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- NOTICIA FINAL
Una de las travestis que ejercen la prostitución en la Circunvalación cuenta su vida

09:18:28 - 09/03/2008VMT -Sueña con dejar este mundo y abrir un negocio propio
Se llama María, suma 30 años y tiene cuerpo de hombre. Es una de las tres travestis que ejercen la prostitución en la Circunvalación. Nació en un pueblo de Extremadura, lleva vendiendo su cuerpo desde que cumplió 18 y hace dos meses comenzó a hacer la calle en su provincia natal. Ni su madre ni ninguno de sus familiares sabe a qué se dedica. Piensan que es bailarina y ella no tiene fuerzas para decirles la verdad. Dentro de unos días se marchará a Madrid, donde tiene fijada su residencia y su lugar de trabajo: La Castellana. Allí estará tres meses, después ejercerá en Amsterdam, pasado un tiempo se marchará a Argentina y se operará de la nariz.
Se va de un sitio a otro para que los clientes no se cansen de ella. Su cuerpo es casi natural. Toma hormonas, se ha eliminado el vello facial y corporal con láser y se ha implantado los senos de silicona. El resto está como se lo mandó la naturaleza. Y no piensa cambiarlo. En la noche del jueves se abrigaba con un chaquetón que le tapaba el escueto tanga y el top que vestía, unos vaqueros a modo de zahones le permitían enseñar su ropa interior y unas finas botas de tacón de aguja le hace parecer todavía más alta de lo que es. En definitiva, una rubia despampanante.
No tiene problemas en contar su historia. Es agradable, habla con propiedad y tiene la cabeza en su sitio. Sueña con dejar este mundo y montar un negocio, aunque todavía no sabe de qué. Hasta entonces, seguirá dando vueltas por el mundo. La primera vez que aceptó dinero fue en Palma de Mallorca. Recuerda que allí pasó muchas necesidades y da las gracias a Cáritas por la ayuda que le prestaron. Desde entonces, ha ejercido en Pamplona y otras ciudades del norte. La última vez que le dieron una paliza fue la noche de Reyes. El 5 de enero, un chico joven con gafas y pinta de niño bueno la invitó a subir a su coche. Le dijo que la iba a llevar a los bajos del río. Una vez allí se percató de que había otros dos chicos escondidos, ella dijo que se quería ir de allí y comenzó la paliza.
Los golpes, las patadas y los empujones de los tres le reventaron la cara. Cree que la querían tirar al río, pero consiguió escapar y se encontró a la Policía por la Circunvalación, que buscó a los agresores sin éxito. La llevaron al hospital y allí dieron parte de las lesiones. Ella se negó a denunciar. No sabía la matrícula del coche, ni el nombre de su supuesto cliente. Ya han sido muchas las palizas que ha recibido y la última fue de las más suaves que ha recibido. "Las he pasado canutas". Otras veces, aunque han sido las menos, un hombre le pagó para que escuchara sus problemas.
Hace años estuvo enganchada a la droga, pero salió y ahora reconoce que de vez en cuando se "coloca". La noche arrastra al consumo. Ha perdido la cuenta de la cantidad de veces que le han obligado a tomarla. En la palma de una mano le ponen la cocaína y en la otra un fajo de billetes. Si quiere el dinero tiene que esnifar. Con el tiempo ha aprendido algunos trucos. Se moja el dedo y al hacer como la que inspira los polvos se los queda en el dedo. Estos clientes suelen acudir "puestos" y se excitan si las ven hacer lo mismo. No sólo son hombres los que acuden a buscarlas. También matrimonios y parejas.
Una de las primeras reglas que aprendió es que no pueden llevar un perfume demasiado fuerte. Los hombres las rechazan porque sus esposas o parejas pueden descubrir que han estado con otra mujer gracias al olor. María vive con el horario al revés. Se levanta a las cinco de la tarde, empieza a trabajar sobre las diez de la noche y se acuesta pasadas las nueve de la mañana. Pasó una época trabajando en una casa. Allí estaba más protegida, pero tenía que dar el 50 por ciento de lo que ganaba a la propietaria y la humillaban. "Aquí hago lo que me da la gana y me pongo brava cuando quiero. Rechazo a quien quiero cuando quiero".
Reconoce que alguna vez se ha enamorado de sus clientes. Dice que ya ha escarmentado. Los que se han acercado a ella le han sacado el dinero. "Nosotras ganamos mucho y les podemos comprar colonias caras y pantalones de marca". Ahora desconfía de los hombres que le quieren tratar como una reina. Sabe que lo viene después es todo lo contrario. A veces la confianza también ha hecho que baje la guardia y le han robado. Cuando se va a la parte de atrás del coche, arrancan y las dejan sin el bolso. Se llevan la caja de la noche.
En Madrid gana bastante más que en Badajoz. Allí ha llegado a sacar hasta 3.000 euros en una sola noche, aunque lo normal son 500 ó 700. Aquí la semana le reporta unos 400 ó 500 euros. En Amsterdam consigue esa ganancias en dos horas. Los billetes se disparan, pero también tiene que gastar más en todo. "No hay ni punto de comparación entre ejercer en Amsterdam y Badajoz. Esto está fatal". Sin embargo, aquí están más protegidas por la Policía. Les preguntan si tienen problemas y se interesan por ellas. "En Madrid pasan de una, a menos que les llamemos por algo".
Dice que la sociedad las rechaza y que no deja más alternativas a los travestís que la prostitución. "No nos dan trabajo y tenemos que sacar dinero, ya que la Seguridad Social no se encarga de las prótesis que necesitamos", concluye María.
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