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Los toxicómanos de las Cañas se desplazan a escasos metros de un colegio de la Malvarrosa
12:47:06 - 24/05/2008VMT -La Policía Local refuerza la vigilancia con tres patrullas en el Marítimo en turnos de mañana, tarde y noche
Deambulan a plena luz del día en busca de su dosis diaria. Tras el cierre de las Cañas el pasado mes de abril decenas de toxicómanos se han desplazado a un restaurante abandonado en la Malvarrosa y lo han tomado como refugio para consumir droga. El local se encuentra a escasos metros del Colegio Público Cavite-Isla de Hierro, situado en el número 2 de la avenida de la Malvarrosa.
"Están aquí a todas horas. Para llevar y recoger a los niños de clase nos toca dar una vuelta increíble para no pasar por delante de ellos porque nos da miedo. Se inyectan la droga cuando los niños van a clase", explica José, que lleva a su hijo de seis años a ese centro escolar.
Los padres denuncian el foco de drogas en que se ha transformado el local situado enfrente del centro escolar tras la operación policial que permitió el desmantelamiento de la huerta de Campanar. "En la Malvarrosa siempre ha habido drogadictos, pero desde hace unos meses los de aquí se han juntado con los que vienen de las Cañas, que están más enganchados", lamenta José.
Los alrededores del emblemático restaurante Casa Polit, situado en el cruce entre la calle Padre Antón Martín y la avenida de los Naranjos, se ha convertido en un ir y venir de personas que buscan sus dosis. Solos o en pequeños grupos llegan al local caminando o en bicicleta. Entran y salen por una pared derribada del solar contiguol, que recae a la calle donde está el colegio.
"Parece un hormiguero. Es un flujo continúo. Da igual la hora que sea que siempre hay gente ahí drogándose. Se pueden juntar 15 ó 20. No hay derecho a que los niños tengan que ver eso y tampoco a tener que aguantarlos", asegura María, una madre con una hija en ese centro.
El colegio ubicado en la avenida de la Malvarrosa no es el único centro escolar próximo a los toxicómanos. También lo está una guardería en la avenida de los Naranjos, al otro lado de las vías del tranvía. "Traigo a mi hija a la guardería Los Pitufos en autobús que nos deja en el descampado por donde entran los drogadictos", comenta otra madre.
Aunque aseguran que toda la vida ha habido droga en la zona por la proximidad a las casitas rosas, los vecinos del barrio denuncian que lo "que hay ahora no se había visto nunca". Desde que llegaron los consumidores delas Cañas también han aumentado los robos. "Los tirones de bolso se multiplican y a un vecino le dieron una paliza para quitarle la tarjeta de crédito", denuncia Luis, un vecino de la Malvarrosa.
"En los últimos meses hay más robos a coches. Muchos acaban con las lunas rotas", apuntó otro vecino. Los residentes en la zona saben que si los toxicómanos han tomado ese local es "porque ahí también se trafica con droga". Según Luis, los narcotraficantes viven en la calle Progreso y en las adyacentes.
Según Daniela Gutiérrez, vecina residente en la calle Padre Antón Martín, "a veces se nos meten en el rellano para dormir con mantas y otras se suben a la terraza. Además, ya han incendiado varias veces la parte superior del restaurante y dentro del local huele fatal. Ahora que llega el verano vamos a coger una infección", critica.
Los alrededores del restaurante, cerrado desde que lo compró el Ayuntamiento, desprenden un fuerte olor. "Han metido hasta un colchón ahí para dormir", explica otro vecino.
Tras el cierre de las Cañas los toxicómanos se han desplazo hacia la Malvarrosa aunque también hacia otros puntos de la ciudad como Velluters, el Carmen y el Cabanyal. De hecho los vecinos del Carmen y Velluters reclaman desde hace tiempo más presencia policial al sufrir enfrentamientos con los toxicómanos.
También los hosteleros alertan de que si la invasión de drogadictos se perpetúa tendrá efectos negativos como la reducción de la clientela en los locales de ocio de la zona.
Fuentes de la Policía Local explicaron que desde el cierre de las Cañas, tres patrullas vigilan las zonas a las que se han desplazado los drogadictos, entre ellas, la de Marítimo, en los turnos de mañana, tarde y noche. "Tras la operación policial en las Cañas hemos reforzado los agentes allí y en los puntos hacia los que se movido los consumidores. Tenemos reuniones con las asociaciones de vecinos para que nos mantenga informados sobre la situación".
Sobre el foco surgido en el local de la Malvarrosa, fundado en 1936, y en el descampado trasero -donde está prevista la ubicación de la Nueva Jefatura de Tráfico- del mismo, las mismas fuentes explicaron que reforzarán "la policía en la zona y actuaremos si hace falta".
No se va a acabar
Sin embargo, están decididos a seguir consumiendo en uno u otro lugar. "Esto no se va acabar. Si no es en las Cañas nos buscamos otro sitio. Quizá sea un poco más complicado pero droga hay", explica Vicente, que consume cocaína desde hace 20 años.
Este valenciano de 41 años aseguró que, después de que la policía cerrara el hipermercado de la droga, él ha vuelto a acceder a la zona. "Esa misma noche yo entré a por mi mujer que se había quedado atrapada ahí dentro. Y tengo compañeros que a veces vuelven. Algún que otro traficante atrevido ha vuelto allí a vender crack que es lo que se vende allí", apunta.
Él reconoce que la droga es "un problema, un vicio del que no te puedes desenganchar, sobre todo para el que consume caballo. Y se te va una fortuna. Yo puedo gastarme cada mes entre 1.000 y 2.000 euros en coca. Además, ahora ha subido el precio y puede costarte el doble", comenta.
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