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Sólo en una cafetería de la ciudad no se puede fumar

13:09:45 - 11/12/2007Vocento VMT -El Venero sigue aplicando, casi dos años después, la Ley antitabaco
En la cafetería El Venero siguen tostando 300 bollos cada mañana y migando 50 panes al día, como ocurría hace dos años. Abren muy temprano, sirven rápido y nunca han faltado clientes, ni hace dos años ni ahora. La única diferencia es que los camareros tienen mejor salud "y ya no hace falta pintar el techo, que se ponía negro cada dos por tres y mira qué blanco está", dice Cándido Rodríguez, encargado de este bar, el único de la ciudad que resiste a la Ley anti-tabaco. Cuando llegó el 1 de enero del 2006 los dueños de las cafeterías se debatían entre dejar fumar a sus clientes o no. Los empresarios que guardaron los ceniceros y se propusieron convertir su negocio en un espacio libre de humos volvieron a sacarlos a los pocos días mientras se apresuraban a cambiar el cartel de "prohibido" por el de "se puede fumar".
Mantener la clientela o que se vaya a fumar a otro bar, ésa es la cuestión para los 361 cuatrocientos bares y cafeterías que hay en Badajoz, y que, teniendo menos de cien metros cuadrados (aproximadamente el 10 por ciento), eligieron ser un local de fumadores.
Para no perder su cuota del mercado la cafetería Flash, junto a San Francisco, tuvo que cambiar de política. Era conocida por sus tortitas con nata y después pasó a serlo porque allí no se podía fumar. El 9 de enero del 2006 uno de sus propietarios atendía orgulloso a los medios y declaraba que en su local la calidad del aire que se respiraba era mejor. Pero la caja manda. Flash resistió como espacio libre de humos seis meses, explicaba ayer otro de los socios, Raimundo Caldera. "La Ley sólo se notó al principio y los dos primeros meses era el tema diario de conversación. Unos protestaban porque querían fumar y era algo cansino, pero lo peor fue los que directamente dejaron de venir. Se notaba en horas punta como antes de abrir las tiendas, ya que la gente viene aquí a tomarse el café y fumarse su cigarro. Tuvimos que volver a permitir fumar, no había más remedio". El caso de El Venero es una excepción, aunque tiene mucho que ver que prácticamente sólo se dediquen a los desayunos. Cierran a las 12.30 horas.
Cándido Rodríguez reconoce que "al principio teníamos miedo", pero tomaron la decisión teniendo en cuenta que de los seis camareros cinco no fuman y el jefe es asmático y salió bien. "De los compañeros ahora siempre va el mismo a sacar los cubos para echarse su cigarrito y es cierto que los clientes ya no se quedan un rato después del desayuno a charlar con nosotros porque quieren salir a fumar, pero hay que tener en cuenta que esto no es un pub o un restaurante, sino que aquí la gente viene de paso y se va. El tiempo medio que permanece un cliente es de quince minutos y se puede aguantar sin fumar".
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