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Las ventas de cigarrillos aumentan en Badajoz pese a la Ley Antitabaco

21:04:40 - 02/12/2007Vocento VMT -Hasta octubre de este año se ha despachado más que en los diez meses siguientes a la entrada en vigor de la normativa
El Gobierno, a través del Ministerio de Sanidad, se propuso hace ya casi dos años bajar los malos humos a los españoles, pero no lo ha logrado, al menos en Badajoz, a la vista de la evolución de las ventas de cigarrillos en la provincia. No sólo no se han reducido, sino que incluso en lo que va de año han crecido ligeramente respecto al año pasado. Los estanqueros, sin embargo, aseguran que el negocio se ha resentido en buena medida.
El 1 de enero de 2006 entraba en vigor la polémica Ley Antitabaco que impone duras limitaciones al consumo y restringe los espacios en que los fumadores pueden satisfacer su adicción. En los primeros meses de su aplicación, el consumo sufrió un ligero retroceso en Badajoz, pero poco a poco han ido restableciéndose.
Según las cifras facilitadas por el Comisionado para el Mercado de Tabacos (CMT), hasta el 31 de octubre de este año los estancos de la provincia habían despachado 55.344.335 cajetillas, 756.000 más que en el mismo período del pasado año, es decir un aumento del 1,4 por ciento. De continuar la tónica de estos meses, el ejercicio se mantendrá en las cotas de los últimos años.
Los totales anuales se mantienen bastante parejos. Así, de los casi 66,5 millones de cajetillas en 2005 se pasó a 66,4 en 2006. Traducidas a euros los montantes ascienden a 138,5 millones y 143,6, respectivamente. Los ingresos hasta finales de octubre de este año rebasan los 134,5 millones de euros.
Los fumadores no parecen dispuestos a abandonar el hábito y siguen acudiendo a las expendedurías en busca de su ración de nicotina. Como Yolanda Guzmán, que, como cada día desde hace 15 años, acaba de adquirir su cotidiano paquete de cigarrillos en el estanco de Sinforiano Madroñero. «A estas alturas me da igual que haya o no una ley. Lo tengo muy claro: voy a seguir fumando, sencillamente porque me gusta. Por supuesto, respeto las prohibiciones y me aguanto si no puedo encender un pitillo en los sitios donde no está permitido», confiesa mientras desenvuelve la cajetilla.
Los planteamientos de esta pacense no han de apartarse demasiado de los de otros muchos hombres y mujeres que por muy diversas razones siguen fumando a pesar de las advertencias sobre los riesgos que supone para la salud el humo del tabaco.
Los datos del CMT, organismo dependiente del Ministerio de Economía y Hacienda, ponen de manifiesto que la Ley Antitabaco no ha hecho demasiada mella ni en las conciencias ni en el negocio de los estancos. Sin embargo, quienes regentan estos establecimientos coinciden en reconocer que las ventas se han resentido.
En el caso de Ángel Hernández, titular de una expendeduría en la avenida de Santa Marina de Badajoz, la campaña que se ha emprendido contra el tabaco está perjudicando su actividad. «Claro que estamos teniendo menos venta desde que salió esa ley», admite, aunque no podía cuantificar en qué porcentaje.
Para este estanquero resulta desconcertante la política del gobierno que -enfatizó- «nos está machacando». Ángel Hernández no entiende cómo «por un lado quiere que la gente siga comprando tabaco, porque recauda mucho dinero con los impuestos, pero que no lo fumen. O sea, que se tiren los paquetes a la basura sin abrir. Absurdo», argumenta.
Aunque no oculta que el tabaco es perjudicial para la salud, está convencido de que «hay otras muchas sustancias que también hacen daño y no se prohíben». En este sentido se pregunta: «¿Qué echan a la carne que comemos?».
También José María Álvarez, dependiente en el estanco de la calle Díaz Brito, ha apreciado que las ventas «han bajado un pelín» desde la entrada en vigor de la Ley Antitabaco, Según afirma, en los primeros meses de su aplicación «hubo una caída muy fuerte, pero poco a poco se fueron recuperando».
En la estabilización ha podido influir el hecho de que «los de atrás vienen empujando», dijo refiriéndose a los jóvenes. El abandono de muchos fumadores veteranos se ha compensado con la incorporación de los nuevos. «Por alguna razón, a los jóvenes siempre les atrae fumar», apostilló.
Otro factor que ha podido influir en el sostenimiento de las ventas es la fidelidad de las mujeres, más firme que la de los hombres al decir de los estanqueros. Según los consultados, los clientes habituales son en su mayoría mujeres de entre 30 y 40 años.
Por lo que a la capital pacense respecta, las cifras de venta deben reservar una importante cuota a los clientes del vecino Portugal. Muchos fumadores de las localidades fronterizas suelen abastecerse de tabaco en los estancos de Badajoz al ser los precios algo inferiores.
Lo reconoce Jerónimo Conejo, que regenta la Cava Real en la avenida Sinforiano Madroñero, cuyo establecimiento se ve frecuentado por clientes portugueses. «Tal vez debido a nuestra ubicación, las ventas que hacemos se deben en buena parte a los portugueses que adquieren cantidades importantes de tabaco por la diferencia de precios. Según las marcas pueden ahorrarse entre 50 y 60 céntimos por cajetilla», explica.
Con esa ganancia, los clientes alentejanos suelen hacer acopio de varios cartones, con lo que pueden embolsarse hasta 24 euros en el mejor de los casos con respecto a su país. «Las normas no permiten pasar la frontera con más de cuatro cartones por persona», puntualiza Conejo.
Las compras masivas de tabaco en España por parte de extranjeros hacen complicado determinar si realmente el número de fumadores ha descendido, se mantiene o sube. El Comité Nacional para la prevención del Tabaquismo sostiene que el consumo ha descendido un 10 por ciento desde 2006, aunque las ventas de tabaco permanecen prácticamente invariables.
La discrepancia con las cifras del CMT obedece, según este comité, a que un importante volumen corresponde a turistas y personas extranjeras de zonas limítrofes que se desplazan «expresamente a nuestro país para adquirir tabaco incentivados por el considerable diferencial de precios».
Si, según el comité, España es el «gran estanco» de la Europa occidental, Badajoz lo es de una buena parte del Alentejo portugués. Las adquisiciones de los fumadores provenientes de esa zona distorsionan en gran medida las cifras e impiden obtener una idea cabal sobre la dimensión del tabaquismo.
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