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El deteriorado bloque "C" de Ródano podría reconvertirse en sede municipal
14:29:54 - 20/12/2007Vocento VMT -El Ayuntamiento comienza a borrar el estigma de este edificio con el realojo de cuatro familias
El estigma de Aldea Moret, el bloque "C" de la calle Ródano, podría borrarse tras su reconversión en edificio municipal con funciones culturales o sociales. La propuesta parece una utopía, sobre todo después de transitar por las inhóspitas tripas de este inmueble, un insalubre entorno de paredes calcinadas, tuberías rotas, buzones destrozados, restos de papelinas y papel de plata por los suelos y un olor inclasificable. Ayer, hacia las cinco de la tarde, en la entrada de este bloque había un grupo de hombres desocupados y al calor de una fogata. Al pasar a su lado miran sin más. María Torres, una de las vecinas realojadas en otra vivienda, enseña el lugar en el que ha vivido durante veinte años y que abandonará en breve por otro en el bloque "A", una digna copia, sobria pero limpia y tranquila, del deteriorado bloque "C".
Ambos tienen la misma estructura -viviendas agrupadas en torno a amplios patios-, pero en el "C" parece haberse librado una guerra. Antes de llegar al que pronto dejará de ser su piso hay que cruzar pasillos ennegrecidos, esquinas con papeles, bolsas, restos de comida o colillas, un sofá destrozado, pintadas. Una casa sin puerta con gente que entra y sale o se arremolina al fondo de un pasillo con bombona de butano de por medio. La droga va y viene de una forma invisible pero lo suficientemente patente en este inmueble social, propiedad del Ayuntamiento, igual que el resto de las 400 viviendas municipales cuya situación se intenta regularizar. María Torres llevaba ya dos años esperando este cambio, por eso en su antigua casa las inversiones habían sido mínimas en los últimos tiempos.
El proyecto de "limpieza" del bloque "C" lo perfilaron ayer la alcaldesa de Cáceres y la concejala de Bienestar Social durante el acto protocolario de entrega de llaves y escrituras de cuatro inquilinos "legales" de este bloque, que serán realojados en otros inmuebles del barrio. Lo de ayer fue el principio de una asignatura pendiente desde hace años: eliminar los síntomas más visibles de marginalidad y delincuencia que han marcado a fuego la imagen de Aldea Moret, un barrio histórico, popular y humilde de la ciudad. Además de las cuatro familias de ayer otras cinco serán realojadas a principios de año, hasta llegar a las veinte que viven legalmente en el bloque "C".
Después comienza la fase más dura de esta vuelta a la dignidad de la calle y del barrio: se desalojará a "los ilegales" y se debatirá qué hacer con el edificio, que nunca más albergará viviendas y que puede que se destine a dependencias municipales aún no muy concretadas. Carmen Heras advirtió que "no le temblará el pulso" a la hora de ordenar el desalojo de los inquilinos ilegales. El estado inhabitable de este inmueble se debe a la situación de irregularidad en los contratos de la mayor parte de sus viviendas, que se adjudicaron a través de contratos privados de compraventa pero sin formalizarse la escrituración. Eso explica también la imposibilidad de haber realojado a más familias en esta primera fase, que contemplaba un total de nueve. Las ocupaciones ilegales, las personas ilocalizadas, los fallecidos, las renuncias y las rupturas matrimoniales han sido trabas a la hora de allanar el camino y regularizar la situación.
María Gómez abre la puerta de un piso resplandeciente en la Plaza 1º de mayo, también el Aldea Moret. "Estamos rompiéndonos la cabeza para ver cómo metemos aquí los muebles", señala. Madre de diez hijos y abuela de diez nietos dice estar feliz. En el bloque "C" vivía al lado del piso en el que hace casi dos años apareció una mujer muerta y emparedada. Auxiliar de asistencia en domicilio y casada, Gómez está contenta de haber salido ya no solo de ese edificio, sino de la calle en sí. "Lo hemos pasado muy mal, hemos pasado mucha vergüenza, mis hijos han tenido problemas cuando en las entrevistas de trabajo decían que vivían en el bloque "C", a veces lo ocultaban y decían que vivían en la Avenida", señala María, que pagará 140 euros al mes por esta nueva vivienda. "Yo mi casa la tenía bien, pero lo malo era llegar hasta la casa. Me daba vergüenza que viniera gente a mi casa, o que vinieran mis consuegros y vieran el estado en el que estaba la escalera", asegura. "Había ratas, un olor terrible". Y mucha gente a la que no se le podía considerar vecinos. Personas entrando y saliendo con destino imprevisible. María y su marido vivirán tranquilos en su nuevo piso de tres habitaciones. Ya sólo dos de sus hijos viven con ellos, aunque nunca les falta gente. "A ésta nieta la tengo siempre aquí", asegura acariciando a una niña de pelo negro.
La familia de María Gómez en pleno ayer tenía la impresión de estar inaugurando una nueva era en sus vidas. "Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo", se despiden alegremente desde la puerta. "Que nos toque la lotería, y la felicidad sería completa".
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