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La Universidad tiene adaptados todos sus centros docentes a los discapacitados

13:24:01 - 14/02/2008VMT -La institución abordará la reforma del Palacio de Santa Cruz para que la sede del Rectorado sea accesible
«La pendiente de la rampa de entrada es un poco elevada, pero la del interior está muy bien, sobre todo cuando la subes porque tiene un descansillo». Fernando Diaza, miembro de Aspaym, se cayó de un andamio en una obra en Olmedo hace ocho años y desde entonces se mueve en una silla de ruedas. Ayer actuó de piloto de pruebas para la prensa. El objetivo: comprobar que las obras de adaptación en la Facultad de Ciencias son operativas para personas con discapacidad. Minutos antes, el rector, Evaristo Abril, había presentado las últimas reformas llevadas a cabo en el campus vallisoletano para hacer de la institución académica un lugar accesible para todos.
En la puerta de entrada a Ciencias Fernando se encontró, silla con silla, con Brigitte Tiuso, estudiante de doctorado colombiana y encargada de dar algunas pautas prácticas a los arquitectos de la UVA para convertir esta obsoleta facultad en una instalación con facilidades para la movilidad. «Antes de hacer esta obra con la silla de ruedas las cosas estaban muy complicadas había que dar muchos rodeos para llegar a los sitios o andar pidiendo favores a los compañeros para que te acercasen», explica esta futura doctora de Sistemas y Procesos. Ahora Brigitte se mueve con mayor autonomía, algo que los discapacitados «agradecemos mucho», corrobora Fernando.
Según los datos facilitados por Evaristo Abril, en la Universidad de Valladolid 126 alumnos tienen algún tipo de discapacidad. De ellos 86 fueron atendidos por el Vicerrectorado de Alumnos y Asuntos Sociales en el 2007: 43 con problemas de movilidad o manipulación, 15 con deficiencias auditivas, 16 con problemas visuales, otros nueve con enfermedades crónicas como la esclerosis y tres con otros tipos de discapacidades como la dislexia.
El plan de obras puesto en marcha por la UVA ha permitido eliminar las barreras de casi todos los edificios universitarios. El último paquete ha afectado a Arquitectura, Ingenieros Industriales, Ciencias y a los apartamentos Cardenal Mendoza gracias a los 120.598 euros que se han obtenido con la colaboración de los fondos Feder, el Imserso y la Fundación ONCE. Acabar con escalones -obstáculo, ensanchar pasillos como huras, construir rampas o adaptar cuartos de baño son algunas de las intervenciones realizadas.
En los edificios donde las condiciones constructivas son más complicadas por su antigüedad, la Universidad se actúa caso por caso para facilitar la movilidad al alumno discapacitado que se matricule, según explicó ayer Francisco Valbuena, arquitecto de la UVA. Como ejemplo, la última obra realizada en la Politécnica para que un estudiante pueda tener un aseo en el que poder manejarse. «Para nostotros es un reto», comentó el arquitecto, quien avanzó que entre los siguientes objetivos se encuentra la adaptación del Palacio de Santa Cruz, ahora un lugar de muy difícil acceso, sin rampas ni ascensores, por su condición histórica.
Pero el afán de favorecer la accesibilidad para alumnos y profesores no termina únicamente en la eliminación de barreras físicas. Así, los estudiantes con deficiencia visual cuentan con material de estudio adaptado -apuntes y libros en Braille, lupas y otros sistemas- gracias a la colaboración de la ONCE, mientras que a los jóvenes con algún grado sordera se les facilita emisores de frecuencia modulada para que puedan seguir las clases desde un micrófono de solapa que lleva el profesor. De momento ninguno ha necesitado un intérprete, aunque la UVA está dispuesta a seguir avanzando según se presenten las necesidades.
Fernando Diaza comprobó ayer en su silla de ruedas que el trabajo en la siete veces centenaria ha dado resultados. «En los edificios públicos cada vez se nos tiene más en cuenta, otra cosa es en los centros de ocio o en algunos bares o restaurantes adonde es prácticamente imposible ir», lamenta este joven, quien pone como ejemplos de lo que no tiene que ser a los hospitales Clínico o Río Hortega. «Es una vergüenza», resume. Este voluntario de Aspaym pide a las instituciones que se asesoren con la gente que tiene discapacidad a la hora de acometer una obra. A su juicio, Valladolid ha mejorado mucho, aunque los barrios están más descuidados, sin rebajes en algunas calles o con plazas de aparcamiento sin espacio suficiente.
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