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El "annus horribilis" de los partidos
08:34:38 - 30/12/2007Vocento VMT -La marcha de Maragall dejó huérfano al sector más catalanista del PSC
Ninguno de los seis partidos con representación parlamentaria ha estado exento este año de luchas internas que, en algunos casos, casi acaban en cisma. Castigadas en las urnas por una ciudadanía cada vez menos interesada en la política, estas formaciones políticas han asistido a la proliferación de plataformas y corrientes críticas que han puesto de manifiesto la situación de crisis de la clase política catalana.
La reedición del tripartito, esta vez gobernado por José Montilla, no ha sido garantía de paz interna en el PSC. Era cuestión de días que Pasqual Maragall abandonara la presidencia, y posteriormente la militancia, de un partido que no le dio el apoyo suficiente ni en la tramitación del Estatut ni en la negociación con un PSOE ajeno a los devaneos nacionalistas del sector que lideraba el ex presidente catalán. Maragall abandonó la dirección de los socialistas catalanes con críticas al presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, y con lamentos respecto al esfuerzo, no compensado, de la reforma estatutaria.
Defendió que el PSC tenga grupo parlamentario propio en el Congreso, una cuestión que volvió a ponerse de manifiesto durante la crisis de las infraestructuras, donde el apoyo de los diputados catalanes en las Cortes a la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, acentuó la imagen de dependencia del PSOE. La marcha de Maragall dejó huérfano al sector más catalanista del PSC, acentuando todavía más el peso de Montilla y del socialismo español en el aparato del partido. La plataforma Convención para el Futuro, liderada por Antoni Castells y Raimon Obiols, ha dado cabida a esos herederos de Maragall.
Hace 30 años que Unió y Convergencia mantiene una difícil convivencia en la que cíclicamente se habla de ruptura o fusión. Pero en esta ocasión, dirigentes nacionalistas han reconocido que la federación estuvo al borde del cisma. El motivo ha sido el recelo que despierta en CDC el presidente de UDC, Josep Duran Lleida, cuya candidatura y estrategia en las próximas generales fue cuestionada por algunos dirigentes convergentes. Artur Mas y Duran firmaron una tregua en julio, pero tarde o temprano, tendrán que abordarse de nuevo el futuro de CiU.
Pero también ha habido tensiones dentro de cada socio. La aparición de sectores críticos dentro de Converg_ncia ha obligado a Mas a dar un giro soberanista a través de un proyecto de refundación del catalanismo basado en el derecho a decidir. donde no se descarta la independencia. Asimismo, ha encumbrado a Oriol Pujol como portavoz parlamentario y a Felip Puig como número dos del partido. Ambos se definen como independentistas y defensores de la ruptura con Unió. En UDC también ha habido momentos convulsos, como la dimisión del dirigente Daniel Ortiz, promesa socialcristiana que abandonó el partido por sus discrepancias con la dirección de Unió.
ERC: El efecto Carretero. El sistema asambleario existente en ERC supone una caja de resonancia de las corrientes internas del partido, cuyo descenso electoral ha agudizado la clásica rivalidad entre Josep Lluís Carod-Rovira y Joan Puigcercós. Formar parte del Gobierno tripartito ha erosionado el liderazgo de ambos dirigentes, a quienes las bases ven demasiado sumisos al PSOE. Esa obediencia ha pasado factura a los republicanos, quienes de momento acallan a su militancia más extrema con una promesa de referéndum en 2014.
Pero la gran convulsión vivida en ERC vino de la mano del ex consejero de Gobernación, Joan Carretero, líder de Reagrupament.Cat, plataforma crítica que se presentó oficialmente el pasado 30 de junio y que propone el relevo de la dirección actual del partido. Más de 800 militantes de ERC han sucumbido ya al "efecto Carretero". La oposición a la gestión de Carod y Puigcercós también ha dado lugar a la constitución de Esquerra Independentista, dirigida por Uriel Bertran, quien abandonó la ejecutiva de ERC al entender que se han traicionado las esencias del partido. Fue precisamente este sector el que puso en jaque a la dirección de ERC en la convención celebrada en octubre, donde casi la mitad de la militancia votó a favor de revisar el pacto tripartito de Govern.
Con la dimisión de Josep Piqué se puso fin a las convulsiones internas que provocaba el difícil encuadre del catalanismo moderado que representaba el ex presidente de los populares catalanes. El denominado "efecto Piqué" no ha cuajado y, a juzgar por otros episodios críticos registrados en esta formación, todo parece indicar que la experiencia estaba condenada al fracaso. El alúd de dimisiones en el PP de Girona ya puso en tela de juicio el discurso moderado del ex presidente Piqué. Unos setenta militantes enviaron una carta al presidente nacional del partido, Mariano Rajoy, en la que le instaban a adoptar "medidas urgentes" para frenar la descomposición del partido en esta provincia.
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