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El PNV quiere volver a los papeles de Loyola

10:25:23 - 23/12/2007Vocento VMT -El nuevo rumbo de Urkullu marca distancias con la estrategia de Imaz, busca un desmarque de los socialistas, pero descarta un regreso a Lizarra
El Partido Nacionalista Vasco quiere volver a los papeles de las conversaciones de Loyola que mantuvieron con representantes de la izquierda abertzale y del PSE en noviembre del año pasado. En aquellos borradores de trabajo -las conversaciones finalmente malograron por el maximalismo de la izquierda abertzale en aquella discusión, según fuentes de ambos partidos- figuraba la posibilidad de explorar un reconocimiento del derecho a decidir de la sociedad vasca que engarzase en una eventual reforma tanto del Estatuto de Gernika como del Amejoramiento foral de Navarra.
El nuevo rumbo emprendido por Iñigo Urkullu al frente del EBB supone en la práctica marcar las primeras distancias con la estrategia sobre la pacificación y la normalización pilotada por Josu Jon Imaz en los últimos años. La política jeltzale pretende, además, dar cobertura a la hoja de ruta anunciada por el lehendakari Ibarretxe para los próximos meses. Los nacionalistas se han marcado como pretensión desmarcarse de una forma clara de la política del PSOE ya que sostienen que uno de los errores de los últimos meses ha sido ofrecer un perfil demasiado desdibujado que ha podido desconcertar a una parte de sus bases por un "excesivo sentido de responsabilidad" en apoyo de la labor del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. En cualquier caso, el EBB descarta que este movimiento suponga una vuelta a la dinámica del Pacto de Lizarra o un acercamiento hacia la izquierda abertzale radical. "Lo que queremos es tener una posición autónoma y propia", recalcan medios nacionalistas.
El PNV considera que su posición es coherente con la evolución de los últimos 20 años y con el desarrollo y fracaso de iniciativas como el Acuerdo de Ajuria Enea, el plan Ardanza, el Pacto de Lizarra y ahora los últimos movimientos del proceso desarrollado por la izquierda abertzale y el PSOE. En opinión de ámbitos jeltzales, de todas las experiencias pueden extraerse lecciones positivas y negativas que pueden servir para no repetir errores.
Mesa de partidos
El análisis del PNV es que hay que adoptar iniciativas políticas para que el conflicto vasco -en su doble vertiente, violencia y contencioso político- no termine pudriéndose. Su oferta de iniciar una ronda con todos los partidos, incluido Batasuna, se enmarca en esta pretensión de explorar las bases de un diálogo político que avance hacia la normalización. Sostienen que si los socialistas estaban dispuestos en el otoño de 2006 en Loyola a avanzar en un modelo de convivencia sobre aquellos aspectos, en concreto sobre el engarce legal del derecho de decisión sobre la Disposición Adicional primera de la Cons- titución, no tienen argumentos para oponerse a la puesta en marcha de una mesa de partidos. Un foro que, a su juicio, debería ir perfilando un acuerdo para el día en el que el respeto de los derechos humanos garantice un clima de libertad que haga posible el debate y la adopción de decisiones sobre el futuro estatus jurídico-político.
Los socialistas, sin embargo, se muestran contrarios a la adopción de un modelo de esta naturaleza ya que interpretan que no tiene que ver las conversaciones con la izquierda abertzale para alcanzar la paz definitiva de lo que puede ser un diálogo democrático para afianzar el consenso vasco. "Lo demás es jugar con el ventajismo y no lo vamos a aceptar", sostienen.
La sospecha del PNV es que, en cualquier caso, el Partido Socialista hubiera tenido en su día problemas internos graves si hubiera salido adelante un eventual compromiso en Loyola, si bien admite que ETA "puso la pistola encima de la mesa" al obligar la izquierda abertzale al PSN a apoyar en un futuro referéndum la creación de una estructura jurídico-política común, y un estatuto único, en 2011. "Aquel chantaje fue inadmisible y por eso lo rechazamos además de como demócratas, como abertzales, porque hubiera supuesto sacrificar al nacionalismo vasco al menos para otras dos generaciones", ha comentado en alguna ocasión el mismo Imaz, presente en aquellas discusiones.
Y es que una de las claves del nuevo EBB pasa por intentar reconstruir a medio plazo un proceso de diálogo político en el seno del Parlamento Vasco sobre la propuesta de trabajo desarrollada en las conversaciones de Loyola desarrolladas en otoño de 2006, y en donde los socialistas, los jeltzales y la izquierda abertzale exploraron una metodología que incluyera de alguna forma el reconocimiento del derecho a decidir en una eventual reforma del Estatuto de Gernika y en el Amejoramiento foral de Navarra que debería ser luego sancionada en respectivos referéndum.
La búsqueda de un perfil más autónomo no implica en cualquier caso un giro estratégico a favor de políticas de acumulación de fuerzas soberanistas ni un regreso a las tesis de la Declaración de Lizarra, aclaran fuentes jeltzales. Los nacionalistas pretenden comenzar a tejer con el PSE un subsuelo de confianza y de complicidad política aunque sea en baja frecuencia para que pueda aflorar con el tiempo un trabajo que facilite nuevos consensos.
La relación entre Patxi López y el presidente del PNV, Iñigo Urkullu, es fluida y buena, ya que ambos se conocen desde la época en la que ambos eran respectivos dirigentes territoriales de sus partidos en Vizcaya. Además, fueron protagonistas personales del proceso de Loyola junto a Imaz, Jesús Eguiguren y los responsables de Batasuna Arnaldo Otegi y Rufi Etxeberria.
En este punto cobran sentido las palabras de Urkullu el día de su elección como nuevo líder del PNV cuando advirtió que en un futuro cualquier proceso de diálogo debería realizarse con control y habilitación del Parlamento y deberían partir no sólo ya de un alto el fuego de ETA sino de una decisión de querer dejar definitivamente las armas.
El trasfondo de este compromiso es una crítica en la forma y en el fondo a la estrategia desarrollada por el PSE y Batasuna en los últimos años, que considera que han pretendido rentabilizar el proceso de diálogo para marginar al nacionalismo institucional.
El PNV ha abierto un debate interno sobre su papel en el último proceso de diálogo por entender que ha sido utilizado por el Gobierno del PSOE y no ha tenido ninguna compensación en el terreno de la normalización política.
Los nacionalistas vascos no parecen dispuestos a avalar la estrategia de aislamiento político y social hacia la izquierda abertzale defendida por Alfredo Pérez Rubalcaba y por el presidente Zapatero. No se descarta que en las próximas fechas, Urkullu mantenga una reunión con el ministro del Interior para explicar cuáles son sus intenciones como nuevo presidente del EBB ni tampoco que el líder del PNV visite al presidente del Gobierno. Aunque el encuentro no está previsto a corto plazo oficialmente, es muy probable que se lleve a cabo. Eso sí, es prematuro apuntar una fecha concreta, entre otras cosas porque la agenda preelectoral complica los planes.
Los nacionalistas vascos sostienen que su propuesta de ronda con todos los partidos va más allá del carácter "electoral" que ha reprochado Zapatero, y pretende buscar una salida a un sector social y político -el de la izquierda abertzale- al que la vuelta de ETA a la ruptura del alto el fuego ha colocado de nuevo en una situación al límite. En su opinión, la única forma de desbloquear este parón es arrebatarle a la izquierda abertzale esta bandera política.
Vasos comunicantes
La ronda del PNV con representantes de todos los partidos, incluida Batasuna, es el primer paso de esa estrategia condensada en la ponencia política aprobada por la asamblea general de los jeltzales y que marca ciertos perfiles diferenciados respecto al pasado. Los nacionalistas consideran que la clave de bóveda de su estrategia pasa por el binomio paz-normalización política, lo que de alguna forma da a entender que ambos planos son vasos comunicantes interrelacionados. De esta forma, queda superada la ecuación "primero la paz luego la política" acuñada por Imaz aunque el PNV supedita la fase resolutiva de un eventual diálogo político a un escenario sin violencia.
La propia presencia del PNV en Loyola estuvo precedida de un intenso debate en el seno del EBB en septiembre del pasado año ya que hubo burukides que observaron el riesgo de implicarse en una negociación política sin tener amarrada una decisión de ETA de renunciar a ejercer una tutela armada de un eventual proceso político.
Los nacionalistas vascos comienzan a desmarcarse en ese sentido por la vía de los gestos de la estrategia de Imaz por entender que ha sido excesivamente instrumentalizada por el Gobierno del PSOE al no proyectar un margen de actuación propio por un sentido de la responsabilidad que ha sido, a su juicio, utilizado por el interés del presidente Zapatero y que, en cierta forma, ha sido un blindaje de la estrategia del Ejecutivo central que no ha realizado movimientos audaces en determinados aspectos por temor al PP. En ese sentido, este ajuste en la política nacionalista es la primera consecuencia de la pretendida unidad interna alcanzada entre los dos sectores del PNV.
El PNV quiere romper lo que considera "excesiva" identificación con el PSOE que, en su opinión, explota la izquierda abertzale aunque excluye por completo volver a políticas de cooperación activa con el mundo radical como en la época de la Declaración de Lizarra. Los nacionalistas diferencian con claridad el diálogo exploratorio de un diálogo resolutivo que exigiría el cese de la violencia.
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