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- Marinita / marinasangon@yahoo.es
17/06/2008 - 19:34:05
Hace cinco años compramos un pisito en el madrileño barrio de Begoña, a menos de cien metros del Hospital Ramón y Cajal. Lo que, en un principio, era un lugar casi idílico, se fue convirtiendo, unos ocho meses después -coincidiendo cronológicamente con el triunfo del PSOE en las elecciones generales de 2004- en un pequeño gueto de inmigrantes pedigüeños que se empezaron a apostar en las inmediaciones del hospital para conseguir "una propina de un euro" de los incautos conductores que pretendían aparcar en la zona.
El gueto fue creciendo poco a poco-por el "efecto llamada", supongo- y, a día de hoy, puede haber más de treinta personas que "trabajan" en 200 metros, entre las calles de San Modesto y Antoniorrobles -un "gorrilla" para cada dos o tres coches-, de lunes a domingo y desde las ocho de la mañana hasta las nueve de la noche en varios turnos.
Hay "gorrillas" rumanos y, sobre todo, subsaharianos de distintas nacionalidades. Pero todos quieren lo mismo: "un euro" por hacer que ayudan a aparcar a los vecinos, enfermos, pacientes y visitas que acuden a diario al Ramón y Cajal.
Algunos vecinos pensaron, en un principio, que el incipiente problema podría atajarse si en el barrio se pusieran parquímetros. Sin embargo, en el cercano Hospital de La Paz, la ORA no ha disuadido a los "gorrillas". En esta zona, los conductores ahora tienen que pagar dos impuestos en vez de uno: el legal municipal y el "revolucionario" de los "gorrillas".
Los "gorrillas" son así llamados porque suelen llevar puesta una gorra de béisbol y portan en la mano un periódico enrollado que mueven hacia arriba y hacia abajo y en círculos (como si fuera una batuta), con el que guían a los conductores, a modo de improvisados directores de orquesta.
Se erigen en guardias urbanos, aunque no respetan las normas más elementales de circulación -caminan por el medio de la calle, cruzan por lugares indebidos y sin mirar, lo que provoca situaciones de riesgo para los conductores-, paran el tráfico, instan a que se aparque en cualquier sitio, retiran vallas y conos, y deciden cómo se tiene que aparcar (en línea o en batería), según haya más o menos demanda de aparcamiento. En pocas palabras: son los amos de la calle.
Aunque haya sitios de sobra y el incauto conductor vea desde lejos el hueco en el que pretende aparcar, un rápido "gorrilla" aparece de entre los arbustos y exige, (sí, exige), "una propina para comer". Y todos pagamos, algunos por lástima y otros por miedo. A menudo se ven coches rayados, cristales de retrovisores rotos y alguna rueda pinchada. ¿Casualidad? Cualquiera sabe.
Los "gorrillas" exigen "una propina para comer". No tienen, según ellos, qué llevarse a la boca, pero usan teléfonos móviles con cámara y con música que bailan desaforadamente, fuman Winston y "otras cosas", hablan a gritos entre ellos a cualquier hora del día, orinan en plena calle, comen sentados encima de los coches y tiran al suelo los vasos de plástico de los cafés que compran en máquina de las Urgencias del Ramón y Cajal.
¿Y la Policía? La Policía pasa por estas calles un par de veces al día. Está unos diez minutos, multa a los vehículos mal aparcados (que son muchos), la grúa se lleva alguno que estorba, los "gorrillas" se hacen un poco los disimulados y, cuando los municipales han terminado la ronda y se han ido, regresan al "trabajo" y todo vuelve a ser como antes.
¿Por qué yo, que vivo aquí y estoy empadronada aquí, tengo que esperar hasta las nueve de la noche para poder aparcar en mi casa si no quiero contribuir con esta extorsión? ¿Por qué estos señores no se dedican a buscar trabajo y nos dejan en paz a los demás?
Si accediera a pagarles tendría que empezar por descontar más de treinta euros al mes, porque el coche lo usamos mi marido y yo a diario. Los fines de semana, a veces, no salimos; pero otras, lo hacemos dos o más veces en un mismo día, y aparcar es tener que pagar al "gorrilla" de turno un euro-ya sea para estar todo el día en esa plaza, o para estar en ella cinco minutos-.
Empiezo a estar un poco harta de esta inmigración incontrolada que nos ha traído a este grupo de maleducados, chillones y extorsionadores que se han hecho los dueños de esta calle. Por favor, ustedes que hablan con los concejales, a ver si es posible solucionar esta situación que empieza a ser insostenible.
Que yo sepa, aún no ha pasado nada: sólo cabreos e insultos a los "gorrillas" por parte de algún conductor, alguna pelea entre dos "gorrillas" por ver quién se queda con el euro. Pero se respira calma "chicha" en el barrio -ya que, en los últimos días, ha llegado una nueva remesa de "gorrillas" toxicómanos- y estoy segura de que, tarde o temprano, esto va a estallar.
Espero que no me pille en medio.