El embajador español en Kenia, Nicolás Martín Cinto, llegó en la mañana de ayer a Mogadiscio, la capital de Somalia, para empezar una ronda de contactos con las autoridades locales. Esto ocurre a nivel oficial pero, no obstante, es probable que haya otro canal de negociación abierto por el armador del buque, la compañía Pevesa.
De hecho, este miércoles comunicó a las familias de los marineros que las negociaciones «van muy bien», mientras el Ejecutivo ni siquiera reconoce haber llegado a abrirlas. Sin embargo, según fuentes cercanas a la negociación, los secuestradores habrían pedido un millón de euros de rescate.
En tierra
Sobre la suerte de la tripulación, las noticias dependen de las propias revelaciones de los marineros, que en ocasiones pueden hablar por teléfono con sus casas. Según han contado, habrían bajado a tierra y se encuentran bien. Ayer se les situaba en una zona intermedia entre el territorio autónomo de Puntland, que funciona en la práctica como otro país desde 1997, y Mogadiscio.
Que la tripulación haya bajado a tierra sería lo más lógico, según señalaban ayer expertos en la actividad de los piratas somalíes consultados en Nairobi. Los piratas se sienten mucho más seguros en tierra firme, donde pueden ocultarse e incluso separar a los rehenes en varios grupos, para dificultar su localización e impedir un hipotético asalto. Pesa en esta decisión la experiencia adquirida hace apenas dos semanas en el caso del velero francés secuestrado en Somalia. En aquella ocasión, los secuestradores permanecieron a bordo y una lancha llevó el dinero del rescate. Después, abandonaron el barco. Sin embargo, la intervención de fuerzas especiales logró capturar a seis piratas. Esta vez, el grupo de captores no querrá correr ese riesgo.
Por lo que respecta al estado de los rehenes, señalan los analistas, los secuestradores son los primeros interesados en tratarlos bien. «Para ellos, por ser europeos, españoles, son mercancía valiosa, saben que valen dinero, si fueran coreanos o de otra nacionalidad, como ya ha ocurrido, sería distinto», explican. Por esa razón les permiten también hablar por teléfono, para enviar señales tranquilizantes que confirmen que están bien, pero siempre bajo vigilancia de los piratas. De este modo, los detalles que puedan transmitir en las breves conversaciones con sus casas no tienen por qué ser ciertos. Confirman esta estrategia lo que cuentan los familiares. «Hablamos muy poquito pero, por lo menos, estamos más tranquilos porque nos dijo que los tratan muy bien», declaró ayer Angelines Mariño, la esposa del patrón del atunero.
Clave de la negociación
La clave de la negociación es dar con el canal justo que lleve hasta los piratas. Y no es nada fácil, pues Somalia está fragmentada en bandas armadas, clanes y grupos políticos. Lo más importante es averiguar a qué clan pertenecen los piratas, para poder abrir un canal de negociación desde arriba, desde lo más alto de la jerarquía. Luego, la complejidad de los trámites dependerá del número de eslabones en la cadena que sean necesarios para llegar al punto deseado. Pueden ser cuatro o cinco personas, o quizá más. Por decirlo de forma gráfica, es como descender por el dibujo de un árbol genealógico.
El embajador mantuvo ayer contactos con el primer ministro de Somalia, el ministro de Interior, el responsable de Policía y el jefe de la misión de la Unión Africana. Quizá ayudará el hecho de que el presidente del Gobierno provisional sea de Puntland, pues puede conocer los clanes involucrados o pertenecer a él. Sin embargo, para dar una idea de la complejidad de la situación, el primer ministro es de un clan enemigo de las autoridades de Puntland, y con él en teoría no hay nada que hacer. Al margen de estos obstáculos, la misión del embajador es difícil porque Mogadiscio es una ciudad sin ley, muy peligrosa, donde ha habido más de cien muertos esta semana. No es exagerado decir que se está jugando el tipo, y de hecho va escoltado por miembros de los GEO.
Mientras, la fragata de la Armada «Méndez Núñez» se encontraba ya este miércoles a sólo seis kilómetros del lugar en que se encuentra fondeado el «Playa de Bakio», con «el objetivo listo para ejecutar» en caso de que se considere necesario. El buque español dispone de un sistema de ojos eléctricos con capacidad para observar desplazamientos en un área de hasta 600 kilómetros a la redonda. «La fragata ya tiene ante sus ojos al atunero español», indicaron gráficamente.
De momento, sin embargo, la fragata no ha recibido órdenes de actuar, ya que el Gobierno confía en que se pueda encontrar una solución que no pase por una intervención de nuestra Armada. Dado que, como ha reiterado Moratinos, lo principal para el Ejecutivo es preservar la vida de los tripulantes del pesquero, se intenta agotar hasta el máximo la vía de la negociación.
Mientras, el Gobierno tiene también el ofrecimiento del Ejército de Puntland para intervenir, del mismo modo que lo hizo, con éxito, hace sólo unos días para rescatar a un barco de los Emiratos Árabes. España ha agradecido esa oferta, pero ha dicho que, por ahora, prefiere esperar a ver los resultados de la negociación antes que autorizar una operación no exenta de riesgos para los tripulantes.
La última opción sería la intervención directa del operativo de que dispone la fragata «Méndez Núñez», aunque se espera que no sea preciso recurrir a ella.
Mientras, el Ejecutivo intensifica sus gestiones diplomáticas para tratar de evitar que se repitan este tipo de situaciones de piratería en el Océano Índico. Así ha encargado al representante permanente de España en Naciones Unidas, Juan Antonio Yáñez, que convoque una reunión de los países afectados con el fin de establecer un dispositivo internacional que permita impulsar un mecanismo de disuasión y combate de la piratería. Tendría, según el Ejecutivo, «una misión de vigilancia y control de las zonas marítimas» donde se producen los asaltos. En principio, su función sería disuasoria ante quienes perturban la seguridad y libertad de circulación marítima. La regulación incluye también un mecanismo de cooperación entre Estados para que se persiga y, en su caso, extradite a las personas que incurran en actos de piratería.
El Gobierno espera contar con la colaboración de algunos de los países cuyas flotas pesqueras o mercantes tiene que faenar o atravesar esas zonas, como Francia o Estados Unidos y también asiáticos, como China, Japón o Corea del Sur.
La iniciativa española se produce de modo paralelo al anuncio de que París, Washington y Londres están preparando un borrador de resolución para el Consejo de Seguridad de la ONU que autorizaría a los países a luchar contra la piratería tanto en Somalia como en cualquier otros sitios, y que podría estar listo para finales de esta semana.
El Gobierno, además, planteará el problema en el Consejo de Asuntos Generales de la UE, el próximo martes 29.