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Las cenizas del adiós

10:37:52 - 20/01/2008VMT -Amigos de todas partes y compañeros de la Universidad de Oviedo despidieron a Ángel González "con sencillez" en El Salvador, " como él lo hubiera querido", según su viuda

Este amor, ya sin mí, te amará siempre". Bajo ese extraordinario mensaje de querer infinito reposan desde ayer las cenizas de Ángel González. Bajo la lápida que marca esas palabras como su última voz las depositó su viuda, Susana Rivera, que llegaba a mediodía al cementerio de Oviedo abrazada a la urna verde que el poeta había pedido enterrar al lado de sus padres, en el panteón familiar de El Salvador. En torno a su mármol, donde para siempre quedará esculpido su nombre, bajo un sol de primavera de este primer invierno sin él, se reunió más de un centenar de personas. Sus queridos amigos de Oviedo, sus compañeros de universidad, su emocionada pandilla de Madrid, hasta el limeño Bryce Echenique y el jerezano Caballero Bonald, acudieron a esta última cita, participando de un acto "sobrio y sencillo", el acto "que Ángel hubiera querido", en palabras de su viuda. Un acto de despedida que fue también homenaje a sus versos.

A los conocidos pusieron voz sus amigos de casa. Josefina Martínez, tras una carta de recuerdos en la que mentaba a su querido Emilio Alarcos, recitó "Entonces", del poemario "Prosemas o menos", despertando las lágrimas primeras. José Luis García Martín ponía después toda su alma en uno de los homenajes que González dedicó a Blas de Otero, "Una voz era paz o luz o acaso" (de "Muestra corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan"). Siguió a Martín, a los pies de la tumba, Luis García Montero, acompañado de Almudena Grandes y de su hija, que no paró de llorar. Al poeta granadino le tocó la difícil misión de leer en público la carta que Ángel González le dejó en custodia para que fuera hecha pública tras su marcha.

"Querida Susi, alguna vez tenía que ser, esto no hay quien lo evite", comenzaba el poeta de "Tratado de urbanismo", pidiéndole entre líneas a su esposa que fuera feliz y dejándole "un beso muy largo, interminable" como definitiva despedida.

Fue aplaudido Montero o mejor dicho González por esta última carta de amor a Susana, urdida en plena vida, para leer a su muerte. Pero la admiración volvió a oirse en el cementerio cuando, para cerrar el acto, el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, dio lectura a uno de los poemas inéditos de Ángel González y que, según contó, había prometido hacer público hoy, en el pleno de la RAE, en la que el poeta fallecido ocupaba el sillón "p", heredado de Julio Caro Baroja. Un poema que el académico definió como "de cierre", aunque lleno de "esperanza".

Capitaneando el adiós, con voz firme, el ex alcalde de Oviedo y albacea de Ángel González, Antonio Masip, fue dando paso a cada uno de los lectores que tras los vesos de Ángel González fueron depositando rosas rojas, repartidas por el Ayuntamiento de Oviedo, sobre la que ya era también su tumba.

Un trío que se rompe

Durante el acto del cementerio sólo se oyeron en voz alta las palabras del poeta. Pero al término, ya a las puertas del camposanto, fueron varios los amigos que no dudaron en recordar los fuertes lazos que les unían. Entre ellos Alfredo Bryce Echenique, quien contó que el poeta asturiano, él y Sabina, bajo gafas negras y cariacontecido durante toda la ceremonia, tenían planteado hacer una gira en común de poesía y música, pero "el trío ahora se rompió", señaló emocionado. "Serían conciertos para insomnes", decía el limeño, "una aventura que desgraciadamente se ha estropeado", añadía Sabina.

El cantante, como todos los presentes muy amigo del poeta, no quería hablar demasiado, pero paró un segundo su marcha para comentar: "Se ha ido una de las personas que no deberían morirse nunca". También desveló Sabina su intención de crear el "Día de Ángel" en la próxima Semana Negra, cita a la que, tanto él como el poeta fallecido, eran totalmente fieles.

Junto a Sabina y muy afectado, decía adiós a don Ángel, otro poeta, Benjamín Prado, que dejó caer alguna lágrima junto a la hija de Almudena Grandes. No quisieron faltar tampoco Chus Visor, quien contaba que el autor asturiano acababa de cambiar de ordenador, porque el viejo se le había estropeado y, por eso, sus últimos versos no los había leído "nadie". Al parecer, González bromeaba diciendo que era poesía infantil.

Miguel Ángel Aguilar, Manuel Lombardero, Miguel Munárriz, José Luis Balbín y también el rector de la Universidad de Oviedo, Juan Vázquez, fueron presencias destacadas. "Parece que el poeta quiso acabar su vida en el lugar por donde la empezó", decía el último. "

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