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Bilbao sumará mil habitaciones más a un mercado hotelero al borde de la saturación

09:37:59 - 06/04/2008VMT -Los empresarios mantienen congeladas las tarifas desde hace cinco años para capear la crisis y advierten de que la ciudad "no da para más"
La abundante oferta hotelera de Bilbao se compone de 29 establecimientos y destaca por su variedad. Incluye cuatro hoteles de 5 estrellas, 10 de cuatro, 5 de tres, 7 de 2, y 3 de una. Además, los visitantes que recalan en Bilbao disponen de una amplísima red de pensiones que ronda la treintena, un aparthotel y, también, un albergue. Era otro Bilbao, mucho menos moderno que el actual y con bastantes menos camas, pero en junio de 1998 el entonces presidente de la Federación Española de Hoteles, José María Carbó, ya puso el dedo en la llaga sobre los problemas que atenazarían al sector si la ciudad seguía poblándose de establecimientos.
En una reunión con empresarios vizcaínos, Carbó les advirtió de que no tenía "ningún sentido" levantar un alojamiento "de superlujo ni en Abandoibarra ni en ninguna otra zona" de la villa. Que bastaba con los locales de 4 y 5 estrellas que ya operaban en la capital vizcaína. Tres años más tarde, en una nueva visita que levantó ampollas, mandó otro recado a sus colegas. "¿Para qué quiere Bilbao tantos hoteles? Es peligroso", volvió a alertar, tras subrayar los "efectos" que generaría "el enorme desequilibrio" de la oferta y demanda. Admitió que era más fácil levantar hoteles en Bilbao que sobre el tablero del "Monopoly", y auguró que el negocio "podría venirse abajo".
Sus mensajes cayeron en saco roto. La oferta creció de forma desmedida -7 nuevos edificios- y rebosante de glamour con el comienzo del nuevo siglo. Sofía Loren inauguró el Gran Dómine de Mariscal (145 habitaciones) y el arquitecto mexicano Legorreta reunió en su lujoso Sheraton (212) a la flor y nata de la clase política y empresarial vasca. La cadena Hesperia dio por partida doble. Al hotel de La Misericordia, pegado a San Mamés, lo acompañó de un "hermano" aún mayor, con el del Campo Volantín, de 151 habitaciones. La ciudad vivió una euforia sin precedentes en la que la estética jugó un papel decisivo. Bilbao se puso de moda y descubrió su particular "Eldorado" hotelero. Había que hacerse "visible", pero no de cualquier forma.
Por ello el diseñador catalán Antonio Miró puso firma a "su" Miró de Mazarredo. Con 50 habitaciones, algunas menos de las que se adecuaron en el otro extremo de la ciudad. En la calle Bidebarrieta, concretamente, con la rehabilitación del coqueto Petit Palace. El ex presidente del Barcelona Joan Gaspart también colaboró en la ampliación de una oferta que dejó boquiabierta a la parroquia turística con su Husa de Albia, junto a la iglesia de San Vicente. De golpe y porrazo la ciudad contó con 900 nuevas habitaciones. Este desenfreno no pasó desapercibido para nadie. Menos aún para los profesionales locales, que nunca han ocultado su inquietud.
Hace tres años el ex gerente de Destino Bilbao, sociedad que aglutina al 80 por ciento de la oferta hotelera del Gran Bilbao, fue tajante. "El número de hoteles es más que suficiente", reflexionó en voz alta. José María Oteo tildó de "comprometida" la situación del sector al recordar que entre 1995 y 2005 la oferta se había duplicado hasta alcanzar las 2.500 habitaciones. Y no para, pese a que los hoteleros han vuelto a ver defraudadas sus expectativas -otra vez- en la pasada Semana Santa, con unos pobres índices de ocupación. A duras penas alcanzaron al anhelado 60 por ciento, promedio que separa, según los expertos, la rentabilidad del fracaso comercial. A pesar a ello, nadie se atreve a reconocer en público lo que es un secreto de puertas adentro: ¿Cómo es posible que no dejen de levantarse nuevos edificios si los que funcionan se las ven y desean para cumplir objetivos? El relaciones públicas de un céntrico hotel compara el estado del negocio con la actividad de las tiendas de lujo.
"Uno pasea por la calle y casi siempre las ve vacías. Con los hoteles pasa tres cuartas partes de lo mismo. Hay muchos y a algunos no les va nadie bien, aunque nadie lo quiere reconocer", remata la fuente. Y, sin embargo, Bilbao sigue ejerciendo un efecto magnético. Los últimos en echar a andar dibujan un panorama halagüeño. Portavoces del Sheraton, que inició su andadura en diciembre de 2003, aseguran que el negocio "crece a buen ritmo" y que su funcionamiento supuso "un duro golpe" para "algunos" rivales, pero que éste ha sido mitigado en parte por un crecimiento "lento" y "desequilibrado".
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