representaban las cuatro partes del mundo.
Las cuatro esferas o globos están realizadas en plata y sobre cada una de ellas aparecen unas matronas que representan las cuatro partes del mundo: Europa, África, Asia y América. Fueron un regalo que la reina doña María de Neburgo, según esposa de Carlos II el Hechizado, hizo a la Catedral primada. Este magnífico regalo llegó a Toledo el día 8 de febrero de 1741, entre la satisfacción del cabildo y pueblo toledanos. Cubría todo el monumento un riquísimo y grandioso dosel, de fuerte sarga de sede carmesí, de 900 metros, bordado magníficamente con 293 estrellas del diámetro de una cuarta, en oro fino del que tiene cada media onza; remataba este dosel una gran colgadura, de más de 1.000 metros, que pende de las misma bóveda, de forma de corona, toda ella de riquísimo terciopelo carmesí de las famosas fábricas toledanas, estando galoneada por una ancha franja de oro, muy bien labrada, y con el precio de la realización del dosel y la colgadura fue de 800.000 reales. Fue un trabajo que hicieron Antonio Pomareda, Agapito Ruiz, Manuel Molin y Eugenio Morales, bordadores, casulleros y cordoneros en el taller que Molero tenía en Toledo.
Publicidad
Más noticias de C.La Mancha
Foro
El conflicto vasco
¿Crees que tiene solución? ¿Desaparecerá ETA?
Servicio Ya.com | Ofertas |