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Bares tradicionales de Vitoria empiezan a cerrar por la tarde por la caída del poteo

15:51:33 - 02/11/2007Vocento VMT -Algunas razones son el cierre de tiendas y la competencia de las grandes superficies
Cerrado por la tarde. Al bar más antiguo de Vitoria, el Bujanda -abrió sus puertas en 1929- no le ha quedado más remedio que echar la persiana tras la hora de comer. Arrastrado por la "imparable" caída del poteo, Miguel Ángel Ruiz, hijo del mítico alavesista "Primi" y actual propietario del local de la calle Independencia, decidió suprimir en septiembre su horario vespertino después de años de declive. Comercial, económico y social. Y es que el centro de Vitoria, según Ruiz, tiene abiertos tres frentes de batalla contra los que, hoy por hoy, es imposible luchar: el cierre de tiendas y la competencia de las grandes superficies, las constantes subidas del Euribor y el cambio en las costumbres sociales.
"La apertura de Gorbeia anuló el trabajo de los sábados por la tarde, y con la llegada del Boulevard terminó de morir el resto de tardes. Echan la persiana muchas tiendas y, en su lugar, abren entidades bancarias. Y a mí no me ha quedado más remedio que amoldarme a esta nueva realidad", lamenta el veterano hostelero. Por eso, desde hace tres meses, en el Bujanda se trabaja con horario de oficina: de nueve de la mañana a cuatro y media de la tarde. Unas seis horas menos de apertura que, lejos de lo que hubiera sucedido en "otros tiempos", no han mermado sus beneficios.
"La mayor parte de la caja la hago antes de la una de la tarde y, además, recortando el horario, se reducen los impuestos y el personal. Los beneficios son parecidos y, de esta manera, tengo al menos las tardes libres", se consuela. Y es que, en su caso, el cierre vespertino no ha sido una elección personal, sino una obligación impuesta por las actuales circunstancias.
"El centro va muriendo poco a poco y, aunque el Ayuntamiento es el máximo responsable, también es cierto que comerciantes y hosteleros no hemos sabido unirnos para competir al máximo nivel con las grandes superficies. Hay que crear vida para que la gente regrese al "cogollo" de la ciudad y vuelva el poteo", sentencia Ruiz.
Consciente de que la calle Independencia es "una de las más damnificadas" -desde agosto sufre, además, las molestias provocadas por las obras del tranvía- el propietario del Bujanda advierte de que la "crisis" afecta a todo el sector.
"En la plaza de España, gracias en parte a las terrazas, no se nota tanto, pero sí hay menos movimiento. Estamos muchos, suben las hipotecas, los jóvenes tienen hijos y a todo no se llega". Lo dice Iñaki Ochoa de Eribe tras la barra del bar La Unión, el primero que impuso la jornada parcial -sólo de mañana- en la hostelería del centro de la ciudad. En su caso, la "familia" se impuso al poteo y, aunque admite que, en un principio, a su clientela le chirrió la idea, a Ochoa de Eribe la fórmula le funciona. De hecho, lleva ya cuatro años echando la persiana a las cuatro de la tarde.
Una hora más tarde lo hace el bar-restaurante La Galería, en la calle Vicenta Mogel, en Aranzábal. "Llegan tiempos duros para el sector y lo que toca es especializarse, tener muy claro lo que se quiere hacer", afirma David Sánchez, copropietario del local. Él y su socio, Pablo Santos, sirven desayunos y pinchos desde las nueve de la mañana y rematan la jornada con menús a la hora de la comida. "Este horario nos permite, además, trabajar juntos y estar todo el día a pie de barra, y eso la clientela también lo agredece".
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