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La sanidad pública hunde la credibilidad de Touriño

10:41:28 - 27/04/2008VMT -Han sido uno de los caballos de batalla de la oposición, y una de las estrategias de marketing de la Consellería

Ni siquiera toda la propaganda oficial de la Xunta y los dos partidos que sustentan el degradado gobierno bipartito son capaces de negar lo evidente: la sanidad es uno de los puntos negros del Ejecutivo que preside Emilio Pérez Touriño, y uno de los filones por donde el Partido Popular ejerce su labor de oposición. Tan es así que la incapacidad para dar respuesta a las situaciones que genera la red pública sanitaria llevó al presidente gallego a mentir abiertamente en el Parlamento esta semana.

El miércoles el jefe del Ejecutivo "negaba la mayor" ante la existencia de listas de espera cerradas en los hospitales de Ourense y Monforte para pruebas diagnósticas en diversas especialidades. A las 24 horas, reconocía su existencia y las maquillaba bajo el eufemismo de "disfunciones puntuales", que sus gregarios socialistas se encargaron el viernes de volver a matizar para devolver la pelota al tejado del PP.

No le queda otra al titular de la Xunta, porque en tres años, la Consellería de Sanidad que dirige la socialista María José Rubio ha ido consumiendo el crédito de su gobierno. El "gobierno del cambio" no ha producido modificación alguna en el Sergas, donde nada va mejor que antes de la llegada del bipartito.

Han sido uno de los caballos de batalla de la oposición, y una de las estrategias de marketing de la Consellería. Trimestralmente se ofrecen los datos de espera media en los distintos hospitales. A día de hoy todavía no se han hecho públicos los del primer trimestre del año 2008.

Además, en los últimos dos años el PP ha revelado la existencia de listas ocultas en hospitales como el CHOP pontevedrés o el Xeral Cíes vigués, donde se "escondían" entre el 50 y el 60por cien de los pacientes, para así cuadrar las cifras que se ofrecían a la opinión pública. Además, se articuló una estrategia de comunicación que prohibía terminantemente a los gerentes de los centros dar ningún tipo de información, que debería pasar obligatoriamente por la Consellería.

Las maquinaciones de Sanidad para maquillar las listas de espera llevaron hasta el extremo de adelantar operaciones quirúrgicas de menor importancia en detrimento de enfermos de cáncer en los complejos de Vigo y Pontevedra, que tuvo que ser admitido por el departamento de Rubio Vidal tras llenar portadas y páginas de los periódicos de Galicia.

El colapso sanitario llevó a una situación jamás vivida en la Comunidad, la existencia de listas de espera en la atención primaria. El escándalo, que reveló el diputado popular Miguel Santalices, hablaba de tres y cuatro días de media para ver al médico de cabecera, con casos de hasta una semana de espera. Esta situación condujo a la saturación de los servicios de urgencia en numerosos hospitales, que en estos tres años pasó de ser fruto de brotes puntuales a una situación generalizada en los centros.

La última situación denunciada es el "ya le llamaremos", esto es, las listas de espera cerradas para los pacientes, que acuden a las ventanillas de admisión y se vuelven a casa sin saber cuándo serán operados o recibirán la prueba diagnóstica que les fue prescrita. En ocasiones, citas para ginecología o radiología acumulaban esperas cercanas a los dos años.

La solución de la Consellería se anuncia en la próxima Ley de Salud de Galicia, que proclama el fin del modelo de fundaciones creado por el PP, pero que sin embargo, no incluye -como demanda la oposición- un límite de tiempos máximos de espera para consulta u operación de 45 y 60 días, respectivamente.

Si el fracaso en materia de gestión de recursos es notorio, el de personal no lo es menos. Todos los colectivos del sistema, sanitarios o no, se han puesto en huelga en lo que va de legislatura, y según los sindicatos, se prevén más movilizaciones si se consolida la imposición de la movilidad forzosa que recoge la nueva Ley de Salud, actualmente en trámite en el Parlamento.

Por si fuera poco, ni siquiera hay estabilidad entre los mandos directivos de la Consellería. Hasta trece altos cargos han sido cesados o se han marchado a la vista del estado de la sanidad pública: un secretario xeral del Sergas, otro de la Xunta, un director xeral y diez gerentes hospitalarios han abandonado el barco en el que sólo resiste Rubio Vidal, a quien Pérez Touriño mantiene a capa y espada. Incluso hasta el punto de faltar a la verdad en el Parlamento.

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