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Navidad sin ayuda

17:43:07 - 23/12/2007Vocento VMT -Las trabajadoras de ayuda a domicilio iniciarán mañana, en plena Nochebuena, el calendario de huelgas que ya anunciaron meses atrás

La Navidad trae consigo no sólo interminables jornadas de compras y excesivas comilonas. Para miles de personas significa este año tener que apañárselas por sí solas. Las trabajadoras de ayuda a domicilio iniciarán mañana, en plena Nochebuena, el calendario de huelgas que ya anunciaron meses atrás y que se completará con paros en Nochevieja, así como en los días 2, 3 y 4 de enero, vísperas de Reyes. Los casos más graves contarán, sin embargo, con servicios mínimos.

La "cerrazón" mostrada por las empresas que gestionan este servicio público a la hora de negociar el convenio ha motivado que las 1.500 auxiliares existentes en Vizcaya se vean obligadas a seguir adelante con las movilizaciones. La última concentración se llevó a cabo el pasado veinte de este mes frente a la Diputación. Dos usuarios de este servicio relatan las necesidades que cubre la ayuda a domicilio en su vida diaria y cómo, por consiguiente, les afectarán las huelgas. Ambos muestran su total apoyo a las trabajadoras "porque nosotros sabemos todo lo que verdaderamente hacen", coinciden.

PEDRO ALONSO

Parálisis cerebral. 47 años

"Yo sé dónde están mis limitaciones"

Pedro Alonso, bilbaíno de 47 años, siempre se ha esforzado por "ser uno más, por intentar ser autónomo". Aunque es "realista" y sabe perfectamente dónde están sus limitaciones. Sufre de parálisis cerebral desde su nacimiento. Le cuesta hablar y caminar. Eso sí, nunca le falta la sonrisa. Vive con su madre en el barrio de Santutxu, pero la mujer, que acaba de cumplir setenta años, está aquejada de una severa sordera y tiene fuertes dolores de espalda. Pedro no puede con todo solo, por eso cuenta desde hace años con la ayuda de una auxiliar domiciliaria.

La trabajadora acude todos los días a la misma hora. Está en su casa desde las diez y cuarto de la mañana hasta las doce y media. "Antes la teníamos cuatro horas", apunta Pedro. "Hace la comida, plancha, va a la compra si hace falta, asea a mi madre... Hace todas las cosas", enumera. Pero su dedicación va incluso más allá. "Si puede me saca a pasear; es que yo tengo que ir con mucho cuidado porque me puedo caer en cualquier momento, y nos acompaña al médico, sobre todo a mi madre, que tiene revisiones con el traumatólogo, el digestivo y el otorrino una vez cada tres meses", añade.

Pedro tarda el triple en atarse "un simple botón" que una persona no discapacitada, por lo que debido a su dependencia requiere de un servicio para emergencias que esté operativo las veinticuatro horas del día. Además de la ayuda a domicilio, paga sesenta euros al mes por una unidad de teleasistencia. "Menos mal que los dos tenemos una pensión bastante decente", reconoce. Este bilbaíno trabajó durante veinte años como conserje en la asociación ASPACE, de personas con parálisis cerebral, y lleva seis jubilado. "Por esto gano lo que gano, sino seguro que sólo tendría una ayuda de esas de 180 euros con la que no puedes hacer nada", indica.

Al sacar el tema de la huelga, Pedro lo tiene muy claro. "Para mí, que con los años he ido perdiendo facultades, sería imposible estar sin ayuda -asegura-. Necesito a alguien que me afeite, porque yo no puedo, que vigile cuando me ducho, por si resbalo y me caigo, o que me corte, por ejemplo, las uñas de los pies". Cocinar es, asimismo, una tarea de lo más complicada. "Me encantaría hacerme algo tan normal como una tortilla francesa, pero la sartén se me resbala", describe. Por eso, la trabajadora tiene que multiplicar los viernes su faceta culinaria. "El sábado y el domingo no viene, así que nos suele dejar comida en la nevera para que nosotros sólo tengamos que calentarla. En caso de que nos falte algo llamamos a mi hermana, que vive en Uribarri", apunta.

Pedro, que acude dos veces por semana a un gimnasio adaptado para "estar activo y mejorar la movilidad", considera que las empleadas de este sector "están en todo su derecho a protestar". "Lo malo -advierte- es que por culpa de otros pagamos los que no deberíamos". Según Alonso, "lo que ocurre aquí es que el Ayuntamiento delega el servicio en una serie de subcontratas que lo único que hacen es chupar todo lo que quieren. A las trabajadoras les pagan cuatro duros y ellos se quedan sentados con los bolsillos llenos", critica.

Este bilbaíno insta a las empresas a mejorar las condiciones de las auxiliares. "No paran quietas ni un segundo. Están siempre mirando el reloj porque no sólo te echan una mano a ti, sino que van de una casa a otra. Eso debería tenerse en cuenta porque ellas no descansan y a nosotros nos entra la duda de: ¿y si pasa un imprevisto?", se pregunta.

ANGELINES CIRIZA

Problemas de corazón. 83 años

"Quiero mucho a la chica, y ella a mí"

Una asistente domiciliaria acude una vez por semana a la casa de Angelines Ciriza. Asturiana de nacimiento, llegó a Bilbao en 1949, tiene 83 años y quedó viuda hace diez. Recibe una pensión de menos de seiscientos euros, de los que 19 los destina cada mes a este servicio. Angelines, o Lines, como la llaman sus amigos, padece del corazón y apenas puede mover el brazo derecho. Además, tiene osteoporosis. "Me diagnosticaron arritmia y dijeron que tengo una válvula mal. Además, hace unos años me caí en la calle y me rompí el brazo. No se me ha curado bien y no puedo levantarlo mucho, me peino agachando la cabeza", describe.

Cada jueves, de ocho a diez y media de la mañana, María José, la auxiliar, le echa una mano con las tareas más comunes. "De momento puedo asearme sola, así que ella me hace la cama y limpia la habitación, el salón, el baño y la cocina. Todo por encima porque a la pobre no le da tiempo a más. Si se pusiese un día a hacer alguna parte a fondo lo demás se quedaría como está hasta que vuelva", comenta.

Hasta hace dos años, una trabajadora acudía dos días por semana a su casa, pero la empresa decidió recortarle el servicio. "Entiendo que habrá gente que esté peor que yo, pero con un día sólo no es suficiente. Al menos, necesitará otro más", añade. Pese a que le recortaron en un día las ayudas, Angelines consiguió que le aumentaran media hora la jornada actual. La razón: su hija. Rosi lleva a su espaldas un total de 18 operaciones. La última, hace siete años, cuando debido a un cáncer le estirparon el riñón. "Además, tiene problemas en las piernas y para andar necesita unas muletas", señala. "Muchas de las cosas que yo no puedo hacer, ella tampoco. Por ejemplo, subirse a limpiar algo del armario", explica Angelines, que antes, "cuando estaba mejor", se iba con las amigas a viajes del Inserso.

Sólo de pensar que no tendrá esta ayuda la semana previa a Reyes se pone nerviosa. "Voy a andar muy mal. Para empezar, me las voy a ver y desear para hacer la cama todos los días, así que lo de limpiar ni te cuento. Ni siquiera puedo pasar la aspiradora", expresa.

Angelines entiende el motivo de la huelga. "Al final, dependes mucho de ellas -las trabajadoras- y se convierten en uno más de casa. Yo quiero mucho a la chica y ella también a mí. Hasta cuando habla con mi hija le pregunta: "¿madre ha desayunado?" o "¿madre se ha duchado?"", relata. Esta bilbaína de adopción, que reside en el barrio de San Adrián y aún recuerda cómo iba de joven a lavar la ropa a Olabeaga, "pero frotando de lo lindo", reconoce que el trabajo de las auxiliares es "muy sacrificado". "Hablando claro, mira las que tienen que ir a limpiarle el culo a la gente o a hacerles todo porque hay personas que no se pueden ni mover de la cama", subraya.

Hay dos cuestiones que llaman especialmente la atención a Angelina acerca de las condiciones de trabajo de las auxiliares. Por un lado, el horario y, por otro, el sueldo. "Empiezan a primerísima hora de la mañana y no hacen más que ir de un lado para otro. Al cabo del día meten muchas horas. Fíjate, María José me dijo hace poco que no pudo ir a casa a comer hasta las siete de la tarde", critica.

Esta situación viene directamente relacionada con la retribución mensual. Según Angelines, "insuficiente para todo lo que hacen". De ahí, que pida a las empresas que "pongan de su parte". "Deberían tener en cuenta que cada vez somos más las personas mayores que necesitamos ayuda", concluye.

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