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Decenas de miles de fieles veneran al Cristo de Medinaceli tras hacer colas kilométricas
20:36:45 - 08/03/2008VMT -Los feligreses esperaban pacientes a lo largo de las calles de Jesús, Fúcar, Atocha y hasta llegaban al paseo del Prado
"Me puse en la cola a las cinco de la mañana, pero ya estoy a punto de entrar y merece la pena". Así hablaba ayer Mercedes, una vecina de Fuenlabrada, a las puertas de la Basílica de Jesús de Medinaceli, en el madrileño barrio de las Letras. Mercedes llevaba más de seis horas de cola parar poder besar la imagen del Cristo, tradición que tiene lugar cada año el primer viernes de marzo.
Igual que ella, miles de feligreses desafiaron ayer el frío y las larguísimas colas para acercarse a la talla, ante la perplejidad de algunos vecinos y de los viandantes más jóvenes que preguntaban asombrados: "¿Que regalan aquí?". Lejos de los despistes de algunos, los más de 400.000 devotos que pasaron por la Basílica tenían claro su objetivo: venerar al Cristo de Medinaceli, uno de los más reverenciados de Madrid. Larga espera
La cola para acceder al templo era, al mediodía de ayer, kilométrica. Los feligreses esperaban pacientes a lo largo de las calles de Jesús, Fúcar, Atocha y hasta llegaban al paseo del Prado. Los más previsores se instalaron con sus sillas plegables en las inmediaciones del Templo hace más de una semana, pasando las noches al raso. "Esto se cuenta y no se cree", afirmaba Flora indecisa ante la enorme cola en la que había desde gente en chándal hasta grupos de señoras envueltas en abrigos de visón. Algunos, primando la picaresca sobre la fe, vendieron los primeros puestos a cambio de dinero, "entre 50 y 200 euros suele pagarse", confirmaba una señora.
Los voluntarios de la cofradía, encargados de gestionar la jornada de peregrinación, abrieron las tres puertas de la Basílica —la principal, la de los miembros de la cofradía y la de las peregrinaciones— , pero ni siquiera así consiguieron evitar las aglomeraciones que se repiten año tras año.
"Aunque cada año parece que viene más gente, yo creo que ya hemos alcanzado el tope, porque es imposible que entre más gente", afirmaba el Padre Ángel, un fraile capuchino que a sus 76 años lleva 39 presenciando el tradicional "besapiés" al Cristo, una talla del siglo XVII de la escuela sevillana.
El Padre Ángel, orgulloso al ver la cantidad de fieles que mueve la fe hacia Jesús de Medinaceli, explicaba que en esta peregrinación se da una circunstancia muy particular: "la mayoría de la gente no viene a pedir, sino a dar las gracias por cosas que ya ha concedido, pequeños milagros que cada uno sabe".
El motivo que lleva a los fieles en masa hasta la Basílica este viernes y no otro es que, como manda la tradición, es el primer viernes de marzo cuando los devotos pueden besar no solo el pie derecho de la talla, sino también el izquierdo, "el que más suerte da", según la mayoría de las feligresas. Los fieles piden tres deseos al Cristo y éste les concede una de las peticiones. Entre los más solicitados, los presentes recitaban la salud, para ellos mismos y para sus familias, aunque no faltaban quienes, desde un punto de vista más materialista, apuntaban hacia mejoras salariales o ingresos extras; y hasta por el bienestar de su mascota pedía Carmen, una jubilada que venía de Toledo.
Y es que durante la jornada de ayer llegaron más de 500 autobuses procedentes de toda España, no sólo de Madrid y sus alrededores. para venerar al Cristo. Procedentes de Barcelona, Ciudad Real o Albacete, entre otras localidades, la mayoría de los asistentes visitan el templo sólo una vez al año, pero otras personas, como Pilar, natural de Guadalajara, aseguraban que cada viernes acuden al "besapiés" del Jesús de Medinaceli como promesa.
Sobre las 13.00 horas, continuando la tradición, se personó en el templo la Infanta Doña Margarita junto con su marido, en representación de la Familia Real, que acude a la Basílica desde hace tres siglos. El año pasado fue la Infanta Cristina la que acudió a rezar ante la imagen, en 2006 la Reina Doña Sofía y en 2005 fue Su Majestad el Rey el que acudió al templo después de una década de ausencia. El alcalde de M adrid, Alberto Ruiz-Gallardón, no faltó tampoco a la cita anual con el Cristo.
Las horas de espera y la avanzada edad de muchos de los asistentes motivó que diez personas tuvieran que ser atendidas por los sanitarios de Emergencias, aunque por cosas sin importancia. La mayoría eran personas que sufrieron lipotimias o subidas de tensión. Durante todo el día se sucedieron las Eucaristías, cada hora o cada media hora. La misa de las 20.00 horas estuvo presidida por el arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española Antonio María Rouco Varela, quien durante la homilía tuvo un recuerdo para la familia de Isaías Carrasco, el concejal asesinado por ETA en la localidad guipuzcoana de Mondragón.
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