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Vecinos afectados por el ruido del tráfico cuestionan la eficacia de las pantallas acústicas

09:41:01 - 19/10/2007Vocento VMT -En Rekalde aseguran que «apenas dan resultado» y en Barakaldo aguardan escépticos su instalación
Residen en barrios tan distantes como Cruces, Rekalde o Algorta, pero padecen casi con idéntica magnitud el acoso del ruido que origina el tráfico. Es lo que implica vivir junto a una autopista. Saben que en sus hogares nunca gozarán del sigilo, ni siquiera con las mamparas acústicas que la Diputación propone extender por Vizcaya para mitigar los decibelios que soportan a diario. Quienes aguardan su colocación se muestran casi tan escépticos como los que han comprobado ya sus efectos. «Apenas dan resultado», advierten.
Rekalde es, sin duda, la zona de Bilbao que más sufre las consecuencias de vivir junto a la A-8. La autopista, soportada en gigantescos pilares, parte en dos el barrio y su quehacer diario. Sólo con pasear por las calles se percibe el ruido que genera la intensa circulación, pero pocos vecinos lo padecen tan cercano como Dolores Ropero. «Con mampara o sin ella, el paso de cada camión parece el trueno de una tormenta», asegura deshecha la mujer desde su balcón en el sexto piso, a escasos cinco metros en línea recta de la carretera.
Hace años que se instalaron ya las pantallas acústicas en Rekalde, pero su impacto ha pasado prácticamente desapercibido. Lo atestiguan los cristales especiales que montan casi todas las ventanas que dan al asfalto. «Vivimos cerrados a cal y canto. No queda otro remedio si queremos oír la radio, leer o ver simplemente la tele», lamenta Pilar Delgado, para quien las mamparas «sólo surten cierto efecto si están justo enfrente». «Yo vivo por encima y no he notado cambios tras su colocación», confiesa, antes de achacar al tráfico sus problemas de audición.
El ruido asedia a los vecinos más directos de la carretera. Por el día sobre todo, pero también de noche. «Mi hermano vive en los Picos de Europa y dice que ya no viene a visitarme porque es incapaz de dormir», reconoce Beatriz Terán, una veterana residente del grupo Filomena Baldezate que sufrió depresiones cuando comenzaron a construir la autopista. «Por fortuna, se me han pasado; pero por simple costumbre, no porque las vallas hayan mitigado el ruido y el polvo que padecemos de continuo», señala dolida.
La situación, aunque sin ser tan incómoda, tampoco difiere en exceso en el límite de Algorta, junto a la autovía que enlaza Berango con Getxo. Los residentes de la avenida Salsidu se ven obligados a cerrar también sus ventanas, pese a la valla acristalada de casi 200 metros de longitud que protege de los decibelios sus casas. «Algo de ruido sí que resta, pero no el suficiente como para poder vivir con plena tranquilidad», admite Maickel Mamuni.
Barakaldo será la próxima ciudad que probará el efecto de las mamparas. La Diputación acaba de sacar a concurso la instalación de las pantallas, cuya finalización está prevista para «primavera». Su colocación ha sido una reclamación histórica de los residentes, aunque más en demanda de justicia que en espera de que den resultado. «Ya era hora de que nos compensaran de alguna manera», proclama Rosana Morales, vecina de Retuerto. Su paisana Miriam Temprado se conforma con «el silencio justo para estudiar» y poder acabar su diplomatura de Máquinas Navales.
Pero si alguna zona de Barakaldo soporta con especial vigor el impacto del ruido es Cruces. La autopista fragmenta el barrio y atosiga a diario a unos vecinos que no creen ya en «parches». «Las vallas sólo serán blanco de graffitis o pedradas», advierte Ernesto Castañeda. El joven Javi Iglesias coincide. No rechaza la iniciativa foral de antemano, pero tampoco la considera del todo adecuada. «Es sólo una forma barata de ocultar que la verdadera solución pasa únicamente por el soterramiento», concluye.
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