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El IES Figueras Pacheco ayuda a retomar el estudio a chicos que lo dejaron

13:23:51 - 19/05/2008VMT -Catorce chavales que no acabaron la ESO culminan con éxito el programa "Mantenimiento de Urbanizaciones"
Vicent Oncina muestra, uno a uno, los trabajos que sus alumnos han realizado a lo largo del curso, colocados en exposición. Mientras, los chicos, sentados formalmente en el aula que han compartido durante el curso, escuchan y hacen sus aportaciones.
El profesor está orgulloso de sus chavales. Queda patente en la forma en la que explica que algunos llegaron "muy desmotivados" y que les costaba "un mundo" el simple hecho de acudir cada día a clase pero que, ahora, "casi todos piensan presentarse al examen de acceso a los módulos de grado medio" de Formación Profesional.
Hace unos meses, nadie hubiera apostado por que a estos 14 jóvenes les entraría el gusanillo de seguir estudiando. Su vida académica ha sido, en la mayor partes de los casos, una sucesión de fracasos y desmotivación, que les llevaron a no acabar la enseñanza Secundaria. Por suerte, el programa de garantía social (PGS) del Instituto de Enseñanza Secundaria Francisco Figueras Pacheco se cruzó en sus vidas y les dio una segunda oportunidad para creer en sí mismos.
En la provincia de Alicante, 58 IES imparten distintos cursos destinados a chavales de entre 16 y 25 años, que han abandonado la etapa de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) sin alcanzar los objetivos correspondientes. Su finalidad es proporcionarles una formación básica y profesional, que les permita incorporarse a la vida activa o proseguir sus estudios, especialmente en la Formación Profesional Específica de grado medio.
Aunque lo más probable es que el curso que viene cambien su estructura, por el momento existen tres modalidades: Formación-empleo, Iniciación Profesional, y Alumnado con Necesidades Educativas Especiales.
El IES Figueras Pacheco es uno de estos centros. En él, Vicent Oncina, Alfonso Quereda e Inés Garrido imparten el curso Mantenimiento de Urbanizaciones desde hace cuatro años. Por allí han pasado cerca de 60 jóvenes, y los resultados, hasta el momento, son "bastante buenos", resume Oncina. "Es difícil seguirles la pista cuando acaba el curso, pero casi todos los que se presentan al examen para realizar un módulo lo aprueban y muchos otros consiguen un trabajo", dice.
Lo más difícil es "conseguir motivarles" para que no abandonen. Las clases teóricas, en las que aprenden Matemáticas, Lengua y Literatura, son "las más pesadas", explican los chicos, porque les cuesta concentrarse.
"Tenemos chavales con circunstancias muy diferentes. Los hay que no han aprobado porque no han querido, los que tienen circunstancias socio familiares difíciles y los que no llegan a más", expone Oncina. Ello les obliga a adaptarse a ellos y, en ocasiones, "bajar el nivel al mínimo".
Sin embargo, las clases prácticas las llevan mucho mejor. "Yo aprovecho para explicarles teoría mientras persiguen un objetivo concreto", refiere el profesor. "Hay que ser estricto. Yo firmo con ellos un contrato cuando deciden empezar el curso, en el que se comprometen a asistir a clase", comenta Oncina. No obstante, también sabe ganárselos: "Paso con ellos una media de tres horas al día, así que les conozco bien, hablamos de sus cosas, les pongo música e intento que la práctica sea entretenida", refiere.
Durante el curso, los chicos aprenden a realizar instalaciones eléctricas, y reciben nociones de domótica, mecánica, carpintería, fontanería y también cómo defenderse en entrevistas de trabajo.
Por las mañanas, los alumnos están realizando 150 horas de prácticas en empresas, en las que, aunque no son suficientes para dominar el oficio, "sí que les sirven para aprenden muchas cosas, sobre todo a socializarse, a aceptar jerarquías o a cumplir un horario", refiere Oncina.
Es casi lo que más les gusta, porque "se sienten útiles y ven la aplicación de lo que han aprendido". Tanto es así, que Oncina utiliza estas prácticas para motivarlos y amenaza con privar de ellas a los chicos que no se han esforzado. Este año, varias empresas de colocación de suelos, de electricidad, de aire acondicionado han dado una oportunidad a los chavales, que han empezado esta misma semana y muestran, orgullosos, sus uniformes. Algunas incluso se están planteando contratarles cuando acaben las prácticas.
Sólo cobran una pequeña subvención de la Conselleria de Educación, pero lo más importante es que ninguno de ellos se arrepiente de haber decidido hacer el curso, aunque alguno ha descubierto que lo suyo "no es la electricidad", que es lo que estudian más a fondo, sino "las Fuerzas Armadas", como es el caso de Juan Vicente, o "fabricación mecánica mecanizada", en el de José Luis y Mustafá.
No obstante, quizá los más contentos son sus padres, que ven cómo empiezan a encauzar sus vidas: "Mi madre está encantada porque yo no había aprobado todo en mi vida y ahora sí", explica uno de los chicos.
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