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El Madrid más castizo, en miniatura
16:42:07 - 10/01/2008VMT -La exposición «Rincones», del artista Miguel Yunquera, que estará hasta el próximo 31 de enero en el centro cultural Antonio Machado
Si usted fue joven o niño entre los años 1940 y 1950 y quiere recordar el olor a betún, a pan caliente, a aceitunas y escabeche o, por qué no, al carajillo de los bares no tiene más que pasarse por la exposición «Rincones», del artista Miguel Yunquera, que estará hasta el próximo 31 de enero en el centro cultural Antonio Machado, en el distrito de San Blas. En el caso de que su niñez o su juventud fueran de otros años, no importa. Aquí disfrutarán con cuarenta miniaturas que recuerdan los establecimientos y los comercios habituales de aquel entonces.
Tiendas, bares, ultramarinos, clínicas, cines —como el Cinema Paradiso—, vaquerías, librerías... Todas sus fachadas están ahí, con ese sabor tan familiar, tan entrañable y tan castizo. «Me gusta conectar con la gente. Lo que quiero plasmar es un breve paseo por nuestra juventud y, además, trato de transmitir la estética de los comercios antiguos», manifestaba ayer Miguel Yunquera, un ingeniero de Obras Públicas prejubilado que, hace no muchos años, sintió el pálpito de dedicarse a su gran afición: el trabajo, en madera, de miniaturas.
Este madrileño, nacido en la calle del Prado en 1951, siente pena por desprenderse de sus obras. Se venden entre los 300 y los 1.000 euros pero, seguro, que el valor sentimental no tiene precio. Así ocurre con casi todas las obras que se hacen con las manos y, también, con el alma. «Las vendo —dice Yunquera— porque ya no tengo sitio en casa para todas. Pero lo hago con todo el dolor de mi corazón. No vivo de esto».
Entrar en «Rincones» es no saber por dónde empezar. Cada una de las cuarenta miniaturas llama la atención. Allí está la vieja vaquería, donde se vendía la leche por cuartillos desde cántaros panzudos, aún tibia, recién ordeñada, de vacas que convivían en el patio del local. O, más allá, la taberna, detrás de su viejo cierre de madera donde, si afinamos el oído, aún se escucha hablar de toros, de mujeres y de la vida misma. Y esa maqueta de la clínica «La Estrella» —«La salud en tiempos difíciles», reza en la cristalera— en la que se informa, con toda rotundidad, de que ahí se podían curar sífilis, gonorreas, «trichomonas», ladillas o herpes genital. Y que también tenían tratamiento de «lavajes, preventivos, análisis, venéreas y visitas médicas». ¡Menudo alivio!
Mención especial para la fachada de la Editorial Saturnino Calleja. Sí, la de «tienes más cuento que Calleja». Esa misma. Nos cuentan, incluso, su historia. Por lo visto, el padre de Saturnino, un tal Fernando Calleja, fundó en 1876 un negocio de librería y encuadernación en la calle Paz que, en 1879, compró su hijo Saturnino para convertirlo en la editorial más famosa de España.
Saturnino Calleja tuvo el acierto de lanzar dos novedades. La primera consistió en publicar grandes tiradas de libros y cuentos con un margen de beneficio muy pequeño que abarató los precios. Segunda: ilustró profusamente todo con dibujos de los mejores artistas logrando textos muy atractivos que vendía a 5 y 10 céntimos de peseta.
De camino a la salida, hay que pararse en otro de los «Rincones» mágicos: el de la Bodega Rosell. Aquí, queda escrito en la fachada, se despacha «un exquisito vermouth y un rico Valdepeñas». Que aproveche.
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http://noticias.ya.com/local/castilla-leon/14/12/2006/gordo-loteria-numeros.htmlAntes de salir, mira cómo están las carreteras.
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