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Jubilados cacereños transmiten su experiencia agrícola a escolares

10:03:52 - 18/03/2008VMT -Once alumnos participan en la actividad "un niño, un abuelo" que organiza la Universidad Popular en una finca de la Ribera del Marco
Juan sabe bien de dónde salen las lechugas. No de las bolsas de ensaladas listas para comer que venden en el súper, sino de la tierra, una tierra que ayer pisoteaba con botas gordas y colonizaba con su azada. El tópico del niño urbano se diluye observando a este chico de nueve años, que parece un experto en frutos de la huerta, en su siembra, cuidados y recolección. "He plantado patatas, habas, cebollinos, nabos, lechugas", dice a voces, como un auténtico hortelano, poco antes de salir pitando con su cabellera negra manchada por un mechón rubio de lo más grunge. Difícil sostenerle dos minutos seguidos en el mismo sitio. Va en busca de otro Juan, un jubilado de 68 años, su maestro en materia agrícola, en la esquina de un terreno fragmentado que parece una alfombra hecha de retales comestibles.
Aquí cebollas, allí tomates, en el otro lado un pequeño invernadero hecho con una lona verde. El intenso olor del puerro se mezcla con el de la tierra mojada. "Ven aquí, cava esto, pero ten cuidado", indicaba el Juan grande al Juan pequeño. "A veces les cuesta estar atentos, es normal, son niños". La escena se desarrollaba ayer en el bucólico espacio del huerto de ocio de la Universidad Popular, una finca en plena Ribera del Marco. Una casa solariega, frutales y 2.500 metros de huertos con la ciudad antigua de fondo.
Durante tres días, los laborables de Semana Santa, y dentro del proyecto de los talleres ambientales del Urban Calerizo, la Universidad Popular pone en marcha una actividad que pretende profundizar en la educación intergeneracional. Que los niños conozcan más a personas de la edad de sus abuelos, que les vean útiles y hereden todo, o algo, de lo que saben. Y que los mayores sepan qué ronda por esas cabezas de menos de diez años. La idea no es nueva, niños y mayores utilizan, por separado, esta huerta didáctica habilitada en el año 2005. La novedad, es que en esta ocasión lo hacen de manera conjunta.
La idea es asignar a cada niño un abuelo y que ambos trabajen juntos la tierra. En el caso de Juan y Juan el vínculo es imaginario, en el de Telesforo Martín y Bianca Martín es real. Ellos son abuelo y nieta de verdad. De esas pequeñas parcelitas que no superan los cien metros salen productos que acaban en las cocinas de los que la trabajan. En el huerto aprenden cosas básicas: a arar la tierra, a regarla y a cultivarla. Se trata de que contemplen el proceso de cada alimento y, en el fondo, de que valoren lo necesaria que es la agricultura.
Los participantes en esta experiencia son un pequeño grupo de alumnos que proceden de centros escolares colaboradores de la Universidad Popular. Luly Durán coordina esta actividad, que pretende llenar el hueco libre de los niños estos tres días de asueto antes de Semana Santa. Resalta, sobre todo, la importancia de que los menores estén en contacto y tengan acceso a conocimientos que hoy, por culpa de la vida acelerada, van quedando en desuso. ¿Quién mantiene hoy su huerta en una ciudad? Casi nadie. Si, por separado, puede considerarse una bonita experiencia la de recuperar espacios urbanos para la horticultura, cuánto más permitir el intercambio de conocimientos, asegura. Puede que más adelante esta idea piloto se aplique de una forma continua.
El programa, explica Luly, llena las mañanas. No está estrictamente ligado a la huerta de Ronda Vadillo, sino que busca explorar toda la riqueza de la Ribera del Marco, y ahondar en oficios ya casi extintos. "Los niños necesitan hacer muchas cosas, y cuatro horas no aguantan en la huerta". Ayer, después del bocata, estos once escolares recibieron un taller de cestería. Visitarán también a Luis Luengo, un ganadero de la Ribera, que les enseñará a ordeñar vacas. Él es uno de los pocos que mantiene su negocio ganadero en la ciudad. Hace un par de años, en una entrevista en este diario Luengo, de 78 años, contaba cómo vivía de dos vacas lecheras y seis o siete reses frisón, además de una pequeña huerta que explota. Eso será lo que vean los niños participantes en esta experiencia piloto. Luis Luengo está acostumbrado a estas funciones didácticas: también colabora con universitarios de Veterinaria que siguen el crecimiento y cría de las vacas.
Recientemente, en el mes de septiembre el investigador Mariano Sánchez, coordinador del proyecto Intergen, seleccionó el programa de los huertos de ocio de la Universidad Popular por ser una experiencia "única" y que merece ser expuesta en distintos puntos de España. Forma parte, junto con otros 30 proyectos, de actividades que aúnan naturaleza, ocio y convivencia entre gente de avanzada edad y de niños.
Antes del bocata y de la cestería Jorge Manuel Vázquez relataba lo emocionante de plantar patatas y habas, de quitar las hierbas, "las malas hierbas", precisaba, y de hacer un canal para regar. Ninguno parece acordarse de la videoconsola. El huerto de Ronda Vadillo presentaba ayer un curioso cuadro de alegría y experiencias cruzadas. Como en un mundo ideal en donde los mayores todavía tienen algo que contar y los pequeños escuchan, atentos. Bianca chapotea con sus botazas de goma en una acequia y nadie la regaña. Y la tierra no para de dar sus frutos.
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