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Janucá, 2.200 años de fiesta
16:13:09 - 12/12/2007Vocento VMT -Tiene 2.200 años de antigüedad y celebra la purificación y el restablecimiento del culto en el Templo de Jerusalén
Es alegre, luminosa y divertida. Tiene 2.200 años de antigüedad y no celebra tanto la victoria militar de los judíos sobre los griegos en el año 160 antes de Jesucristo, sino la purificación y el restablecimiento del culto en el Templo de Jerusalén. Fiesta en estado puro. Su nombre: Janucá. Ayer culminaron ocho días de jolgorio para los judíos, entre ellos los 16.000 que residen en Madrid.
Janucá ("Luminarias" o Consagración) es, en realidad, el nombre del candelabro de nueve brazos (4 a la derecha, otros 4 a la izquierda y uno más alto en el medio) típico de la tradición judía. La fiesta se inició hace ocho días. Cada jornada se iba encendiendo una de las velas (o de los brazos) hasta que ayer, a modo de traca final, se encendió la última de esas velas. Ocurrió en plena vía pública, junto a la sede de la Comunidad Judía de Madrid, en el número 3 de la calle Balmes.
Allí, el rabino Bendahan condujo el rito. Un Janucá de bronce dorado de más de un metro de alto quedó, ya iluminado, a la vista de todos los viandantes. Después, en el interior, los rezos, los discursos, la música y la gastronomía. De esta última, se dio buena cuenta de los buñuelos de viento sefardíes, las berlinesas ("sufganyot") y las patatas fritas en pastel ("latkes"), una especialidad de los judíos alemanes y de la Europa del Este.
"Janucá es la fiesta más moderna del calendario hebreo. ¡Sólo tiene 2.200 años!", explica Jacobo Israel Garzón, presidente de la Federación de Comunidades Judías de España. "Celebramos que Dios está detrás de todas las cosas y que interviene en la creación de todos los días. Por eso es alegre y divertida. Siempre lo hemos celebrado, pero creo que ha llegado la hora de darle una mayor proyección", añade.
Esta festividad recuerda los tiempos en los que Nicanor, un gobernador griego, introdujo en el Templo de Jerusalén la figura de Zeus. Hubo una guerra, entre judíos y griegos. Ganaron los primeros. Quedó restaurado el culto hebreo y, además, se produjo lo que se considera un milagro. Se cuenta que para conmemorar aquella victoria, había que encender, en cada casa, una lámpara con ocho candelas más una auxiliar, es decir, la Janucá.
Para las candelas del candelabro del Templo de Jerusalén se usaba un aceite de oliva puro, guardado en jarritas especiales cuyo sello acreditaba su pureza. Pero los judíos advirtieron que sólo quedaba una jarrita sin profanar y que aquella exigua cantidad de aceite duraría un día. La sorpresa fue mayúscula cuando el candelabro se mantuvo encendido ocho días, el tiempo necesario para que los sacerdotes prepararan nuevas dosis de aceite.
Las luces de Janucá, por tanto, sí hacen referencia a una victoria bélica pero, lo más importante, es su mensaje para no olvidar ni el milagro del aceite ni el momento en que quedó restaurado el culto judío en el Templo de Jerusalén.
El fervor ha impregnado, los últimos ocho días, los hogares judíos. Janucá ha acabado. Otro vendrá. Seguro.
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