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El autor del proyecto de recuperación de Montjuïc pide salvar el Museo Militar

09:01:30 - 01/06/2008VMT -El Museo Militar podría convertirse en la víctima de la devolución del castillo de Montjuïc
El próximo 15 de junio, Barcelona recuperará simbólicamente el castillo de Montjuïc con una fiesta ciudadana. Antes que esto, y durante estos días, en el antiguo cuerpo de guardia de la fortaleza -en una puerta apenas visible al lado de una de las rampas-, los operarios se afanan en montar la exposición "Barcelona tiene castillo", la muestra que servirá para explicar tanto la historia de la fortaleza, su relación con la ciudad o su importancia arquitectónica, como, sobre todo, lo que se va a hacer con ella a partir de ahora.
La devolución de la fortaleza, tras un fatigoso culebrón institucional de más de cuatro años -guerra de banderas incluida- es celebrado en el Ayuntamiento como uno de los hitos del mandato. El castillo, con toda su leyenda negra a cuestas -ganada a pulso-, deviene un equipamiento ciudadano más, "ni más ni menos que la casa Elizalde o la sede del distrito de Gràcia", explicaba el pasado jueves el alcalde Jordi Hereu en el antiguo patio de armas, frente a unos cañones de exposición que en los próximos días serán retirados.
Ya con director del Castillo designado -una mujer, la técnica municipal Carme Segura-, el futuro del complejo está más o menos definido: nueva puerta de entrada de los visitantes a la montaña de Montjuïc, Centro de Interpretación y, finalmente, un llamado Centro de la Paz, en cuyo consorcio participarán el Ayuntamiento de Barcelona -posición mayoritaria-, la Generalitat y el Ministerio de Defensa. Hasta aquí, todo más o menos claro, o más o menos difuso, ya que las funciones de este centro todavía están un poco en el aire.
Frente a las posibilidades que a la ciudad se le abren, la devolución del castillo se llevará por delante, si nadie lo remedia, una víctima. Se trata del Museo Militar de Montjuïc -vetusto y anticuado en su concepción museográfica, pero con una interesante aunque irregular colección- que el Ayuntamiento pretende liquidar sin contemplaciones. Aunque se asegura que alguna de sus piezas serán aprovechadas e integradas en el Centro de Interpretación de la montaña, lo cierto es que, para el Consistorio, en el nuevo Castillo no hay lugar para el Museo Militar. "No es salvable. El museo viene de donde viene, y no tiene sentido. Los materiales interesantes sí, los que no, se van", señala tajante el alcalde de Barcelona.
Esta ansia liquidadora no es compartida por todo el mundo, y mucho menos por quien está al cargo precisamente de diseñar la recuperación civil de la fortaleza. Ramón Folch, que redacta junto al arquitecto Joan Forgas el plan de usos -ambos hicieron también el plan para recuperar las cotas altas de Montjuïc-, considera "una barbaridad" acabar sin más con este museo: "El Museo Militar de Montjuïc tiene la historia que tiene y muchos otros defectos, pero cuenta con una colección muy interesante que no se debería perder. Hay que ponerlo al día, no liquidarlo".
El pecado original de este centro está ya en su partida de nacimiento, cuando en 1960, el general Franco "devuelve" el castillo a Barcelona y pone como condición que este se destine a un museo que deberá cantar las glorias y gestas del Ejército. El aroma franquista del Museo Militar duró hasta bien entrada la democracia. Ya en 2008, y dirigido por el coronel García Riesco -en el Ayuntamiento se deshacen en elogios hacia su profesionalidad-, el Museo Militar, es obvio, necesitaría una puesta al día que realzase el valor muchas de sus muy notables piezas. "Ningún museo tiene expuesta toda su colección, aquí sí", comenta Ramón Folch, "tanto las piezas buenas como las que no lo son". Como afirma, más que un museo, el Museo Militar es una colección colgada de la pared.
La desazón de Ramón Folch y de su equipo ante los planes del Ayuntamiento es grande: "Es como si un día se desacraliza la Catedral de Barcelona y empezamos arrasar con sus vitrales. Aquí pasa lo mismo. Desmilitarizar el castillo no debe significar arrasar con lo interesante que hay dentro". Salvando las distancias, quien ha visitado, por ejemplo, el Imperial War Museum de Londres entenderá que un museo militar no tiene por qué ser una cosa rancia, y que "para entender la paz -uno de los objetivos del nuevo centro que se creará- es necesario hablar de la guerra".
Por el momento, y aunque Ramón Folch ya ha transmitido al Ayuntamiento la necesidad de hacer algo con el Museo -la última vez directamente al alcalde el pasado jueves-, el Consistorio no parece estar por la labor, y opta por un cierre del museo en toda regla. No obstante, el hecho de que esté contemplada la conservación de alguna pieza lleva a Folch y a su equipo -también a toda persona mínimamente interesada en la historia, no sólo militar- a confiar en que por esta vía, y a poco que alguien recapacite, se pueda salvar la colección. De otra forma, un museo está a punto de cerrar: de por sí, una mala noticia.
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