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- NOTICIA FINAL
El proceso de restauración del Teatro Zorrilla culmina el cimentado con un innovador sistema que garantiza la estabilidad del inmueble y de los edificios colindantes
09:29:11 - 01/06/2008VMT -Por el escenario más antiguo de Valladolid han pasado nobles con sombrero, actores consagrados, actrices que se dieron a conocer y tramoyistas anónimos
Desde que el 30 de octubre de 1884 se representó la obra de José Zorrilla "Traidor, inconfeso y mártir", el teatro homónimo ha sido objeto de innumerables actuaciones, reconstrucciones, proyectos, ventas, compras y controversias.
Desde aquel "Señor amo. / ¿Qué hay? / Un hombre. / ¿Qué quiere? / Veros" con que comienza el drama histórico del escritor vallisoletano, por el escenario, los palcos y la platea del teatro más antiguo de Valladolid han pasado nobles con sombrero, actores consagrados, actrices que se dieron a conocer y tramoyistas anónimos.
Debajo del proscenio, donde antes se ubicaba el altar de la capilla del convento, 170 enterramientos descansaban impasibles. Quizás los restos del propio Cristóbal Colón fueron testigos de excepción de las pequeñas zarzuelas y las sainetes musicales que hicieron las delicias del público durante más de un siglo.
Pero el tiempo no transcurre en balde y las columnas de madera comenzaron a acusar el peso de los años a sus espaldas y el color azul de las paredes se tornó más oscuro, a lo mejor por el humo de los cigarrillos.
Dos décadas antes de su centenario, a la vez que el teatro se convirtió en una sala de arte y ensayo, la adquisición por parte de la Diputación del inmueble colindante para levantar tres plantas y un ático, obligó a muchos vallisoletanos habituales del Hostal Miño a buscarse otro lugar en el que comprar amor clandestino.
Ni la adquisición del edificio anexo, ni los ensayos, ni los sainetes, ni siquiera el vínculo irrompible de los vallisoletanos con su salón evitaron que los muros del edificio perdiesen la batalla al ostracismo estructural. Al final, por una cosa o por otra, por unos o por otros, la condena al olvido de una más que necesaria reconstrucción obligó a cerrar la sala al público en 1998.
El futuro de aquel escenario al que Zorrilla tuvo que salir a saludar después de "Traidor, inconfeso y mártir" estaba en la cuerda floja, y la sociedad se movilizó.
Un año después de su cierre, cientos de ciudadanos y personajes públicos se manifestaron para exigir la restauración y la reapertura del teatro. La vigencia del pasado pendía de un trapecio y un mínimo descuido precipitaría al vacío más de 115 años de cultura de unas paredes que, si no se actuaba con rapidez, podrían acabar siendo las estanterías de los productos de limpieza de un supermercado en proyecto.
La Diputación no desoyó las peticiones del pueblo y, en agosto de ese año, hizo pública su intención de comprarlo para reabrirlo dos años más tarde. Desde entonces, las obras se han sucedido al mismo ritmo que las complicaciones en la reconstrucción retrasaban constantemente la vuelta del cartel de "no hay billetes".
Pero el primer día de agosto del 2005, el arquitecto de la Diputación, Roberto Valle, tomó las riendas del proyecto con un objetivo claro: "que el teatro más entrañable de la ciudad mantenga la personalidad original". Para ello, Valle se propuso "recuperar el foso de la orquesta y el color original de las paredes, mantener el techo y los palcos y conservar el aspecto de la sala de representaciones".
El proyecto
Con esa finalidad y con un presupuesto financiado por la Diputación de 8.867.000 de euros, comenzaron a hacerse las excavaciones arqueológicas que duraron cinco meses más de lo previsto, principalmente por el hallazgo de 170 enterramientos en el subsuelo. El encajonamiento del edificio en plena Plaza Mayor está dificultando la reforma, ya que habrá que actuar de forma cuidadosa con las paredes medianeras de los inmuebles colindantes. Además, las abundantes lluvias del último mes han impedido levantar la cubierta principal y varios pilares vecinos se han cruzado en el camino del plan de Valle.
Pero hace ya varios meses que la piqueta tiró todo abajo, excepto las dos fachadas y la sala principal. Así, la actuación en esta zona pasó por la consolidación de las estructuras y la introducción de todas las mejoras necesarias para convertir el Zorrilla en un teatro del siglo XXI con la esencia y la personalidad del XIX.
Para ello, se ha aumentado la pendiente del patio hasta el 8 por ciento con el objetivo de mejorar la visibilidad y aumentar la separación de la butacas, que se dispondrán de manera semicircular. En los 220 metros de perímetro, se han colocado 6.600 metros de tubos de acero para poder excavar los dos sótanos y sujetar los edificios medianeros con el teatro, mientras que para anclar el muro del primer sótano se han utilizado 408 metros de cable de acero tensado.
De momento, de aquel teatro de 1884 sólo sobrevive el escenario, el techo y los palcos. Pero cuando a finales del verano del año que viene finalicen las obras de reconstrucción, la sala recuperará el ambiente propio de las representaciones de aquella época. No en vano, la cafetería imitará a las de antaño y el "foyer" volverá a ser el "espacio de encuentro y relación social, tanto a la entrada y salida como en los entreactos de las representaciones".
A lo mejor el año que viene, justo antes de que un tramoyista anónimo baje el telón, se oirá un "dices bien..., sí..., no comprendas jamás las causas horrendas de mi ruin superstición". Y los aplausos volverán a retumbar en la platea.
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