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150 jubilados acompañan o entretienen a ancianos ingresados en los geriátricos

12:40:42 - 14/07/2008VMT -Dedican una parte de su tiempo a acudir a residencias públicas de Vitoria, Llodio y Amurrio
Nati Salazar y Ricar Román se hicieron amigas hace ya unos cuantos años en las Aulas de la Experiencia de la Universidad del País Vasco. Tiempo después, estas dos jubiladas se apuntaron a la fundación Mejora, creada por la Caja Vital para aumentar la calidad de vida de las personas mayores. A través de esta asociación, asistieron a un curso con la profesora de la UPV de Historia de la Literatura Carmen Llorente, en donde aprendieron a seleccionar textos y a practicar la lectura en alto. ¿Para qué? Para entretener a ancianos que están solos. A continuación, empezaron a acudir a la residencia Ariznabarra a recitar "de todo, poesía, relato corto, sainetes o el mismo periódico".
"La sociedad nos ha dado mucho, así que hay que devolverle algo", dice Nati, una viuda que fue secretaria de la DKW y después tuvo una escuela infantil, para explicar su labor altruista. La explicación de Ricar es simpática. "Será que como siempre he trabajado sin cobrar, llevo muy dentro el voluntariado", apostilla con humor esta ama de casa apasionada de los libros. Mano a mano con Nati, transmite esta pasión a los ancianos a los que visitan todas las semanas.
Como ellas, otros 150 jubilados alaveses dedican una parte de su tiempo a acudir a residencias públicas de Vitoria, Llodio y Amurrio para acompañar o entretener un rato a los abuelos que viven en estos centros. No lo hacen por su cuenta, sino a través de alguna organización, como la fundación Mejora, Las Cuatro Torres, Nagusilan o diferentes parroquias, según informa Roberto Agirre, un técnico del área de las personas mayores del Instituto foral de Bienestar Social.
"A veces nos llegan personas a título particular para ofrecerse a dedicar un rato de su tiempo a los ancianos de las residencias. Nosotros preferimos que lo hagan a través de algún colectivo. El programa funciona así mejor", añade el técnico. La justificación es clara. Las asociaciones organizan cursillos de formación para que los voluntarios tengan una mínima preparación para afrontar situaciones como la enfermedad o la muerte. El perfil del voluntario jubilado es el de una persona de edad bastante avanzada, ya que de media superan los setenta años. En un 70 por ciento de los casos se trata de una mujer. Y en buena parte de los casos, su inquietud responde a una cuestión de fe. "Tienen un espíritu humanista vinculado a una creencia cristiana", apunta Agirre.
El funcionario foral quiere dejar bien claro que, en ningún caso, su labor trata de solapar un trabajo profesional. De hecho, se dedican a cuestiones relacionadas con el ocio, como el acompañamiento individual a personas que carecen de familia o, si la tienen, están bastantes solas. Las sacan de paseo, de compras, a realizar actividades de animación o de excursión.
En todos los casos se trata de visitas programadas. Esto quiere decir que los jubilados van a las residencias determinados días que, de antemano, se han fijado con la trabajadora social del centro. El tiempo medio que dedican a esta actividad es de una hora y media o dos horas semanales.
Ricar Román y Nati Salazar van una hora a la semana a leer a los ancianos. "Son abuelos a los que les ha gustado leer y ahora no lo hacen porque les falla la vista o no tienen ganas", comenta Nati. "Les leemos cosas interesantes. Son mayores, no tontos", añade Ricar. Ellas mismas eligen las lecturas. El único condicionante, "que no sean muy largas, porque no aguantan mucho rato".
Rosalía de Castro, Larra, Pemán o Machado, entre otros autores, han llenado muchas horas de unos ancianos que pasan demasiado tiempo dando cabecezadas de aburrimiento. Muchas tardes, después de la lectura, viene el comentario, el debate sobre el texto de ese día. Y aunque suene raro, los ancianos participan. "Son mayores, no tontos", repite Ricar. Para estas dos mujeres, la actividad de la Fundación Mejora es ya una obligación, aunque gustosa. Ellas, que también leen a niños en la biblioteca de La Florida, tienen debilidad por los más viejos. "Y eso que dan más trabajo, pero verles reír y disfrutar cuando algo les divierte es toda una satisfacción. Cómo será que nos están esperando en la puerta", comentan y se emocionan.
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