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El Punto de Encuentro Familiar ha atendido a 158 mirandeses desde su puesta en marcha

14:48:41 - 23/06/2008VMT -La mayoría de los padres que acceden a este servicio tienen sólo entre 25 y 35 años y de modo habitual un hijo muy pequeño
En los procesos de separación de las parejas los más perjudicados siempre son los niños. En ocasiones, la batalla legal por su custodia es tal que las posturas son irreconciliables entre sus progenitores y debe intervenir un juez. Y no sólo para determinar el régimen de visitas sino que incluso tiene que acabar designando un lugar neutral donde puedan recoger al pequeño.
En casos muy graves, los padres hacían el intercambio en la Comisaría, algo que servía para demostrar que se estaba cumpliendo con el régimen de visitas, pero desde agosto de 2006 Miranda cuenta con un Punto de Encuentro Familiar (PEF).
Regido por la Asociación para la Protección del Menor en Procesos de Separación de sus Progenitores (Aprome), ya ha atendido a 158 mirandeses desde su puesta en funcionamiento entre padres, niños y otras parejas que han realizado peticiones de información.
Uno de los datos más significativos tal vez sea que la mayoría de las familias que reclaman el servicio, 33, están formadas por parejas de entre 25 y 35 años y que cada vez las separaciones se producen entre gente más joven. «Esto no es habitual en otras ciudades», explica la psicólogo y coordinadora del PEF, Amaya Díez.
Esta situación hace que casi la totalidad de las familias usuarias tan sólo hayan llegado a tener un hijo, que tiene entre 1 y 5 años. Eso sí, de los 35 menores que se han atendido en el Punto de Encuentro Familiar, el espectro de edad se mueve entre los cinco meses y los 15 años.
En cuanto a su lugar de origen, la mayoría de los adultos, 66, son mirandeses, si bien entre ellos hay doce inmigrantes.
La única forma que tienen de acceder al Punto de Encuentro es mediante una derivación del juzgado. Después son las profesionales del centro -psicóloga, pedagoga y trabajadora social- las que se encargan de facilitar la relación del menor con sus progenitores que no tienen la custodia, o la familia biológica. Garantizan así sus intereses en situaciones de conflicto.
Desde el PEF se pretende establecer en las familias en situación de ruptura el vínculo necesario para un buen desarrollo psíquico, afectivo y emocional del menor. Igualmente, vela para que se cumplan los regímenes de visita, que éste no suponga una amenaza para el niño, y trata también de prevenir la violencia doméstica.
Además, allí se prepara a los progenitores para conseguir autonomía y poder mantener las relaciones con los menores sin depender de este servicio. «Se trata de que lleguen a acuerdos sin necesidad de pasar por el juzgado o por nosotros. Lo mejor es que estén aquí el menor tiempo posible, seis meses o un año como máximo, pero cuando hay problemas es complicado», dice la psicóloga.
Afortunadamente, el menor ve el centro como un lugar cómodo, agradable y neutral. Tiene una sala llena de juguetes, videojuegos y hasta un futbolín donde disfrutan de la compañía de uno de sus padres a la espera del encuentro con el otro.
Los progenitores nunca se llegan a ver. El que no tiene la custodia es el primero en llegar. Una vez está en el centro, se llama al otro para que lleve al niño y se va. A los 15 ó 20 minutos sale el otro progenitor con el pequeño. En el caso de que exista una orden de alejamiento este tiempo se puede prolongar hasta los 45 minutos.
«Lo más duro es cuando un niño viene y su padre no le recoge. Lo pasan muy mal, pero en general, los padres no se atreven a incumplir el régimen de visitas porque se lo pueden quitar. Nosotras primero tratamos de hablar con ellos y si la conducta persiste, damos de inmediato cuenta al juzgado», señala Díez.
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