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Las rencillas juveniles motivaron la brutal paliza sufrida por la adolescente de Ermua

12:03:55 - 21/02/2008Vocento VMT -El Departamento de Educación informó de que la víctima, que volverá a ser intervenida de un ojo, y una agresora «son jóvenes conflictivas»

Las rencillas entre cuadrillas con dificultades de adaptación social parecen estar en el origen de la brutal agresión que sufrió una adolescente de Ermua el pasado 10 de febrero a manos de otros seis menores, una paliza que le causó graves lesiones en un ojo y en la mandíbula y que la ha mantenido hospitalizada durante diez días hasta que ayer los médicos decidieron darle el alta. El Departamento de Educación explicó ayer que la víctima, de 15 años, y una de las jóvenes que supuestamente la atacaron, de 16, son compañeras de clase y tienen un carácter «conflictivo».

Según la consejería de Tontxu Campos, la presunta agresora había anunciado la semana pasada que se iba a suicidar debido a las amenazas que había recibido. La joven manifiesta «problemas de comportamiento y de integración» en el centro escolar. Además, ha sufrido «serios desajustes familiares» y está «sujeta a medicación, pero no suele seguir el tratamiento indicado». Por su parte, la adolescente agredida «está diagnosticada como hiperactiva y su relación con los demás alumnos es frecuentemente conflictiva», dice Educación.

La paliza se produjo en el recinto del colegio Ongarai, que los domingos tiene las canchas deportivas abiertas. Sobre las siete de la tarde, media docena de adolescentes, dos de ellas conocidas de la víctima y residentes en Ermua, la cubrieron de golpes ante la indiferencia de las personas que presenciaron los hechos -sólo un joven trató de intervenir pero desistió al ser también atacado-. Tras arremeter contra la chica con una barra de hierro y quemarle el pelo, le orinaron encima y le pasaron una moto por las rodillas.

Familiares de la agredida explicaron a este periódico que, a pesar de su estado -los oídos le supuraban sangre, tenía coágulos nasales y cinco marcas de barras de hierro en la espalda-, la joven consiguió llegar a casa por su propio pie. Más tarde fue trasladada al Hospital Donostia, donde permaneció ingresada hasta ayer.

El caso, que estaba en boca del vecindario, pero cuyos detalles se conocieron a través de este periódico, conmocionó ayer al municipio de Ermua, donde se dio cita una nube de informadores. El alcalde, Carlos Totorika, convocó una rueda de prensa a media mañana para pedir prudencia a los medios de comunicación, recordando que «las personas implicadas son menores de edad y hay diligencias judiciales abiertas». El propio consejero de Justicia, Joseba Azkarraga, reconoció en una comparecencia celebrada en Bilbao que los hechos revestían «enorme gravedad».

Sin embargo, unas horas después, el Departamento de Educación difundió información privada sobre las menores involucradas en el caso, aportando datos concretos sobre su situación familiar, psicológica y escolar. Del mismo modo, la consejería pareció restar importancia a la gravedad de lesiones de la víctima. «Ha sido dada de alta en el hospital y no parece que requiera otros cuidados médicos», indicó.

Esa escueta valoración difiere de la información facilitada el pasado martes por un familiar de la menor, quien aseguró que tiene destrozado el nervio óptico de un ojo y que, a pesar de haber sido operada, deberá someterse a otra intervención. Además, está muy afectada psicológicamente. Desde el Hospital Donostia informaron ayer que continuará siendo tratada por los equipos de Cirugía Maxilofacial y Oftamología.

Inicialmente, el Departamento de Educación sólo ha mencionado a una de las presuntas atacantes de la chica de Ermua, una joven que, al igual que la víctima, recibe clases en la Ikastola Anaitasuna y acude también al Centro de Iniciación Profesional (CIP) de Mallabia-Ermua. No obstante, la Ertzaintza también ha identificado a otra persona que supuestamente participó en la paliza y espera poner en breve a todos los implicados a disposición de la Fiscalía de Vizcaya. El juzgado de Durango que instruye el caso mantiene secretas las diligencias y la Ertzaintza avanza a buen ritmo la investigación. Mientras tanto, el CIP y el Ayuntamiento de Ermua, cuyos servicios sociales se ocupan de las dos jóvenes y de sus familias, guardaron un mutismo total.

En el centro de Mallabia era palpable ayer la indignación en un grupo de jóvenes que conversaba con los monitores en el patio. «No vamos a decir nada y hemos advertido a los chavales de que no cuenten nada sobre este asunto», avisó una profesora visiblemente apenada, informa Manuela Díaz.

Una alumna que es amiga de la víctima se quejó de que los docentes «no han dejado que nos manifestemos para expresar nuestra repulsa». El motivo de esa decisión, explicó la chica, es que el centro «no quiere implicar al resto de los alumnos».

El Ayuntamiento también dejó claro que este episodio de violencia adolescente «es un hecho aislado que pudo haber ocurrido en cualquier otro lugar». «Esta agresión -dijo el alcalde- es una manifestación de la problemática existente en la sociedad y contra la que siempre hemos trabajado desde Ermua».

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