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- NOTICIA FINAL
Réquiem a nuestro "Broadway"
08:17:59 - 13/01/2008VMT -La Gran Vía ha cumplido cien años, y las comparaciones, a veces, resultan inevitables
Ahora, dicen los "enterados" que la Gran Vía es la calle del Siglo porque ha cumplido cien años; aunque, así mismo deberían recordar o aprender que, cuando se trazó y se construyó dicha arteria, estaba dividida en tres tramos con distintos nombres enlazados por dos plazoletas; el primero se extendía desde la calle de Alcalá hasta la Red de San Luis, donde al nacer el Metro colocaron un ascensor de acceso a la estación de la mencionada plazoleta; se trataba de un destartalado, gigantesco y un tanto siniestro artefacto donde entraban todos los que podían caber, y alguno más; ese tramo de la calle se conocía como la del conde de Peñalver; después se extendía la Avenida de Pi y Margall, hasta el segundo redondel, siempre conocido como la Plaza del Callao, desde donde partía la llamada Avenida de Eduardo Dato que bajaba hasta la Plaza de España; esta arteria, llena de solares a un lado y a otro de ambas aceras; hasta los años cuarenta se estrellaba contra un desmonte o barrera sobre el cual empezaba la calle de la Princesa, situada muchos metros más arriba del nivel del suelo de la citada plaza, que se niveló terminada la Guerra Civil, cuando las tres calles se unificaron en una sola bautizada como la Avenida. de José Antonio y ahora, simplemente, se conoce como la Gran Vía.
Sin embargo, en los años treinta y cuarenta, los tramos que cubrían esa Gran Vía, desde la Red de San Luis hasta la Plaza de España, se conocían castizamente como nuestro "Broadway cinematográfico" porque allí se concentraban los principales cines de estreno de la capital; todos ellos cuidados con mucho esmero y limpios como la patena; tan ajenos a la dichosa e impertinente palomita o "popcorn" que, ahora, le chivatea al empresario que puede ser más provechosa que la propia película.
Años dorados
La Gran Vía, nuestro Broadway, llegó a albergar 15 locales que programaban las películas que se producían en aquellos inolvidables años dorados del cine, aunque llegasen a nosotros en ciertas ocasiones con cierto retraso; varias después de sufrir un duro forcejeo contra la censura aquella... digamos de las narices... ¡Con perdón!
Contemplar lo que se llamaba "la salida de los cines de la Gran Vía", sobre todo, los lunes de estreno, los sábados y domingos, principalmente, después del "pase de tarde", el de las 6,30, era todo un espectáculo, porque sus aceras quedaban invadidas por las mujeres más bellas y elegantes de la capital y por hombres vestidos con chaqueta y corbata. ¡Vamos, aquello no tenía nada que ver con lo que ocurre ahora!
Hoy, no queda de "Broadway cinematográfico", nada de nada, porque de los 15 cines subsisten únicamente cuatro locales que siguen exhibiendo películas, pienso que de milagro, son: el Palacio de la Música, Callao, Capitol y el Palacio de la Prensa. El último en perecer ha sido el Avenida que reformó con tanto esmero su antiguo empresario Vicente Patuel, pariente con el mismo nombre que aquel otro... él de las ovejitas. Lo cerraron a cal y canto para siempre, el pasado 4 de junio; creo que lo van a transformar en otro de los grandes almacenes, -¡cómo no!-. Ya han entrado con pico y pala; supongo que otra legión de foráneos enganchados a la construcción, los cuales lo estarán transformando, sin saber, ni importarles un pimiento, que se proyectó en su pantalla "Sombrero de copa", por ejemplo. Hasta hace bien poco, creo que no han tenido la delicadeza ni de quitar la fachada que anunciaba sus dos ultimas películas programadas; ahora se podría recordar aquello de "The last picture show" (La última película).
Los musicales
Pero, nuestro "Broadway cinematográfico", comenzó a desintegrarse cuando empezaron a invadirlo los "musicales", que tanto fervor ejercen sobre los nuevos públicos, sin meditar que esos espectáculos por mucho derroche que "se eche sobre el escenario", para los que aún sobrevivimos, preferimos verlos sobre una pantalla gigante con un Fred Astaire, un Gene Kelly o una fascinante Audrey Hepburn, en la oscarizada "My fair Lady", aunque la perversidad de Mr. Jack Warner doblase su voz en la versión original. De aquella fábrica de ensueños que fue el Cine siempre deslumbrará mucho más la pícara fantasía que la ordinaria realidad. De aquellos 15 cines que acaparaban la Gran Vía, nos gusta seguir recordándolos; para ello, los reseñaremos como si fueran inquilinos forzosos que figuren en una esquela colectiva, de esas que se publican en ABC y, por descontado, las lee todo el mundo; además, en dicha nota necrológica, me he permitido acompañar a cada cine o local con una de las muchas películas importantes que se exhibieron en cada uno de ellos. Empezado por la Red de San Luis, encontramos al Imperial ("Nuestra ciudad"); después seguimos con el Palacio de la Música ("Lo que el viento se llevó"); Avenida ("El hombre tranquilo"); Callao ("Casablanca"); Capitol ("Candilejas"); Palacio de la Prensa ("El puente sobre el río Kwai"); Actualidades ("El bazar de las sorpresas"); Rex ("El beso de la muerte"); Rialto ("El último cuplé"); Lope de Vega ("La Dama y el vagabundo"); Gran Vía ("Solo ante el peligro"); Pompeya ("La condesa descalza"); Azul ("Gritos y susurros"); Coliseum ("Los mejores años de nuestra vida") y un poco más abajo, algo más distanciado estaba la Torre de Madrid ("¿Dónde vas, Alfonso XII?"). Requiescat in pace…
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