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La "canastilla" de Carol
19:40:47 - 11/11/2007VMT -En enero de 2005 1.500 personas tuvieron que ser desalojadas del barrio del Carmel
Los vecinos de las barriadas del Gornal y de Bellvitge de L"Hospitalet de Llobregat recuerdan con miedo el drama humano del barrio barcelonés del Carmel, en el que desalojaron a 1.500 personas de sus casas durante más de un año por culpa del hundimiento del túnel de maniobras de la Línea 5 del Metro en enero de 2005.
Los edificios cercanos a la estación de Renfe de Bellvitge tiemblan como una hoja por culpa de las obras del AVE durante las 24 horas del día en los últimos tres meses. Las vibraciones han provocado la aparición de grietas en numerosos bloques de entre diez y doce pisos de altura, que se construyeron en los años setenta con material de poca calidad para albergar a miles de obreros que procedían de otras comunidades de España. La empresa pública Adif, responsable de las obras de la línea de alta velocidad, utiliza un sistema de micropilotajes -igual que en su día se hizo en el Carmel- para garantizar la seguridad de los edificios agrietados. El ruido de la piqueta -que perfora un pequeño y alargado agujero hasta llegar a los cimientos para inyectarles hormigón y, así, reforzar la estructura del bloque- no ha tranquilizado a los inquilinos y propietarios de las viviendas, sino todo lo contrario.
Documentos y recuerdos "Yo ya tengo preparada la "canastilla" (una bolsa con documentos y recuerdos personales) por si algún día tenemos que salir corriendo de aquí", explica Carol Duran Pereira, de 49 años de edad y vecina del número 170 de la avenida Europa de L"Hospitalet. El seguro de vida y del piso, el contrato de alquiler, las cartillas del banco, la declaración de Hacienda, las fotos de familia... son algunos de los objetos depositados en el maletín, mientras que el poco dinero de la mujer está, bajo llave, en una pequeña caja metálica. Todo está a mano -"detrás de la puerta de mi habitación", apunta- para salir volando.
Dos años y medio después de la cicatriz urbana y social del Carmel, Carol recuerda que muchos vecinos de aquel barrio barcelonés tuvieron que recoger sus enseres más personales entre los escombros de sus viviendas. "Me veo venir que el piso se nos viene abajo si las obras continúan con este ritmo tan salvaje", asegura la inquilina que vive a escasos quince metros de los trabajos del AVE.
El "tac-tac-tac" de la máquina para imperbeabilizar el terreno de las vías del tren martillea, una y otra vez, los oídos de los vecinos de Bellvitge. "El ruido es inhumano, horrible, no se puede aguantar", asegura Rosario, la madre de Carol. La anciana es la encargada de la "canastilla" en horario diurno porque su hija trabaja fuera de casa, igual que su yerno y su nieta. "Me dicen que coja la "canastilla" y a "Sabath" (el perro) si pasa algo, pero con los nervios que paso, no sé yo si me va a dar tiempo a nada", dice Rosario tras confesar que tiene el miedo metido en el cuerpo por culpa de los "poltergeist" de la casa.
Las bolas de porcelana del centro de mesa saltan y tintinean, las sartenes giran solas, los botes de cocina se caen de la estantería... asegura la anciana para explicar las vibraciones que padece su inmueble.
Los temblores son más fuertes en el sótano de la Iglesia Evangelista Filadefia. Sus fieles llamaron la semana pasada a los bomberos. Pensaron que el local se les caía encima cuando celebraban una reunión.
El propietario del bar "Flamenquito", Modesto Juan Ortiguela, llamó también a los Mossos d"Esquadra para denunciar las vibraciones y el ruido de las obras del AVE. Las vibraciones hacían saltar las tazas de la cafetera y las botellas de las estanterías. "Se rompió una de Licor 43", apunta el camarero.
Ortiguela explica que hace unos cuatro meses recibieron una carta de Adif que justificaba las jornadas de 24 horas de trabajo para cumplir el calendario de la llegada del AVE a Barcelona. "Trabajan de día y de noche, sin privarse de nada, van a toda pastilla", asegura el propietario de bar que no entiende el por qué de tanta prisa. Para reducir las molestias a los vecinos, Adif anunció el pasado fin de semana que pondrá fin a la realización de las obras en horario nocturno "excepto cuando sea estrictamente necesario". Esta medida fue reclamada por el alcalde de L"Hospitalet de Llebregta, Celestino Corbacho, después de la visita sorpresa del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a las obras del AVE en Bellvitge.
Pararon cuando vino Zapatero "Cuando vino Zapatero pararon las máquinas a las nueve de la mañana y después la volvieron a poner en marcha a las tres de la tarde", señala Ortiguela que confiesa tener una sensación de «engaño» como todos sus clientes y convecinos. "Nos pedían paciencia y nos han hecho la vida imposible", concluye. "Si no se hunde la andana de la estación de Bellvitge, en el barrio pasa alguna desgracia", afirma José Calzada Villar. Este vecino se levanta cada día a las 4.30 horas, en lugar de a las 5.30 horas como hacía antes de que cortaran el servicio de Cercanías por culpa de las obras del AVE, y tarda otra hora y media de más en volver a su casa. No tiene palabras.
"Si no llega el AVE en un mes, que llegue al otro, pero lo primero es restablecer el servicio de Cercanías para los trabajadores y los vecinos. No se puede poner una fecha porque las prisas son malas para todo», dice Calzada. Desde hace quince días, los vecinos del Gornal y Bellvitge, las dos barriadas más socialistas de la segunda ciudad de Cataluña, viven con resignación e impotencia las molestias causadas por las obras de la línea de alta velocidad pese a que la mayoría de ellos nunca subirá al tren con morro achatado. Sin embargo, el AVE pasará cada día por debajo de su ventana para recordarles que la alta tecnología o la innovación nunca para en los barrios obreros.
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