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Viticultores de Cigales dejan la viña por el bajo precio y la dificultad para vender la uva
11:23:15 - 27/04/2008VMT -Otros agricultores optan por transformar las cepas de vaso a espaldera para mecanizar la recolección
El 2004 marca un punto de inflexión en la Denominación de Origen Cigales porque en ese ejercicio se logró la mayor cantidad de plantaciones de viñedo inscritas y el mayor número de viticultores en el consejo regulador, mientras que a partir de ahí comenzó una caída que ahora parece imparable, aunque también podría significar que la comarca vitivinícola ha tocado fondo para emerger de sus propias cenizas. El bajo precio de la uva y las dificultades a la hora de vender la cosecha a las bodegas, así como las complicaciones de la vendimia, son las principales razones que han provocado que, desde hace cuatro años, aumente la cifra de viticultores que dan de baja sus plantaciones de vid en total o en parte.
Durante la última vendimia en Cigales, el kilo de uva se pagó a una media de 0,30 euros -la uva tinta de cepa vieja se cotizaba más, pero hay que tener en cuenta que la mezcla se pagó a veces por debajo de los 0,30 euros-. Según varios viticultores consultados, los costes de labranza de una hectárea de viña -poda, arado, herbicida, etcétera- oscilan entre los 1.803 y los 2.404 euros (es decir, entre las 300.000 y las 400.000 pesetas). Si una hectárea de viñedo produce 7.000 kilogramos, el viticultor obtendría 2.103 euros si le pagasen el kilo a los 0,30 euros mencionados. Las cifras demuestran que, desde luego en Cigales, el viñedo no es rentable.
Si partimos de esa base, es más que lógico que los viticultores, principalmente los que tienen pequeñas explotaciones y llevan muchos años arrimando el riñón a la tierra, abandonen el viñedo. De hecho, desde la pasada vendimia han sido al menos seis las personas que se han dado de baja como viticultores en la DO Cigales, y otros cuatro cosecheros han renunciado a cultivar algunas de sus parcelas por el bajo rendimiento. Aunque no es una cifra alarmante, sí que es significativa. Eso, sin mencionar a aquellos que están esperando que salga el próximo reglamento de arranque de viñedo de acuerdo a la última reforma de la OCM del vino.
Mientras que otras denominaciones de origen viven su sueño dorado -por ejemplo, Ribera del Duero, Rueda y Toro-, la comarca vitivinícola de Cigales sufre su peor pesadilla, sin dejar de luchar por ganar mercados nacionales e internacionales, desde el punto de vista comercial. Si el resto de las denominaciones de origen crece, Cigales pierde peso porque el precio del kilo de la uva está ahora como hace una década. En 1998 -todavía no existía el euro-, el kilo se pagaba a 55 pesetas y el año siguiente a 75 pesetas. Fue un agradable espejismo porque desde aquel 1999 el pago por kilo de uva bajó hasta situarse en los treinta céntimos de euros mencionados.
En este caso, se trata de la mezcla de variedades blancas y tintas que se utilizan en la comarca para hacer los antes apreciados claretes, hoy denominados rosados. Las variedades de uva tinta de cepas viejas siempre se pagan algo más, pero casi nunca compensan el trabajo y los gastos.
A punto de finalizar el siglo pasado, los precios altos de la uva y las ayudas de la Junta de Castilla y León para reestructurar el viñedo empujaron a muchos viticultores a plantar nuevas viñas y si se arrancaban las cepas agotadas era para poner plantones jóvenes. Así, en el 2001 se inscribían en la Denominación de Origen 247 hectáreas, de manera que un año más tarde aumentaba el número de hectáreas de viñedo (2.595) y la cifra de viticultores (629). Una evolución positiva que se ha mantenido hasta 2004 y 2005, años en los que se registró el mayor número de hectáreas y de cultivadores de viñedo. No ha vuelto a ocurrir. A partir del 2005, estas cifras iniciaron un descenso hasta llegar al 2007, con 2.545 hectáreas y 593 recolectores.
A los bajos precios hay que añadir las dificultades para encontrar vendimiadores y el miedo a las inspecciones ordenadas el pasado año por el Ministerio de Trabajo y Asunto Sociales con el fin de que se regularice a todos los empleados del campo, sean de nacionalidad española o extranjera. De hecho, la mayoría de los viticultores que han decidido abandonar la viña o algunas de las parcelas son jubilados sin capacidad para contratar a nadie o propietarios que dependen de terceras personas, que antes eran ayudados por familiares.
Pese a todo, algunos han encontrado otra solución para intentar paliar las dificultades que se presentan todos los años a la hora de encontrar trabajadores dispuestos a garantizar la recolección de la uva y que se les pueda hacer un contrato para cumplir la ley. Así, han decidido transformar las cepas de vaso a espaldera y mecanizar la vendimia. Se colocan un poste y un alambre a la altura de la cruz y, a la hora de la poda, se deja un único sarmiento que se conduce hacía arriba. Un proceso que dura dos años.
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